“Que salgan pronto…”
Esta frase usted la ha escuchado muchas veces en su vida, en una cantidad más o menos proporcional a su edad. No sé si le molesta como a mí y si no le molesta…
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Esta frase usted la ha escuchado muchas veces en su vida, en una cantidad más o menos proporcional a su edad. No sé si le molesta como a mí y si no le molesta, lo comprendo, porque recién descubrí lo que va más allá de la frase. Hasta hace unos días, la había ignorado y la había casi bloqueado de mi mente por clichosa e inútil. “Que salgan pronto” es la frase típica de la gente que sale de los salones de belleza, después de casi hacer un turno de enfermera allí adentro cuando solo buscaban remozarse las greñas. “Que salgan pronto” es una frase que he llegado a escuchar hasta en sucursales bancarias y en agencias de gobierno, después de que el cliente o contribuyente se tira la fila enfrentando cada situación más inverosímil que otra. Las frases frecuentes son “se cayó el sistema”, “lo estamos haciendo a mano”, “las firmas no se parecen”… Pero apuesto cualquier cosa a que el gran “que salgan pronto” nunca lo ha escuchado con más frecuencia que en una visita médica, cada vez que un paciente atraviesa de retirada el umbral del consultorio, habiendo bajado decenas de santos por horas, pero ya un tanto más aliviado y con receta u orden médica en mano. Es la expresión de “ya yo salí, pobrecito de usted, jeje”. Nunca he entendido cuál es el problema en los consultorios médicos en Puerto Rico. Nunca he entendido por qué te dicen que llegues a las 10 a.m. para luego aclararte que te atenderán por orden de llegada. ¿En qué quedamos? ¿Me pueden ver a las 10 o me pueden ver cuando llegue? Y más tremendo aún cuando te dicen que llegues a las 7, y cuando preguntas un poco más descubres que el médico debe estar llegando “alrededor de las 9”. ¿Para qué me dices que llegue dos horas antes? Le he dado vueltas en la cabeza. He buscado respuesta hasta en amigos que son médicos y simplemente no lo entiendo. Por ejemplo, y que conste que digo esto sin ninguna implicación ulterior, sino como dato indiscutible del que podrán dar fe muchos lectores, yo no recuerdo una sola vez en que haya llegado a una cita médica en Puerto Rico y me hayan atendido a esa hora exacta, tampoco a una hora aproximada. Cuando escucho a alguien decir que tiene que tomar el día libre en el trabajo porque tiene una cita médica, le creo, a ciegas, sin preguntar, aunque me esté mintiendo y realmente esté echándose aire en los gemelos. Porque el sistema de servicios médicos aquí es un desastre. Ah, y no me refiero al sistema de salud público, no. Me refiero al sistema de salud privado. Ese que usted paga con un ojo de la cara y la mitad del otro cada mes, casi sin poder, por si acaso se enferma, aunque jamás se enferme, no vaya a ser que la mala suerte le toque de cantazo. Cuando viví en Estados Unidos, el sistema de citas médicas siempre fue impecable. Tuve veces que me citaban a las 9:00 a.m. y si daban las 9:08 a.m. y no me habían llamado, ya me estaban pidiendo disculpas y ofreciéndome un café. Era una oda a la puntualidad y al respeto mutuo, un reconocimiento gratificante a mi tiempo, y también al tiempo del médico. Un empleado que dijera que cogía el día libre porque tenía una cita, póngale el sello, se estaba echando aire en los gemelos. Y como estamos acostumbrados al cuento y las odiseas de las citas médicas, pues no decimos nada. Mi esposo es extranjero y el otro día me texteó durante una cita médica preguntándome por qué le decían con tanta naturalidad “que salgas pronto” mientras él se retorcía de dolor ante todos. Caí en cuenta de que la frase es una manifestación noble de un boricua resignado a que el médico lo atienda a la hora que le dé la gana. Así pues, si está leyendo esta columna en el beauty, el banco o el consultorio médico, no me queda otra que desearle “que salga pronto”.


