Estilo de Vida

Marriott Santa Marta: el mar de los pájaros y la sofisticación de la colombianidad

Uno de los hoteles más emblemáticos de la Costa Caribe genera experiencias para conocer una cultura de un país de países. Esto, a través de la comida, el mar y sus comunidades.

Santa Marta Marriott Resort Playa Dormida

Si no ha dormido bien en todo el año, el murmullo de los pájaros y el murmullo de Playa Dormida, donde está uno de los hoteles representativos de Santa Marta: Santa Marriott Resort Playa Dormida.

Ubicado cerca del aeropuerto, sus habitaciones al lado de una reserva natural  las habitaciones del hotel diluyen cualquier ruido moderno para sumirlo en sueños profundos, más aún con el servicio global Marriott Bonvoy, que le permitirá acceder a las mejores experiencias que puede brindar.

Pero aparte del mar y su inmensidad, hay todo para ver y probar.

Un mojito ante el sol ardiente en una piscina glamurosa. Un desayuno buffet con los típicos ‘fritos’ de la Costa Caribe, como las carimañolas, empanadas y el adictivo suero costeño. O la cazuela de mariscos, el arroz con coco, el pescado con mariscos, el ajiaco o la posta cartagenera luego de visitar el Centro bohemio e histórico y consentir los ojos con los colores de los accesorios de Iraca o las mochilas Wayuu, o nutrir la memoria en la Quinta de San Pedro Alejandrino, tumba de Bolívar.

E incluso, puede disfrutar de una buena mojarra frita, butifarra y un dulce de coco, entre una extensa lista de delicias que corresponden a la ‘Noche Costeña’ en el restaurante Cayeye. Un espacio de buffet al frente de la playa con todo tipo de delicias mientras baila cumbia, porro, y vallenato con los músicos que amenizan su cena.

Un perfecto cierre de día,  luego de ver infinitos peces multicolores en los arrecifes de playas como las de Inca Inca y Acuario al mejor estilo de ‘Avatar’. Claro, luego de llegar de bailar y ‘vacilar’ en las seguras y muy cómodas embarcaciones de la compañía Taxi Marino.

Las diversas caras de nuestros orígenes

Pero el hotel es un refugio a su vez del talento creativo que expresa los contrastes de un país hecho de casualidades, mezclas, comunidades que se integran en el tiempo. Historias de los arhuacos y los koguis, guardianes de los tesoros de la Sierra Nevada, y de su cafe, en la decoración del hall principal.

O historias de su union y empoderamiento con plataformas como ‘Amorigen’, donde ellos, unidos con los Wayuu, quieren dejar de lado los relatos de dolor para hacerse cargo  de sus propios productos culturales y agro.

“La empresa busca beneficiar a las comunidades directamente, ya que a veces hay solamente intermediarios beneficiados. De este modo, las tejedoras y otros productores gestionan su legado y nuestra tarea como hijos de ese legado ancestral es expandido. Mostrar el valor del esfuerzo que implica tejer una mochila por meses. Y si bien nuestros ancestros no quisieron por varios motivos salir fuera de su comunidad, con su autorización algunos hemos podido estar en este proyecto que ha beneficiado a varias familias”, le explica a Nueva Mujer Colombia Zarkuney, representante de la comunidad arhuaca y estudiante de Administración Hotelera.

El emprendimiento se caracteriza también por la autogestión y conocimiento que implica llegar a irrumpir en un modelo de negocio único ante un mercado rapaz y extractivista. “Los indígenas que ves aqui, entre todos, tenemos un familiar asesinado en el conflicto armado. Trascendimos esto y mostramos al mundo nuestra cosmovisión. No es tomarse la taza de café, es que tú conozcas a través de esa taza de café que está cultivado sobre el nivel del mar, que nos toca bajarlo a hombro para poder traerlo y que la gente con proceso hasta tostarlo, molerlo, empacarlo. Que sepas que eso viene de mujeres, de familias, que tú estás aportando un granito de arena para el sostenimiento de más de 5 mil familias”, le dice a Nueva Mujer Angélica María Melgarejo, enlace con la  Fuerza Pública de la comunidad Wayuu.

“Que el cacao, que la panela, que la miel, que las abejas no le regalan, que le pide uno permiso a la madre naturaleza para traer un poquito, Y que por lo menos en el caso de las mochilas, es que tú sepas que por decir algo, la cultura wayúu, entre más colores tienen los las mochilas, más exteriorizamos el dolor que llevamos dentro.Que es saber que el camino hacia la sanidad está en sacar el dolor a su cuerpo. Y que con ese dolor te sirva de inspiración para mostrar lo hermoso que es seguir viviendo”, afirma.

Asi, esta historia se combina con la que cuenta el chef Edwin Rodríguez, dueño del restaurante Quimbaya en Madrid, que cuenta ya con una estrella Michelin. El chef presentó una cena de varios tiempos con su vanguardista visión de la cocina colombiana, y la transforma en arte desde su visión mas primaria.

Para que de esta manera, los pájaros del monte, el aguacero de Mayo, los cantos de la Sierra y las lluvias de ríos y del Rio Bogotano que homenajeaban los Aterciopelados se transformen en sabores que solo se pueden vivir en el rincón más plácido de Colombia.

P y R

Edwin Rodríguez, chef y creador del restaurante Quimbaya

¿Cómo crear una visión personal y exitosa de unos elementos de origen común como los colombianos?

Detrás de todo esto lo que hacemos es una investigación. Hacemos un recorrido,respetamos mucho el regionalismo en Colombia. Entonces quiero  que cada persona que disfrute de un bocado le sepa a una región. Por ejemplo,mejillón en un escabeche de chontaduro, que nos lleva al Pacífico.

Si hablamos de frijol, hablamos de arroz, hablamos de cerdo. Vamos a  Antioquia. Lo que hacemos es construir con los elementos de diferentes zonas del país un plato que le represente. También jugamos con el paisajismo, que es importantísimo.

La comida entra por los ojos, entonces combinamos paisajismo, sabores. Ya nosotros tenemos un banco de ellos, asi como los pintores tienen un banco de colores. Tenemos la experiencia y la cocina colombianaya está construida. Con platos agridulces, por ejemplo.

¿Cómo se  trabaja con elementos originarios como el arrechón y darles el respeto que se merecen ?

Poco a poco va ganando visibilidad este tipo de productos. El camino está en que ya hay un interés de darle una reglamentación y a partir de ahí se puede empezar a construir con las denominaciones de origen donde se respeta a todos.

¿Cada cuánto hace  usted su investigación y dónde busca las cocinas que hay para encontrar aquí en Colombia?

Poco a poco, nosotros vamos creciendo. Esto ha sido como una bola de nieve. Pero ha crecido la demanda y los menús son dos al año. Esto nos impulsa a investigar mas e ir a esas cocinas que no tienen visibilidad, por lo que trabajamos constantemente.

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