Mis amigas

Cuando uno vive en el extranjero puede contagiarse con el acento de ese país. Sucede lo mismo con las amistades cercanas, solo que nos contagiamos con su forma…

Por Ivette Sosa @ivettesosaT2

11 jun 2013, 12:00 am 3 min de lectura

Cuando uno vive en el extranjero puede contagiarse con el acento de ese país. Sucede lo mismo con las amistades cercanas, solo que nos contagiamos con su forma de hablar y copiamos características de su personalidad. Tengo un grupo de amigas que me suman en lugar de restarme. Muchos de los rasgos de la profesional que soy hoy los he obtenido de ellas. A continuación, algunas de las cualidades a las que hago referencia (que conste que no están en ningún orden específico).

Tengo una amiga, propietaria de un laboratorio clínico, quien me da grandes lecciones. Somos casi iguales. De hecho, hasta uno de sus hijos se llama igual que el mío. Es un ser humano recto, honesto y estricto; características que quizás ya tenía, pero que se han robustecido gracias a ella. Otra amiga de quien a veces soy un espejo es oficial de probatoria. Somos idénticas en intereses y gustos, más no físicamente. De ella obtuve la perseverancia y honestidad que practico a diario. Una mujer leal y de palabra. Ambas detestamos la mentira y ponemos las acciones donde ponemos la palabra. Por medio de esa amiga, conocí a otra que es de personalidad alocada, pero en el buen sentido de la palabra.  Sus consejos son sabios y, aunque hoy día es ama de casa, se desempeñaba con éxito en el mundo de las ventas de autos. Estuvo presente durante una de las experiencias más amargas de mi vida. Ahí aprendí que la persona que menos pensamos que puede ayudarnos es quien al final permanece de pie, cual estoico roble, al lado de uno. Me da fortaleza y confianza. Atesoro estas cualidades y las utilizo también en mi trabajo.

Otra amiga mía es periodista. Una mujer estructurada que planifica hasta el más mínimo detalle de su vida y también la de quienes le rodean. Asume riesgos y triunfa en todo lo que se propone. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho. En tiempos de turbulencia me ha enseñado a permanecer  tranquila y ecuánime: cualidades muy pertinentes en mis labores. Otra es abogada, aunque bromea con cambiar conmigo para ser periodista. Es decidida y firme. Esta experta en contratos me enseñó a mirar a los ojos cuando se habla con alguien; a ir de frente siempre. Toma decisiones y se sostiene sin que le importe si los resultados son adversos. Considero estas cualidades imprescindibles en mi carrera.

Tengo otras dos amigas; ambas abogadas de inmigración que tienen los pies en la tierra. Sus luchas no son ajenas a las realidades sociales del país. Su compromiso con las mujeres (sobre todo las víctimas de violencia doméstica) es inquebrantable. De ellas aprendí a luchar por lo que deseo, sin que importe las puertas que se cierren sobre la marcha. Y está la que trabaja en la industria de seguros: inteligente y carismática. Es como mi hermana. Sabe lo que quiere y va tras ello. En el camino te contagia con un derroche de energía y buena vibra. Todo eso lo extrapolo al periodismo. Más recientemente, surgió mi amistad con una mujer muy espiritual y profesional. Ella es quiropráctica y utiliza sus manos para sanar vidas. Desconoce quizás que con su mera presencia también sana y nutre almas. De ella, sin duda, aprendo también a saber esperar por la justicia, pues como comunicadora de televisión hay que ser paciente.

Y son las cualidades, en negrillas, plasmadas en esta columna las que poseo y utilizo para desarrollarme en la vida. De todas estas mujeres, cuya amistad atesoro y cultivo, aprendo la mar de lecciones. ¡A todas ellas les estaré eternamente agradecida! Seguiremos informando…