Éxodo del Mariel: un cubano perdido en Puerto Rico

La historia de un hombre que salió de Cuba y su familia jamás volvió a saber de él.

Por David Cordero
Éxodo del Mariel: un cubano perdido en Puerto Rico

Eso de que “todo pasa por alguna razón” en ocasiones se vuelve más real que nunca. Alrededor de 16 horas de camino me esperaban rumbo a Santiago de Cuba desde La Habana, pero en el trayecto algo sucedió.

Luego de unas dos horas en el bus, el conductor decidió hacer su primera parada en una cafetería ubicada en Hato de Jicarita, una localidad del municipio Unión de Reyes, en la provincia de Matanzas. Allí conocí a Carmen Rosario Ferrer Garcé, de 47 años. Estaba yo en busca del sentir de los cubanos fuera de La Habana respecto al fallecimiento de Fidel Castro, pero otra historia salió a relucir. Su hermano José Prudencio Ferrer Garcé estaba encarcelado en Cuba, pero en 1980 Fidel Castro lo liberó. La excarcelación no fue producto de la buena fe del expresidente cubano, sino como parte de un plan de vaciar las cárceles en la isla y enviar a los presos fuera del país.

Para poner en contexto histórico, este movimiento fue parte del llamado éxodo del Mariel. Tras un asalto a la embajada del Perú en La Habana y tensiones entre Fidel Castro y el Gobierno de ese país, el líder revolucionario aunució que todo el que quisiera solicitar asilo en dicha embajada podría hacerlo sin ningún tipo de represalias. Para sorpresa del Gobierno cubano, unos diez mil ciudadanos de la isla acudieron en masa a la embajada, lo que obligó a Castro a tomar otra decisión para manejar la situación. El fallecido expresidente autorizó entonces que los exiliados en Miami que quisieran buscar a sus familiares en Cuba pudieran hacerlo a través del puerto de Mariel. El único requisito para esos exiliados era que, además de los familiares que buscaran, también tenían que llevarse  a otras personas. Cuba aprovechó esa crisis para vaciar las cárceles y enviar a los presos comunes a Estados Unidos. Se dice que entre las personas que enviaron también había espías.

El hermano de Carmen Rosario fue una de las 125 mil personas que salieron de Cuba a través del puerto de Mariel entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980.

De acuerdo con una publicación del periódico El País en el 35 aniversario del éxodo del Mariel, un 15 por ciento de los que llegaron a Miami durante ese periodo eran “delincuentes”. Esa misma publicación indica que, del total de migrantes, unos 100 mil permanecieron en Miami y el restante se fue a otros estados. José Prudencio, quien debe tener ahora algunos “60 y pico de años” según su hermana, viajó entonces a Puerto Rico. Eso fue lo último que ella supo del hombre.

Inmerso en la entrevista, perdí o me dejó la guagua que me llevaría hasta Santiago de Cuba. Quizás por intervención divina, otra guagua con la misma ruta había salido tres horas tarde desde La Habana y su primera parada era la cafetería.

El conductor muy amablemente se comunicó con su colega en la guagua en la que viajaba mi bulto. Viajé alrededor de cuatro horas en el bus que me rescató en aquella cafetería. Para mi sorpresa, justo en el centro del cristal delantero, viajaban como “de un pájaro las dos alas” las banderas de Puerto Rico y Cuba.

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