Esquizofrenia política
Por décadas, la tiranía del bipartidismo ha obligado al liderato de un partido a oponer todo lo que plantea el otro y a revertir iniciativas exitosas…
Por Armando Valdés @armandovaldes
Por décadas, la tiranía del bipartidismo ha obligado al liderato de un partido a oponer todo lo que plantea el otro y a revertir iniciativas exitosas únicamente porque las implantó el contrario.
Las soluciones a esta realidad que se han ensayado no han funcionado. Los problemas inherentes al sistema bipartita no se atienden con la creación de más partidos —no podemos seguir cavando trincheras ideológicas— ni tampoco con la eliminación de escaños legislativos. Necesitamos consenso y continuidad.
El sistema actual no propicia la colaboración. Puerto Rico es de los pocos lugares en el mundo donde se vota por todos los funcionarios electos en un mismo día. Esto hace que la elección se convierta en un concurso por el derecho a gobernar, sin intervención del pueblo o la oposición por cuatro años.
En este esquema electoral, en el cual el legislador se siente en deuda con su partido y su candidato a la gobernación, y no con las personas que se supone represente, es natural que dicho legislador se oponga a todo lo que proponga su contrincante. Peor, al no haber ni tan siquiera un espacio para la negociación, el instinto de cada partido una vez alcanza el poder es detener la agenda del anterior.
Y así se intercambia el poder y se pierde todo lo logrado. Esta esquizofrenia política nos cuesta. A la deriva en un mundo competitivo, no podemos darnos el lujo de estar sin un plan económico de consenso a largo plazo y sin un proyecto de país que aglutine a diversos sectores.
Para salir de este ciclo vicioso, Puerto Rico necesita un sistema escalonado de elecciones, donde parte de la Asamblea Legislativa sea electa en un año distinto al de la contienda por La Fortaleza. Igualmente, la papeleta legislativa no debería agrupar a los candidatos por partido, de tal forma que se tengan que dar a conocer entre sus constituyentes y se deban a ellos. Y ya es hora de que el pueblo pueda plantear propuestas legislativas directamente, como es el caso en 24 estados y el Distrito de Columbia.
Con estos cambios, el pueblo tendría mecanismos para hacer correcciones de curso a mitad de cuatrienio, y los legisladores, al igual que el Ejecutivo, se verían obligados a negociar de buena fe por el bien del país. Si logramos que sectores y partidos en oposición tengan que depositar algo de su capital político para adelantar proyectos de consenso, aseguramos su continuidad y rompemos con este patrón fratricida.


