El furor por el balompié desatado cuando Estados Unidos fue sede del Mundial en 1994 preocupó a la alta esfera de las Grandes Ligas, particularmente la Major League Baseball International, que veían el deporte nacional siendo reemplazado por un balón de oro con arraigo mundial. Fue en ese verano que se fraguó el Clásico Mundial de Béisbol, proyecto que tardaría más de una década en convertirse en realidad.
Las 16 naciones que participaron en el primer Clásico tenían como meta internacionalizar un juego que parecía estar en un estancamiento provincial. No eran buenas las señales cuando existía un Dream Team de la NBA participando en las Olimpiadas del 1992, mientras la pelota carecía de jugadores estrella en su plataforma olímpica hasta ser eliminada como deporte en 2005.
“Estábamos a favor de mantener el juego en las Olimpiadas, pero era demasiado complicado interrumpir la temporada de la MLB para permitir que los jugadores participaran”, dijo el vicepresidente senior de la MLB, Paul Archey, a este periodista en una entrevista en 2006. Archey contó cómo se materializó la idea de un Clásico durante una reunión con el entonces presidente de MLB Internacional Tim Brosnan. “Se lo presentamos a los dueños y el comité internacional en el 1999 y nos dijeron ‘prosigan”.
Era más fácil decirlo que lograrlo. Las preguntas incluían: cuándo era el mejor momento para inaugurar, cómo prevenir lesiones a estrellas con salarios millonarios, cuántos lanzamientos eran demasiados para un ace. La fórmula resultó en un conteo limitado de lanzamientos: solamente podrían tirar 65 picheos en la primera ronda, 80 en la segunda ronda y 95 en las finales si llegase una novena a ese escalafón.
La misión para promover el entusiasmo por la pelota a nivel mundial había comenzado a través de juegos en jurisdicciones fuera de los Estados Unidos continentales. El mejor ejemplo fue la serie de 22 juegos de los Expos de Montreal en el Estadio Hiram Bithorn en 2003. Esa serie, producida por MB Sports, requirió una inversión multimillonaria de la familia Muñoz Bermúdez, quienes eran dueños de los Leones de Ponce y tenían experiencia trabajando con franquicias como los Marlins de Florida.
La MLB nunca pierde y, por lo tanto, requerían una garantía de por lo menos $10 millones de los productores anfitriones de cada ronda. Los Muñoz Bermúdez se fueron hasta home con dos rondas en esa versión inaugural del Clásico. “En aquel entonces, había riesgo por la inversión envuelta, y, hoy día, la cantidad a pagar es mayor, pero se han vendido todos los partidos de Puerto Rico”, explicó Antonio Muñoz Grajales, presidente de MB Holdings, empresa matriz de MB Sports.
La experiencia no se improvisa
Veinte años después de ese primer Clásico, Anaymir “Tuti” Muñoz sigue en su rol como vicepresidenta de Ventas y Mercadeo para MB Sports, pero también es manejadora de crisis por los “fuegos” que apaga cuando surgen complicaciones en un evento de esta magnitud.
“Estamos recibiendo supplies (suministros) y vagones de la producción”, explica Muñoz, entre tingo y tango. “De hecho, llegaron vagones de transmisión; hay montaje de seguridad, montajes de verja, recibimos supplies que se usan para el terreno y para las gradas del estadio y otras mejoras”, continúa.
Esas mejoras vienen con especificaciones para que el terreno cumpla con los estándares rigurosos de la MLB. “En todo eso, pues hay una coordinación de operaciones de MLB”, dice Muñoz, mientras añade que ellos son los que manejan el juego como tal —lo que son las distancias, la lomita, el pitch clock (reloj de lanzamientos). “O sea que es la parte operacional y que cumple con la parte técnica de lo que es el juego de pelota. [...] Obviamente, el fanático no se da cuenta de esas cosas; ellos entran y disfrutan”, concluyó.
