A sus 63 años, Sonya Cortés atraviesa una etapa luminosa y profundamente transformadora. Tras décadas en la televisión, la radio, el baile y los negocios, hoy habla con apertura sobre un proceso de renacer que abarca su vida emocional, espiritual y profesional.
La sobriedad —un camino que comenzó el 29 de diciembre del año pasado— ha marcado un punto de inflexión. Y junto con ella, una nueva relación afectiva, un sentido renovado de propósito y hasta un tatuaje que simboliza ese resurgir. Sonya dialogó desde la vulnerabilidad con Metro Puerto Rico en el podcast Entre Nos.
Durante la conversación, Cortés mostró su tatuaje más reciente: un ave fénix. Es su diseño número 15 y lo lleva con especial orgullo. Para ella, es más que una pieza estética; es una declaración de vida. Lo define como un recordatorio de transformación y renacimiento constante. “Me siento viva y en una nueva etapa”, comentó.
Esa vitalidad, asegura, no se marchita con los años. “A los 63 uno sigue comenzando”, afirma con una sonrisa franca, convencida de que la edad es apenas una nota al margen frente a la capacidad de reinventarse.
El camino hacia la sobriedad
El giro más profundo en su vida ocurrió en un día que describe como revelador. Un llamado interior la llevó a entrar a una iglesia el 29 de diciembre. Allí, dice, entendió que debía hacer cambios importantes en su vida.
“Le pedí a Dios control y claridad”, recuerda. Esa petición la llevó a dejar atrás el alcohol, un hábito que describe con honestidad y sin adornos: “Bebí mucho. Mis notas eran públicas. Fui transparente con mis excesos”.
Cortés habla de la sobriedad con respeto y con la franqueza que siempre ha caracterizado su personalidad. Lo ve como un proceso diario, a veces retador, siempre íntimo. “Esto es por 24 horas. Hoy decidí que no voy a consumir. Mañana veremos”, explica.
Lleva seis meses sobria, un logro que le ha dado claridad mental, estabilidad emocional y una paz que describe como “más profunda que cualquier otra etapa de mi vida”.
Una relación desde la claridad
Ese mismo día en el que decidió dejar el alcohol, también conoció a su actual pareja. Lo cuenta con incredulidad y gratitud, como si aún le sorprendiera la rapidez con la que la vida se reordenó.
Se enamoró de la manera en que él disfruta de la vida desde la sobriedad. “Me sorprendió su claridad, su alegría sencilla, su forma de vivir sin filtros ni sustancias”, narra. Para ella, esa relación es un refugio y un espejo. Un espacio donde la complicidad no necesita anestesia.
“Hacer el amor en sobriedad, conversar, reírnos, ver una película… todo se siente más real”, expresa. “No hay notas, no hay confusiones. Hay presencia”.
Carrera, retos y persistencia
Aunque su vida personal ha tomado un nuevo brillo, Sonia también continúa apostando por su carrera con la misma energía que la ha caracterizado desde sus inicios. Su llegada al Circo de la Mega, donde comparte micrófono con el Padre Orlando Lugo y con Funky Joe, la llena de energías.
“Comenzar el programa con una bendición es algo diferente. Y la gente lo ha recibido con cariño”, dijo sobre la integración del sacerdote.
Sonya reconoce el camino recorrido y la responsabilidad que implica mantenerse vigente. Recuerda que, cuando incursionó en radio nocturna, fue una de las primeras mujeres en liderar un espacio de humor y conversación irreverente. Hoy, décadas después, sigue defendiendo la autenticidad como su sello.
La artista también ha diversificado su trayectoria con proyectos empresariales: perfumes, productos de belleza, bebidas y colaboraciones creativas. Cada iniciativa, explica, debe resonar con su esencia. “Si tengo que forzar algo, no va conmigo. El bizcocho es grande. Hay espacio para todos”.
Ese pensamiento resume su manera de ver el éxito: generoso, compartido, sin comparaciones innecesarias.
Cortés habla desde la honestidad de quien ha vivido mucho, ha cometido errores y ha decidido transformarse. “Primero tuve que perdonarme a mí misma”, dice con madurez. “Nunca es tarde para tomar decisiones sabias. Este es mi renacimiento”.
Hoy se describe como enamorada, en paz y agradecida. Vive en el presente, sin anticipar tormentas. “La felicidad no es perfecta”, reflexiona. “Pero ahora siento lapsos de alegría que me sorprenden. Y eso es suficiente”, aseguró.

