Latente el recuerdo del triunfo de la Revolución

Exmiliciano recuerda su primer encuentro con Fidel y sus años como miembro de la Milicia

Por David Cordero

El televisor estaba encendido y Magda Poutou e Ignacio Martínez lo contemplaban. El reloj daba las 9:00 de la mañana y la transmisión en vivo desde la Plaza de la Revolución ya había comenzado. Se le rendía honor a Fidel Castro.

“Esos que están a cada lado, haciendo la guardia de honor, son los del Consejo de Estado”, explicó Magda. Las cenizas de Fidel Castro no están visibles, no hay cofre, no hay rastros de su presencia física. En el centro, un arreglo de flores, sobre ese arreglo las medallas de Fidel y un cuadro grande con una foto suya, esbelto y triunfante, uniformado. La imagen eterna del “Comandante”.

El matrimonio de 35 años de casados me recibió en su apartamento en el 256 de la Calle Sol, colindando con La Habana, en La Habana Vieja. El café negro está servido y las puertas del balcón abiertas. Entra la luz del sol, hay vista al cielo, la calle y las paredes del viejo barrio cuyo semblante es ejemplo puro de las dificultades económicas del país.

A lo lejos, 21 cañonazos suenan en honor a Fidel. Los escuchamos en vivo, al tiempo que lo vemos en la televisión. El ruido viaja con el viento y la memoria aflora.

Ignacio tenía 21 años cuando decidió escuchar el llamado de la Revolución. Antes de eso, trabajó en la compañía estadounidense Coca Cola, establecida en Cuba en aquel entonces. Su papá y su hermano también trabajaban allí.

“Me llamaron para el Movimiento 26 de julio (M-26-7), que era el primer movimiento para ir a la Sierra (Maestra). En el triunfo de la Revolución que fue en el 59′, me llamaron para la Milicia. Me hice Miliciano, me hice Monterita de la Milicia, todo ese proceso lo pasé movilizando desde el 59′ hasta el 66′-67′”, relató el hombre de 79 años.

El M-26-7 fue una organización política y limitar cubana creada por Castro. El grupo atacó los cuarteles del ejército en Santiago de Cuba y a finales de 1956 estableció una base guerrillera en la Sierra Maestra.

Allí se entrenó Martínez. Antes de eso vivía en la Víbora, pero respondió a un llamado “de Fidel mismo”. “Estaba Fidel y nos dio una orientación y ahí empezamos”.

Ignacio se detiene. Comienza a llorar. Solloza y relata con voz quebrantada cómo fue su primer encuentro con Fidel. Emocionante, eso no se olvida. Me tocó por aquí”. coloca su mano derecha sobre su hombro izquierdo.

Bajo el mandato de Fulgencio Batista, Ignacio y su familia pertenecían a la clase media-alta. Su papá ganaba 800 pesos, que en aquel entonces equivalían a $800 dólares, explicó, mientras él y su hermano ganaban alrededor de 80 pesos cada uno. Pero él buscaba un cambio, una opción a la tiranía de Batista, relató.

“Con el sistema de Batista había mucha tiranía. Por ejemplo, no podías manifestar cualquier cosa porque te podían matar. Teníamos carro, teníamos una vida estable y cómoda, mi papá iba todos los años a Estados Unidos, pero bueno, yo me tiré fundamentalmente por la Revolución”, continuó el hombre, hoy retirado, en entrevista con Metro.

Su memoria lo lleva hasta la madrugada del 1 de enero de 1959. Era una realidad. La Revolución había triunfado.

“La mayoría de la gente salió pa’ la calle, Batista se fue y empezó to’ eso, el corre y corre y entonces la gente que estaba en el Movimiento 26 de julio, los movilizaron a to’ el mundo”, relató.

Las tropas del M-26-7 llegaron a La Habana al día siguiente, comandadas por Camilo Cienfuegos y el Che Guevara. Entonces el Movimiento tomó el regimiento de Campo Columbia y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña.

Luego de su salida de la Milicia, Ignacio estudió un curso de técnico medio en economía y trabajó como técnico económico hasta hace 18 años.

Loading...
Revisa el siguiente artículo