Maestra apuesta a la inteligencia natural sobre la artificial
Jennifer Franqui González, maestra de la escuela Trina Padilla de Sanz, se volvió viral tras pedirles a sus estudiantes que regresaran al papel para desarrollar el pensamiento crítico
Por Tatiana Matos
Jennifer Franqui González, maestra de duodécimo grado en la escuela Trina Padilla de Sanz, en San Juan, se volvió viral tras expresar su preocupación por el uso de la inteligencia artificial (IA) en los trabajos escolares y anunciar su decisión de regresar al papel y a métodos tradicionales de enseñanza.
El video, publicado en las plataformas digitales de Punto Digital, superó el millón de visualizaciones y provocó un debate sobre el papel de la tecnología y la IA en la educación. Ante las reacciones, conversamos con la maestra sobre qué la llevó a tomar esta decisión, cómo han respondido sus estudiantes y los retos de la IA en el salón de clases.
¿Qué ocurrió en su salón de clases que la llevó a pedirles a sus estudiantes que realizaran sus trabajos a mano?
Hemos integrado la tecnología desde el primer día. Y la tecnología no solamente es un aparato electrónico. Tenemos que entender que tecnología puede ser un bolígrafo, porque, si no, estaríamos detrás de una gallina para sacarle una pluma y escribir con tinta.
Así que el uso de la tecnología siempre está presente en mi salón de clases. Pero cuando asignaba trabajos que requerían pensamiento crítico, buscar información, analizarla, resumirla o presentarla, lamentablemente encontraba estudiantes acostumbrados a la rapidez de las cosas y no a detenerse a pensar.
Cuando les pedía ese tipo de trabajo, algunos buscaban la información en inteligencia artificial y la entregaban sin corroborarla.
Cuando recibía esos trabajos, podía identificar que no los habían realizado ellos mismos. La información estaba incorrecta y no habían aprendido lo que se suponía.
Así que, para evitar esa frustración y asegurarme de que realmente hicieran el trabajo, regresamos al papel para obligarlos a pensar, leer, buscar y razonar.
¿Cuál fue la reacción de sus estudiantes cuando les anunció que regresarían al papel y dejarían de utilizar la inteligencia artificial?
Claro que primero hubo resistencia, porque es más fácil pedirle a otra herramienta que haga el trabajo en lugar de pensarlo uno mismo.
Pero al final he tenido una satisfacción bien grande y una respuesta bien bonita de ellos cuando se dan cuenta de lo que realmente son capaces de crear, producir y redactar.
Ha sido una experiencia enriquecedora.
¿Hubo alguna situación particular que la llevara a decir “hasta aquí”?
Sí, mayormente cuando asignaba trabajos en los que tenían que redactar párrafos, ensayos o cuentos.
Cuando recibía esos trabajos, encontraba palabras que sabía que ellos no comprendían. Entonces los confrontaba, porque esa también es parte de mi labor como educadora.
Les preguntaba: “Dime qué significa esta palabra. ¿Qué es esto? ¿Qué fue lo que tú me escribiste?”.
Cuando no podían explicarlo, era evidente que no habían realizado el trabajo.
Esa no es mi función como educadora, ni tampoco la misión del Departamento de Educación. Nuestra misión es formar una persona pensante, que tenga conocimientos que pueda utilizar más adelante.
¿Qué habilidades considera que se están perdiendo con el uso de la inteligencia artificial?
El razonamiento crítico es la primera. También la comprensión lectora y la redacción.
Yo estoy de acuerdo con las herramientas de inteligencia artificial. Son maravillosas y ayudan en muchas cosas, pero para personas que ya tienen esas destrezas formadas.
Porque, si no sabes discernir entre una cosa y otra, tampoco puedes identificar si la información que te están presentando es real.
¿Usted está en contra de la inteligencia artificial?
Dentro de mi salón de clases, sí. En el uso diario no me molesta.
Hoy hicimos una tarea en la que les permití editar sus fotografías con inteligencia artificial, pero las fotos tenían que tomarlas ellos mismos.
El texto, la redacción y la creación del documento tienen que ser de ellos, no de la inteligencia artificial.
Algunos comentarios en nuestras redes expresaron preocupación de que los estudiantes se gradúen sin desarrollar destrezas para utilizar la inteligencia artificial. ¿Qué les respondería?
Más del 70% de los jóvenes ya utilizan inteligencia artificial. Ellos no se van a quedar sin utilizarla.
Lo que sí voy a hacer más adelante es darles herramientas para que aprendan a utilizarla correctamente.
Por ejemplo, enseñarles qué prompt deben escribir para obtener la información que necesitan, cómo deben dirigirse a estas herramientas y cómo discernir si la información que reciben es cierta o no.
Independientemente de la herramienta que utilicen, tienen que aprender a corroborar la información y verificar si las fuentes son confiables.
Entonces, ¿prefiere que por el momento no se utilice inteligencia artificial en su salón?
Por el momento, no.
Quizás más adelante, hacia finales del semestre, cuando haya visto que están razonando, pensando y desarrollando su comprensión lectora, podamos integrarla.
¿Qué mensaje les enviaría a los maestros, estudiantes y padres de Puerto Rico sobre esta experiencia?
En primer lugar, a mis compañeros y colegas, quiero decirles que sé que no estoy sola.
Sé que hay muchos maestros que están volviendo al papel, igual que yo. Y no solamente en Puerto Rico.
He visto muchas publicaciones de México, Perú, Finlandia y Francia, donde también están regresando al libro y al papel.
¿Por qué? Porque considero que el exceso de tecnología no está ayudando al desarrollo del pensamiento crítico de nuestros estudiantes.
A los padres, especialmente de niños de escuela elemental, les diría que controlen el tiempo que sus hijos pasan frente a una pantalla.
El cerebro continúa desarrollándose después de los 20 años. Por eso considero importante promover más actividades educativas, comprensión lectora y razonamiento, y reducir el tiempo frente a las pantallas.
A mis estudiantes les diría que quizás ahora no me puedan entender, porque sé que quieren que todo sea más fácil y rápido.
Quizás me digan anticuada, pero más adelante, cuando estén en la universidad, me lo van a agradecer, porque les estoy dando herramientas para que puedan desenvolverse en esa etapa.
Un seguidor expresó preocupación de que su hijo, al llegar al mundo laboral, tenga que utilizar inteligencia artificial sin haber desarrollado esas destrezas en la escuela. ¿Qué le respondería?
Realmente, el currículo todavía no está diseñado para que yo tenga una especialización en inteligencia artificial y pueda enseñarles a mis estudiantes a utilizarla.
Eso es algo que hago aparte.
Esto es relativamente nuevo. Nos han ofrecido algunos talleres sobre Copilot y otras herramientas, pero mi especialidad es enseñar español.
Yo no soy una maestra de tecnología. Estoy allí para enseñarles español.
Si tuviera la oportunidad de integrar la inteligencia artificial de manera balanceada, ¿lo haría?
En balance. Esa palabra me encanta.
Sí, lo haría.
Entonces, ¿su preocupación no es la inteligencia artificial en sí, sino que los estudiantes la utilicen sin desarrollar primero su propio criterio?
Sí, exactamente.
Inclusive, llevo varios años utilizándola en mi currículo de cuarto año.
Trabajamos y leemos Don Quijote, uno de mis libros favoritos.
Como tarea de desempeño, los estudiantes tienen que continuar la historia escribiendo un capítulo nuevo en el que Don Quijote llega a Puerto Rico.
Ellos deben elegir un pueblo o un área de Puerto Rico y crear una nueva aventura del personaje en ese lugar.
Para ese proyecto pueden utilizar inteligencia artificial para generar las imágenes que acompañan el capítulo.
También pueden utilizarla para corregir errores ortográficos.
Pero la idea de cómo llegó Don Quijote, qué sucede y cuál será su aventura tiene que salir de su cabeza.
Eso para mí no es negociable. Tenemos que pensar.
¿Cuál fue su reacción al ver los dibujos y las infografías que sus estudiantes hicieron a mano, sin utilizar plataformas como Canva?
Ellos me sorprendieron. Y ellos mismos también se sorprendieron.
Quizás hacía tanto tiempo que no tenían la oportunidad de sentarse con un papel a dibujar.
Eso también es una terapia. Nos calma y nos ayuda.
Claro que me tomó tiempo. La tecnología avanza y, cuando asignas un trabajo digital, todo se hace mucho más rápido.
Este trabajo me tomó dos clases y, con algunos estudiantes, un poquito más.
Tuve que ir asiento por asiento, estudiante por estudiante, verificando qué les faltaba, qué tenían que corregir y si estaban siguiendo las instrucciones.
Pero realmente la retroalimentación fue súper positiva y estoy muy contenta con todo lo que está pasando con esta experiencia.
¿Cuánto tiempo necesitaron sus estudiantes para completar el trabajo?
Dos clases. Tampoco fue tanto tiempo, porque mis clases son de 50 minutos cada una.
Para finalizar, ¿qué mensaje les enviaría a sus estudiantes, que probablemente estarán viendo esta entrevista?
A mis chicos de la clase [Aleia] 2027, gracias por su apoyo.
Gracias por seguir mis instrucciones y gracias por respetar mis decisiones dentro de mi salón de clases. Los quiero.
La experiencia de esta maestra abre un debate que va más allá de regresar al papel o permitir el uso de la inteligencia artificial en las escuelas. En una sociedad donde la tecnología avanza rápidamente y forma parte de las exigencias académicas y laborales, surge una interrogante importante: ¿estamos preparando a nuestros estudiantes para utilizar la inteligencia artificial con pensamiento crítico o corremos el riesgo de que dependan de ella sin desarrollar sus propias capacidades?
Y, sobre todo, ¿debe la educación limitar estas herramientas?


