La disidencia silente en Santiago de Cuba

Un joven santiaguero comparte su visión sobre la revolución cubana y el futuro del país.

Por David Cordero
La disidencia silente en Santiago de Cuba

Osmani Ibarra conduce su Chevrolet del 51′ rumbo Birán, la tierra natal de Fidel Castro en la provincia de Holguín. Sobre la gaveta del tablero del carro, colocó un sello de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba. Una medallita de la misma Virgen cuelga del espejo retrovisor.

 

La primera vez que Ibarra intentó escapar de Cuba en bote tenía 24 años. Le segunda vez tenía 25. En ambas ocasiones los guardias que velan la costa lo agarraron. Hoy día tiene 30 años. “Ya esta edad no lo vuelvo a intentar, además que ahora te meten preso”, comentó. “Además que sale muy caro, construir el bote, comprar el motor”, continuó explicando.

 

Con una niña de ocho años y un segundo hijo en camino, su prioridad sólo son ellos. De Cuba y la Revolución aprecia la educación que recibió y que recibirán sus dos criaturas, el sistema de salud siempre al servicio del pueblo y la seguridad ciudadana. Su amor por la patria, además, le sirve de fuerza para afrontar las adversidades.

 

Aún así, Ibarra quiere un cambio en Cuba, pero más allá de acuerdos diplomáticos y agarrones de mano entre líderes, él necesita, reclama, un cambio en el sistema de vida de los cubanos. “Por ejemplo, alimentación fundamentalmente, muchas personas pasan mucho trabajo par alimentarse porque es muy caro”, dijo.

 

Luego de completar sus estudios de primaria y secundaria, el santiaguero completó dos años de servicio militar obligatorio y luego se convirtió en mecánico de autos. Hace unos meses adquirió su Chevrolet y él mismo lo ha arreglado, poco a poco.

 

El proceso sería más rápido si existiera “una tienda con precios módicos donde puedas adquirir las piezas para tu vehículo, para seguir trabajando, porque no puedes adquirir nada, (por el costo), las piezas que compras son robadas. Una goma puede costar 150 dólares”.

 

También quisiera poder conocer el mundo, pero aunque existe la posibilidad de que Ibarra solicite su pasaporte y una visa, hay dos obstáculos que se lo impiden, al igual que a millones de cubanos, y él gobierno lo sabe. Para su pasaporte, el santiaguero necesitaría ahorrar 100 CUC (Peso Cubano Convertible), algo casi imposible cuando tiene que cumplir primero con otras necesidades, y luego de eso solicitar un visa para el país que quiera visitar. Esa visa, puede ser negada por el gobierno cubano sin tener que darle explicación a la persona que la solicita.

 

“Han querido que todo el mundo sea igual, que tengamos lo mismo, un mismo salario y al final te afecta. Uno trata de luchar un poco más para salir adelante y te cuestionan, te ponen mucha traba, no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro”, denunció.

 

Camino a Birán, algo falló en el motor del auto. Ya en la orilla de la carretera, como buen mecánico, agarró el gato y levantó vehículo. Asomó su cabeza e idéntico la falla. “Es un tornillo”, dijo. Del baúl sacó unas piezas y lo remedió para continuar el viaje.

 

Luego de la muerte de Fidel Castro, de cara al futuro, no son tan altas las esperanzas que tiene Ibarra de ver los cambios que quisiera que tuvieran lugar en la isla, bajo el mandato de Raúl Castro.

 

“Raúl tiene que seguir el ejemplo de su hermano, ellos eran bien unidos, pero bueno, cualquier cosa puede pasar”, apuntó.

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