Es posible ser piloto en tiempo récord

Desde las alturas. Empresa local permite obtener las principales licencias de aviación básico en Puerto Rico. Solo se necesitan 40 horas de adiestramiento.

Por Víktor Rodríguez @viktor_rodz

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Abajo solo se ve el mar y una majestuosa imagen del Castillo San Felipe de El Morro. Arriba, el piloto te dice: “adelante capitán, el avión es todo tuyo”. Aunque al principio te pueden temblar las rodillas, la posibilidad de volar en un avioneta en Puerto Rico es menos difícil de que lo que se piensa. A eso apuesta la empresa local Horizon Aviation, que por medio de una serie de clases de aviación básico le permite al fanático de las alturas lograr el sueño de pilotear un avión, aunque sea por periodos de no más de una hora y distancias cortas.

Su fundador, Javier Hernández, explica que la idea surgió desde la necesidad de crear en Puerto Rico una escuela de aviación de escala mucho más flexible, que le permitiera a ciudadanos comunes experimentar la aviación al tiempo que disfrutan de imágenes espectaculares de Puerto Rico desde las alturas.

“En Puerto Rico, sacar la licencia de piloto privado es complicado… Lo digo por experiencia de cuando saqué mis licencia. Por eso, en Horizon Aviation buscamos hacer este proceso más fácil al tiempo que se disfruta de un ambiente familiar”, explica Hernández, quien es piloto desde el 2002.

Para cumplir ese objetivo, en 2014 Hernández se armó de dos aviones pequeños categoría Piper Sport, únicos en Puerto Rico, con cabida para un instructor y el estudiante. También cuentan con un avión de escala mayor, un Piper Cherokee, con cabida de hasta cuatro personas, que también es usado para personas que sobrepasen las 250 libras.

“Toda persona interesada en el campo de la aviación puede comenzar desde los 15 años. No hay edad máxima. La industria de la aviación existe para todo aquel entusiasta apasionado por ver a Puerto Rico desde otro punto de vista”, detalla el instructor.

Por eso, el piloto cuenta que la empresa se ha convertido en un espacio de recreación para múltiples personas que aman los aviones. Tanto así, que en las tardes hay quienes salen de trabajar y acuden a las instalaciones ubicadas en el aeropuerto de Isla Grande en San Juan, para mirar despegar y aterrizar los aviones. “Esto es un aeroparque”, apunta Hernández entre carcajadas.

En términos de la instrucción, las clases son sencillas, aunque no dejan de ser seguras y bien reguladas. Los aviones cuentan con equipos de condición del lado del piloto y de copiloto. Es algo así como los autos con doble acelerador y freno utilizados para aprender a guiar.

Después de abrocharse los cinturones y probar la comunicación con el piloto y los demás pasajeros a través de micrófono y auriculares empieza la aventura. Al principio pues te pierdes entre tantos botones que toca el piloto antes de despegar, para hacer prender el avión y lo alcanzar altura. Si embargo, a medida que vas tomando la instrucción, vas conociendo los puntos claves que hay que tener presente para poder manejar la nave sin ningún tipo de complicación. Familiarizarse con ellos no es tan complicado. Una vez el piloto tiene la autorización de la Torre central del aeropuerto, se alista el despegue.

La adrenalina comienza a subir y en un abrir y cerrar de ojos, ya estás en el aire. Luego de reponerte de las bellezas imágenes del área metropolitana de la isla y del Océano Atlántico, el instructor comienza a señalar datos claves de la ruta y el vuelo. Presión de aire, altura, el funcionamiento de palancas y el guía, entre otras cosas, van tomando nombre y función ante la mirada.

En ese momento, vas teniendo las primeras interacciones con el guía, si lo mueves hacia el frente el avión se va hacia abajo si a las hacia ti el avión se mueve hacia arriba. Obviamente si se mueve el manubrio hacia la izquierda el avión se moverá hacia ese lado y viceversa. Lo importante en ese caso es lograr el balance adecuado para mantener la aeronave estable. Es algo así como tratas de mantener un vehículo dentro de un carril. Ya con las manos en tu volante, vas sintiendo los movimientos de manos que va dando el piloto desde el suyo. Y de pronto, cuando menos te lo esperas, el instructor suelta su guía y tú estás piloteando. Por unos minutos, estás a cargo, y se te enfría el cuerpo. Luego de varias vueltas, aterrizas. Completaste la primera clase ya tienes media hora de ser piloto.
 

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