Dicen que el Papa: “Va de frente y no se deja doblegar”
José Larotonda cuenta detalles de la personalidad del nuevo patrono de la Santa Sede.
Por Metro Chile
“Con Mario, somos amigos personales del barrio y la misma parroquia, San José de Flores, un barrio muy popular de Buenos Aires donde vivían muchas familias de origen italiano. Nos conocemos desde que él tenía como 17 años. Antes de ser sacerdote, tuvo hasta novias. Todos salían con chicas; él también.
Lo conocí cuando él estaba en la Compañía de Jesús, porque un tío mío fue un famoso historiador de los jesuitas. Recuerdo que lo conocí en el colegio El Salvador, hace unos 40 años”. Este es el comienzo del relato del comerciante argentino José Larotonda.
“Establecimos una amistad cuando mi hijo entró a la orden, que fue cuando se profundizó la amistad con él, cuando era obispo auxiliar de la Diócesis de Flores. Siempre pensé que con esa cabeza él podía hacer muchas cosas en vez de dedicarse a la religión. Recuerdo que, en esos tiempos, él estaba muy preocupado por las diferencias sociales”, agrega.
“En ese tiempo, Jorge ya era un tipo brillante, destacaba por una profunda claridad en sus conceptos. Sus homilías son breves, pero de un contenido muy profundo. Esta particularidad de los jesuitas está muy acentuada en él”, pormenoriza.
Consultado por su cercanía con las chicas del sexo opuesto en su juventud, Larotonda destaca que Jorge “fue como todo chico de barrio. Cuando uno lo imagina como papa, esa parte de su vida demuestra que es un tipo muy terrenal”.
En el plano de lo anecdótico, José cuenta que hace aproximadamente un mes en Buenos Aires fue testigo de un episodio muy particular. “Él hacía misa en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes. En esa oportunidad, mi señora llevó a una viejita de 99 años a misa; ella iba en silla de ruedas. Cuando acercó a la señora a un costado del altar, él la reconoció, se bajó del altar y la besó. Ese momento fue como un premio, lo recuerdo y se me caen las lágrimas. La gente comenzó a aplaudir. Es un hombre tan humilde que inmediatamente empezó a pedir que no aplaudieran”, agrega.
Como ejemplo de la sencillez del recién elegido pontífice, José revela que su amigo “no tiene auto y tampoco le gusta que lo trasladen en auto. No le agradan los privilegios, viaja en subte (tren) y en colectivo, es un hombre de una humildad tremenda. Creo que justamente es eso lo que él puede aportar a la Iglesia, devolverle su sencillez, el amor y la preocupación por los más pobres”.
Respecto de su forma de relacionarse, Larotonda destaca que se trata de una persona que “nunca levanta la voz, pero va de frente y no se deja doblegar. Le tocó bailar con la fea cuando asumió Néstor Kirchner, pero siempre le dijo lo que pensaba en su cara, jamás se lo mandó a decir por la prensa”.
“Ayer (miércoles), cuando salió elegido papa, en la contestadora del teléfono tenía como 24 llamadas. No he podido hablar con él. Si Dios quiere, en noviembre, cuando viaje a Londres, lo pasaré a ver”, concluye esperanzado en un pronto reencuentro con su amigo de casi cuatro décadas.
Análisis La sonrisa y su tono de voz mostraron su carácter El nuevo papa mostró su postura desde que salió al balcón: una mirada sencilla y una actitud espectante hacia su nueva grey. Una vez que tuvo cerca el micrófono sumó a sus palabras una pícara sonrisa que hizo clic con los fieles en la Plaza de San Pedro. El saludo fue sencillo, y se notó que no había preparado un discurso como si supiera que iba a ser el elegido por el Colegio Cardenalicio, a pesar de estar en la contienda. De ahí que soltara un comentario espontáneo acerca de que sus compañeros cardenales se dieron a la tarea de irlo a buscar hasta el fin del mundo. En su discurso, fue directo, no usó palabras rimbombantes y tampoco tuvo una actitud desafiante. El hecho de mantener un tono de voz suave y tranquilo también abonó a reflejar una postura sencilla. Mónica Melloni Directora de Imactta, consultoría de imagen personal y profesional


