En medio del creciente debate sobre el acoso sexual en distintos espacios de la sociedad, aparecen las pedagogías ciudadanas en las que se han insistido en la importancia de diferenciar entre un halago y una conducta inapropiada. La línea puede parecer difusa para algunos, pero está claramente definida por el consentimiento, el respeto y la intención del mensaje o el contacto.
De acuerdo con definiciones ampliamente difundidas en campañas de sensibilización, el acoso sexual ocurre cuando una persona realiza comentarios, insinuaciones o tocamientos de carácter sexual sin consentimiento o sin que exista una relación de confianza que lo permita.
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¿Cuándo es halago y cuándo es acoso sexual?
Un halago se entiende como una expresión de reconocimiento o elogio que resulta respetuosa y bien recibida por quien lo recibe.
En X, la sexóloga conocida como Leisatusexologa, publicó ejemplos claros en los que se puede identificar la diferencia entre uno y el otro.Lea también: Nacional se pronunció sobre el caso de jugador Nicolás Rodríguez denunciado por presunto abuso sexualDecir “Qué bonito te queda el amarillo” es considerado un halago, mientras que frases como “¿por qué no te traes el vestidito ese amarillo cortito que se te ven esas piernotas y nos alegras la vista?” cruzan la línea al sexualizar el cuerpo y convertirlo en objeto de observación. En este caso, la diferencia radica en que uno reconoce algo simple, mientras el otro introduce una carga sexual no solicitada.
En el ámbito profesional ocurre algo similar. Reconocer el trabajo de una persona con frases como “Muy buena exposición, se notó tu preparación” es un halago válido. Sin embargo, comentarios como “Buena e inteligente. Con esa cara o ese cuerpo, ¿quién no te va a poner atención?” desvían el reconocimiento hacia la apariencia física, deslegitimando sus capacidades y cayendo en una conducta inapropiada.
El contacto físico también marca una diferencia clave. Un apretón de manos al felicitar a alguien es un gesto aceptado en contextos formales. En cambio, tocar la cintura, rozar la espalda o prolongar el contacto físico sin consentimiento, acompañado de comentarios como “mereces todo lo bueno, preciosa”, constituye una forma de acoso.
Estas distinciones buscan aportar herramientas para identificar conductas que, aunque normalizadas en algunos entornos, pueden vulnerar la dignidad y la integridad de las personas.





