Entre mezcalitas y un duelo amistoso: La Barra Viajera hace su primera parada en México
Manuel Crespo se suma al primer recorrido de La Barra Viajera para recordar sus viajes por México
No hizo falta abordar un avión para llegar a México. Una botella de mezcal, hielo, cítricos y una barra fueron suficientes para comenzar el viaje.
El primer recorrido de La Barra Viajera, proyecto de A&A Tours en colaboración con Vision News Media, tuvo como invitado al reportero Manuel Crespo, quien llegó a Vivo Beach Club pensando que simplemente compartiría algunas historias de sus viajes. Sin embargo, encontrarse frente a una barra despertó rápidamente una faceta que quizás muchos desconocen.
“Cuando tú trabajaste en barra en algún momento, como que eso nunca sale de ti”, comentó mientras comenzaba a poner en orden el espacio.
Y así, casi sin proponérselo, la conversación terminó convirtiéndose en un duelo amistoso con Carlos Castellanos, director de Desarrollo Corporativo de A&A Tours (anfitrión de La Barra Viajera), para descubrir quién preparaba la mejor mezcalita.
De Puerto Rico a México sin salir de la barra
La selección del destino no fue casualidad. Crespo ha viajado alrededor de cuatro veces a México y recuerda que su primera visita ocurrió en 2017, poco después de graduarse de la universidad. El viaje fue un regalo de sus padres y lo realizó acompañado por una prima y una amiga.
Desde entonces, México se convirtió en uno de esos lugares a los que asegura que siempre se puede regresar.
Para Crespo, particularmente Ciudad de México, tiene la capacidad de ofrecer algo diferente independientemente del tiempo que dure la visita.
“Es un caos bonito”, expresó al describir una ciudad que aprecia por su diversidad, su gente y, particularmente, por la gastronomía.
Y siendo un foodie, buena parte de sus recuerdos inevitablemente terminan alrededor de una mesa.
Uno de ellos ocurrió durante aquel primer viaje. Afuera de uno de los hoteles donde se hospedó conoció a una mujer que llevaba más de cuatro décadas trabajando en el mismo puesto de comida y que ya comenzaba a dejar el negocio en manos de su hija.
Más que recordar solamente qué comió, Crespo conserva la historia detrás de aquel lugar.
Para él, la escena reflejaba algo reconocible en muchos países latinoamericanos: familias que encuentran en la cocina una manera de salir adelante y construir un futuro para las próximas generaciones.
“La comida es un lenguaje universal”, resumió.

Del tequila al mezcal
Hablar de México llevó inevitablemente la conversación hacia sus destilados.
Aunque el tequila suele ser una de las bebidas más asociadas con el país, Crespo confesó que siente especial predilección por el mezcal.
Su primer acercamiento ocurrió precisamente durante uno de sus viajes, cuando participó de un recorrido dedicado a conocer esta bebida. En aquel momento, recuerda, el mezcal todavía no tenía en Puerto Rico la presencia que ha alcanzado durante los últimos años.
Ese fue el punto de partida para el reto de La Barra Viajera: cada uno prepararía su propia versión de una mezcalita.
Pero Crespo tenía una ventaja que no tardó en revelar.
Durante aproximadamente cinco años, mientras cursaba estudios universitarios, trabajó como mesero y bartender. Parte de esa experiencia fue precisamente en un restaurante mexicano en Isabela, cuya propietaria era mexicana.
“Con ella yo perfeccioné el arte de hacer margaritas”, recordó antes de comenzar la competencia.
La batalla estaba servida.
Dos mezcalitas y mucha competencia
La dinámica era sencilla: preparar dos versiones de la bebida utilizando como punto de partida mezcal, licor de naranja, cítricos y algún elemento para endulzar.
A partir de ahí comenzaron las diferencias.
Entre hielo, Tajín, azúcar, frutas deshidratadas y alguna que otra estrategia para sacar ventaja, ambos fueron preparando sus versiones mientras intercambiaban recuerdos y recomendaciones sobre México.
La competencia, aunque amistosa, comenzó a sacar el lado competitivo de Crespo.
“Te veo saboteándome”, soltó entre risas en uno de los intercambios.
Y hubo hasta un pequeño descuido. Entre conversación, presentación y deseos de ganar, uno de los tragos estuvo a punto de quedarse sin lima.
“¿Sabes qué? Creo que me faltó algo”, surgió en medio de la preparación.
La respuesta llegó inmediatamente: “¿No había jugo de lima?”.
El episodio terminó demostrando precisamente una de las ideas detrás de La Barra Viajera, no se trata de una clase rígida de coctelería, sino de utilizar una bebida como punto de partida para conversar, recordar y descubrir un destino.
Los lugares que todavía recuerda de Ciudad de México
Entre una preparación y otra también surgieron recomendaciones para quienes tengan a México en su lista de próximos viajes.
Crespo destacó Condesa, particularmente por su arquitectura y por considerarla menos ajetreada que otras zonas como Polanco.
En el mapa gastronómico mencionó Contramar, restaurante especializado en cocina de mar mexicana, mientras en la conversación también apareció Café de Tacuba, reconocido por su ambiente y arquitectura.
Pero más allá de restaurantes o barrios específicos, su recomendación fue descubrir el país sin limitarlo a una sola experiencia.
“Es un sitio que tiene muchísimo: ciudades súper modernas, campo, cultura”, señaló.
Para Crespo, la diversidad cambia dependiendo de si el viajero se mueve hacia la costa caribeña, la costa del Pacífico o permanece en la ciudad. Y hay un elemento que, según su experiencia, se repite: la hospitalidad.
“Donde quiera que uno se para, se come bien. Hay gente de verdad súper buena que te va a hacer sentir como en tu casa”.
Entre anécdotas, sabores y dos versiones de una misma bebida, La Barra Viajera hizo su primera parada en México, demostrando que algunas veces conocer o recordar un destino puede comenzar simplemente alrededor de una barra.
Y como correspondía después de tanto esfuerzo, el episodio terminó con un brindis: “Salud por México”.
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