Cuando el duelo por la muerte de un ser querido se convierte en un problema de salud
Desolación, tristeza, ansiedad, entre las reacción por el duelo
Por Metro World
El apego es una de las características de los seres humanos que hace que cuando ocurren situaciones difíciles, como la muerte de un ser querido, el dolor de la pérdida es más fuerte.
Se trata de una a reacción que empuja a continuar la vida desde un punto de vista diferente, sin la presencia de esa persona cercana.
¿Es un proceso clínico el duelo?
Cada persona es diferente y, a tal grado, algunas pueden padecer problemas mentales. El duelo no suele ser un problema clínico. Al contrario, es un procedimiento psicológico.
“(…) la muerte forma parte de la vida y la vida no es una enfermedad. Estar transitoriamente triste (una situación emocional normal) no significa estar deprimido (un cuadro clínico). Ello quiere decir que, en la mayor parte de los casos, la superación de la pesadumbre no requiere tratamiento”, describió el catedrático emérito de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Enrique Echeburúa.
En un artículo de El País, detalló: “los recursos psicológicos de la persona, el paso del tiempo, el apoyo familiar y social y la reanudación de la vida cotidiana suelen ser suficientes para asimilar la pérdida y readaptarse” a las situaciones actuales que se presentan.
Personas mayores
De forma paulatina, las emociones negativas deben remitir entre seis y 12 meses, es que lo que se espera y lo normal, conforme al experto. “El duelo en las personas mayores puede agravarse si hay una presencia de enfermedades crónicas e invalidantes y viven en soledad”, sostiene.
Con respecto al fallecimiento de la pareja, “(…) puede ser el suceso aislado más temible que un anciano puede sufrir. Pero, en general, aunque el dolor no desaparezca nunca, la serenidad acaba por llegar”, en concreto.
El galardonado con el Premio Euskadi de Investigación en Ciencias Sociales 2017, dada su trayectoria investigadora y científica, dijo: (…) la fuerza de la vida es tremenda. Hay que ir ganando la batalla al dolor para que no se convierta en sufrimiento (…)”.


