Cartera de mujer
Me encantan las carteras y, cuando me gusta una, no le doy gancho por buen rato, aunque no me combine. Lo de no combinarlas es por estricta vagancia. Las…
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Me encantan las carteras y, cuando me gusta una, no le doy gancho por buen rato, aunque no me combine. Lo de no combinarlas es por estricta vagancia. Las mujeres que se combinan las carteras supongo que se levantan bien temprano y saben de antemano la ropa que se van a poner en el día, y así deciden cuál del montonal van a usar de acuerdo con el outfit. O quizás simplemente son disciplinadas. Ninguna de las cosas soy yo. Así que al levantarme sin la menor idea de qué me voy a poner ese día, pues ya me voy atrasando considerablemente para salir de la casa y, normalmente, voy tarde, dormida y con prisa. La víctima número uno de ese caos mañanero es mi cartera. Me engancho en el brazo la que haya usado el día anterior, que me espera quietita en la bicicleta estacionaria del cuarto —sí, la misma que me sirve para colgar de todo menos mis carnes para ser ejercitadas–, y arranco. Pero el caos de mis mañanas es solamente superado por el caos que hay en mi cartera. Si por alguna razón olvidé poner la llave en la mesa de la sala y en su lugar la metí en la cartera al llegar a la casa, olvídese, me va a tomar diez minutos más salir en lo que consigo las llaves. Y, en el proceso, encuentro todo lo que he “perdido” recientemente, menos las llaves, que siempre es lo último en aparecer. Cuando yo veo mujeres con carteras sencillitas y recogiditas pienso que así debe ser su vida. Sencillita y recogidita. Y las envidio grandemente. Las carteras en mi vida han ido creciendo en tamaño con los años y con las responsabilidades. Y en eso no estoy sola. Las carteras de la mayoría de las mujeres que conozco pesan muuuuucho más que las bolsas de papa. Disfruto ver las caras de la gente cuando le pido por favor que me pasen la cartera. Lo hago con cierta maldad porque sé que van a hacer el primer esfuerzo sin mucha idea de lo que le espera, así que van con su mano regular, no la 4 x 4 requerida para levantarla. De inmediato sus rostros se transforman y llega la pregunta típica: “Pero ¿qué tú tienes en esta cartera? ¿Un muerto? Bueno, gracias a Dios, nunca he tenido un muerto dentro de la cartera, pero tengo muchas otras cosas más, y el 100 % de ellas son útiles, por lo menos para mí. Y puede que para usted. Porque la gente critica a las mujeres con carteras grandes, pero cuando necesitan un cargador de celular, ahí estamos nosotras, al rescate. En mi caso usted puede pedir por esa boca; tengo de Blackberry, de iPhone, de iPad y hasta de la laptop, y un multicharger por si me falla alguno. También tengo grabadora y cámara, no sea que algo histórico de repente ocurra ante mis ojos y viva el resto de mi vida infeliz porque mi cartera pequeña me frustró la carrera. Y las mujeres bien recogiditas, ellas con sus carteras, siempre acuden a la supuesta ordinaria en busca de algo, un kleenex, unas gotitas, un bolígrafo, un papel, un perfume, un chicle, una mentita, una aspirina, un snack, algo. (Pídame todo eso, tengo). He pasado vergüenzas, claro está, porque tengo demasiadas cosas. Y han sido vergüenzas serias, de esas que me sonrojan hasta a mí, que no soy fácil de sonrojar. No es muy difícil que te pidan un bolígrafo y, por error, dado que confías en tu tacto, puede que termines sacando un tampón. Ajá, esa es de las peores. Y me ha pasado. Las mujeres de cartera grandes sufrimos las actividades formales. No es humanamente posible andar con una carterita 5 x 7 o tipo sobre y meterle ahí tus maquillajes, tus teléfonos, la cámara, el dinero, la tarjeta, el ID. Para mí, todas esas cosas son artículos de primera necesidad, así que, cuando voy a esas fiestas formales, me siento un poco vulnerable. Es casi un estado de resignación. En fin, mi cartera grande, con todo el peso que me representa en el hombro —músculos que en este punto de mi vida deben estar ya disparejos— representa realmente para mí una gran paz mental, un estado de preparación casi absoluta, como si fuera una girl scout de la vida con las herramientas suficientes para sobrevivir ante cualquier situación. Así que, la próxima vez que vea una mujer con cartera grande, no la critique. Puede que sea su salvación.


