Cascos Azules venezolanos se unen contra la represión

Estudiantes de las facultades de Medicina de distintas universidades de Caracas decidieron formar un cuerpo de médicos para asistir a los heridos en las manifestaciones, que llevan ya más de 100 días. Esta es su historia.

Por Metro
Elizabeth Ostos
Cascos Azules venezolanos se unen contra la represión

Elizabeth Ostos, especial desde Caracas

Por cuatro meses corridos, miles de venezolanos se han lanzado a las calles en rechazo a las iniciativas del gobierno de Nicolás Maduro. Marchas, bloqueo de vías, vigilias, y agrios enfrentamientos entre fuerzas de seguridad del Estado y manifestantes están a la orden del día. Balas de goma, de plástico, de vidrio o de metal y bombas lacrimógenas contra piedras, palos, metales, escudos hechos con cartón y madera, bolsas de basura y fuegos artificiales. En más de 100 días de protestas el saldo es de 125 muertos y más de 13 mil heridos.

Ante la magnitud del conflicto, las universidades nacionales unieron esfuerzos y crearon grupos de brigadistas cuya misión es prestar primeros auxilios a los heridos.

MWN conversó en Caracas con integrantes de la Cruz Azul, de la Universidad Santa María. Tres de sus líderes: Héctor Sánchez, Ivana Moncada Rosal y Gabriel De Vita contaron sus experiencias.

Voluntarios de los Cascos Azules.

Salvando vidas

“Formamos parte de un grupo interuniversitario de primeros auxilios que se fundó en el marco de las protestas de 2014. En mayo de este año, con el reinicio de manifestaciones contra el gobierno, hubo un llamado a integrar nuevas unidades de apoyo pues la violencia en la calle aumentaba y no había suficiente personal para atender emergencias. Me integré a la Cruz Azul y recibí un entrenamiento muy profesional de parte de los Bomberos de Caracas, médicos especialistas en trauma shock, entre otros”, declaró Ivana, estudiante de odontología, de 24 años.

Señala que en un país que transita una crisis en su sector, salud, “los que atendemos a la gente en la calle sí tenemos insumos médico quirúrgicos. Todo el material es donado por gente que vive dentro y fuera de Venezuela. Usamos motos y camionetas (SUV) para trasladar y para atender a heridos en el sitio. He visto casos graves como el de un muchacho que recibió nueve impactos de perdigones (balas de goma) en varias partes del cuerpo. Lo tuve que suturar de urgencia, pues estaban desangrándose. A toda velocidad pude parar la hemorragia; todo era un mar de sangre”.

“La actuación de Ivana fue determinante en salvar esa vida. Es una enorme satisfacción servir a la ciudadanía, no importa en qué bando esté”, interviene Héctor Sánchez, odontólogo de 36 años y director de la Cruz Azul.

Una moto de los Cascos Azules, en plena manifestación.

Apoyando en las manifestaciones

Dice que las motos y autos que usan los brigadistas los manejan voluntarios. “Tenemos cascos, radios para comunicarnos, máscaras antigases, guantes, chalecos antibalas y siempre estamos muy cerca de sitios de conflicto; nos presentamos a los dirigentes el grupo de los policías que van a dispersar manifestaciones. Informamos que nuestra misión es apoyar a quien resulte herido. A veces, hay comprensión, en otras ocasiones nos han apuntado con escopetas. Hasta el presente, ningún integrante del grupo interuniversitario ha sido herido o asesinado”, detalló el médico.

Por motivos de seguridad, guardan el material asistencial en pocos sitios. “Vamos rotando los locales para evitar algún conflicto con autoridades. Y la noche antes de cualquier protesta, los directores y coordinadores de los grupos distribuyen el personal médico-asistencial en diversos puntos de la ciudad. Solo en nuestro equipo somos 90 personas quienes vamos a las manifestaciones. En voluntariados de otras universidades hay otros cientos”, explicó.

Cascos Azules

Conviviendo con el miedo

Para Gabriel De Vita, estudiante del segundo año de medicina, de 21 años, “el miedo siempre está. Luego de una jornada de 10 horas en la calle y regreso a mi casa, reviso las redes sociales y leo que hubo muertos y heridos en las zonas en donde estuve trabajando. Eso me da terror. Pero son más las ganas de ayudar a mis hermanos venezolanos, y todo se me olvida. Regreso a la calle a apoyar a quien lo necesite”.

Explica que su grupo atiende un promedio de cinco a diez heridos por manifestación, unos más graves que otros. “En días de mucha represión, en un solo auto se han asistido hasta 35 personas”.

Ivana Moncada asegura que no quiere irse del país y que, luego de su graduación, seguirá apoyando a quien más lo necesite. “Después de esta experiencia mi vida ha cambiado para bien. He hecho amigos que son como mis hermanos y eso me alimenta el alma. Luchar por Venezuela bien vale la pena”, asegura.

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