Zunzun Wines: cuatro vinos pensados para el verano caribeño
La propuesta busca transmitir un mensaje sencillo, el vino no tiene que ser complicado para ser memorable.
Cuando pensamos en vino para el verano, solemos inclinarnos por opciones frescas, ligeras y fáciles de disfrutar. Sin embargo, encontrar etiquetas que mantengan ese balance entre complejidad, frescura y versatilidad no siempre resulta sencillo, especialmente en un clima tropical como el de Puerto Rico.
Esa necesidad fue precisamente una de las inspiraciones detrás de Zunzun Wines, la línea creada por la puertorriqueña Gabriela García en Mendoza, Argentina, y concebida específicamente para consumidores que buscan vinos con personalidad, pero sin formalidades ni reglas complicadas.
La colección está compuesta por cuatro etiquetas artesanales y orgánicas que reflejan una filosofía clara: acercar el vino a una nueva generación de consumidores mediante propuestas accesibles, balanceadas y fáciles de disfrutar.
“Yo quería hacer algo totalmente distinto a lo que hace mi papá”, explica García, quien desarrolló el proyecto junto a la enóloga Angelina Yañez.
La historia de Zunzun comenzó mucho antes de que existiera la primera botella. Su padre adquirió un viñedo en Argentina en 2004, tras quedar impresionado con la calidad de los vinos durante un viaje con coleccionistas.
“Al culminar dicho viaje, todos brindaron diciendo que iban a comprar viñedos en Argentina, pero el único loco que lo hizo fue mi padre”, recordó entre risas.
Aquella decisión transformó los veranos familiares. Los viajes a España fueron sustituidos por visitas a Mendoza, donde Gabriela comenzó a familiarizarse con el mundo del vino. Más adelante trabajó junto a su padre en Lamadrid Estate Wines, completó estudios de sommelier en Nueva York y desarrolló experiencia comercializando vinos en Argentina, Perú y Estados Unidos.
Con el tiempo decidió crear una marca propia, apostando además por convertir los viñedos donde se producen sus vinos en cultivos completamente orgánicos.

El rosado que abrió el camino
La primera etiqueta en tomar vuelo fue un rosado elaborado con Cabernet Franc, una elección poco convencional para este estilo.
García buscaba crear un vino equilibrado que pudiera disfrutarse en los escenarios donde más se consume vino en Puerto Rico: junto a la playa, en la piscina o durante una tarde entre amigos.
“No quería que fuera tan ligero que desapareciera en boca ni tan pesado que resultara empalagoso cuando aumenta la temperatura”, explicó.
El resultado es un rosado refrescante que marida especialmente bien con quesos, mermeladas, dips de guayaba, crudos de pescado y tartares de atún o res.
El vino naranjo para quienes quieren descubrir algo diferente
Entre las propuestas más llamativas de la colección se encuentra el vino naranjo.
Aunque muchas personas piensan que contiene frutas cítricas, en realidad se trata de un vino blanco elaborado con contacto prolongado de las pieles de la uva durante la fermentación, utilizando una técnica similar a la empleada en la elaboración de vinos tintos.
Ligero, vibrante y balanceado, puede acompañar quesos, aceitunas, pizzas de salsa blanca e incluso platos de cerdo empanado.
Un tinto argentino pensado para el trópico
La tercera etiqueta es una cofermentación de Malbec y Bonarda en proporciones casi iguales.
A diferencia de los tintos argentinos más robustos que muchos consumidores esperan encontrar, este vino ofrece un perfil más ligero, fresco y jugoso, una característica que lo hace especialmente atractivo para las temperaturas del Caribe.
Es ideal para acompañar clásicos del asado argentino como el chorizo y la morcilla, aunque también funciona perfectamente junto a una buena hamburguesa.

El espumoso que combina con frituras y mariscos
La colección se completa con un Pet Nat elaborado con una uva criolla llamada Valency.
Nacido originalmente como un experimento dentro de la bodega, este espumoso no busca una segunda fermentación mediante la adición de azúcar, por lo que resulta seco, refrescante y sumamente gastronómico.
Su versatilidad permite combinarlo con algunos de los sabores favoritos de los puertorriqueños, desde bacalaítos y bolitas de queso hasta ostras frescas y ensaladas.
Un colibrí con alma caribeña
La identidad de Zunzun también refleja las raíces de su fundadora.
El nombre proviene de la palabra utilizada en Cuba para referirse al colibrí. La inspiración surgió cuando Gabriela observó uno revoloteando entre las flores frente a la antigua casona de la bodega en Mendoza.
Aquel pequeño pájaro, aparentemente delicado pero persistente y territorial, le recordó su propia personalidad y su conexión con el Caribe.
La artista Camila Buxeda trasladó esa visión a las etiquetas, creando diseños llenos de color inspirados en la flora tropical y en una antigua leyenda sobre dos jóvenes enamorados convertidos por los dioses en una flor y un colibrí destinados a buscarse eternamente.
Más allá de la estética, la propuesta busca transmitir un mensaje sencillo, el vino no tiene que ser complicado para ser memorable.
Como resume Tania Montalvo, principal oficial de operaciones de Fine Wine Imports, distribuidor de la marca en Puerto Rico, se trata de vinos “frescos, versátiles y fáciles de disfrutar, perfectos para acompañar nuestra gastronomía, nuestro clima tropical y cualquier ocasión”.
Y precisamente ahí radica su atractivo para el verano: cuatro estilos distintos, pero con algo en común. Todos fueron pensados para disfrutar sin prisa, sin protocolos y con el espíritu relajado que caracteriza al Caribe.

