Hotel Vanderbilt: una joya en el Caribe

Lujo y confort. Además de ofrecer todo lo que el visitante pueda soñar, el Hotel Vanderbilt sobresale por su nivel de servicio inigualable

Por Aiola Virella @AiolaVirella

Muchas veces nos rompemos la cabeza por meses sobre el destino de nuestra próxima vacación. Iniciamos con una lista de deseos sobre cómo queremos que sea nuestra experiencia y, luego, la vamos afinando. Se nos puede pasar por alto que esas experiencias de lujo y confort que buscamos están más cerca de lo que pensamos. En pleno corazón del Condado es posible desconectarse del ajetreo diario y vivir exclusivas experiencias de relajación de nivel en el Condado Vanderbilt.

Más allá del nivel de excelencia que se procura en toda la hospedería, luego de un fin de semana allí, confirmo que su mayor valor es la calidad del servicio. El personal de Condado Vanderbilt tiene claro que ellos son la cara de Puerto Rico para el visitante, y créanme que dan la mejor cara de la isla. El esmero en cada detalle es de valor incalculable.

En nuestro caso, vivimos la experiencia cinco estrellas en el fin de semana de las Madres, y todos los allí presente nos hicieron sentir el calor de la festividad.

La ubicación del Vanderbilt —construido entre 1917 y 1919, y renovado en el 2012— lo hace especial en su categoría, pues usualmente asociamos a los hoteles cinco estrellas con la experiencia resort. Sin embargo, el Vanderbilt es consentimiento y lujo en el pleno corazón de la actividad citadina de San Juan. Si sabemos aprovechar todo lo que tiene que ofrecer esta joya de la hospitalidad puertorriqueña, no tenemos necesidad de poner un pie fuera de sus instalaciones para vivir un gran fin de semana.

Nuestro viernes en la noche comenzó con un encuentro de amigos en el majestuoso vestíbulo de la histórica edificación. Allí la ambientación es única e impecable. Además, está el océano en el fondo recordándonos que es hora de disfrutar la vida en el trópico. La coctelería es de primera, por sus ingredientes y por la mixología en sí misma. El rato se pasa entre copa y copa, con el jazz de Charlie Sandoval de fondo. Si no llega a ser porque teníamos una reservación pendiente en Tacos & Tequila, allí hubiésemos pasado la noche entre buena plática, excelentes cocteles y música de primera.

Nos llegó la hora de la reservación y pasamos al área de Tacos & Tequila, justo al lado de la Ventana al Mar y con su propia mirada a las aguas del Atlántico. Se repite una constante en el Vanderbilt, el servicio de primera. La chica que nos atendió no solo se esmeró en cada detalle, sino que supo guiarnos por el menú. Las Margaritas no pudieron faltar. La frescura de sus ingredientes se sentían a cada sorbo. Ni de asomo un ingrediente que no fuera fresco. Las acompañamos con unos nachos con pollo, pero no se trata de unos nachos cualquiera, el queso, el pollo y hasta el pique se distinguían en cada bocado. A la hora de ordenar, nuevamente nuestra mesera nos guio ajustándose a los gustos de cada comensal. Tacos suaves de short ribs, cordero y camarones de repente ocuparon toda la mesa.

Cada uno tenía su personalidad propia. No se traba del mismo taco cambiando la proteína. Unos tenían ensalada de arrúgala; otros, cebolla morada, y así con cada proteína una combinación para lograr el matrimonio perfecto. No debo dejar de mencionar la tostada de tartar de atún, que bien sirve como aperitivo o como un plato para combinar con alguno de los tacos en el menú.

El sábado llegó sin sospechar que superaría la experiencia del viernes. Iniciamos la mañana con una caminata por las terrazas del hotel. La brisa salada y la vista entre el litoral y el horizonte llenan a una de energía para el resto del día. Es el turno del spa del Vanderbilt, un mimo total al ser humano. Allí no hay cabida para el estrés. Desde que cruzas la puerta, todo conspira para que te relajes. La ambientación, los olores, los tratamientos, el personal; todo es de la mejor calidad. Sientes que el mundo se detiene y que solo importa tu bienestar. Tienes que encontrar tu balance, y las profesionales del spa del Vanderbilt te guiarán en esa ruta. Tratamientos diversos que van desde exfoliación corporal, masajes y estética se trabajan con productos de la más alta calidad. Entre tratamiento y tratamiento, tienes momentos de relajación en los que puedes hidratarte con agua, comer frutas, dátiles u optar por una copa de espumoso que completará ese estado mental en el que solo importas tú. Sales de allí nueva. No caminas, levitas.

Es la hora del brunch en el restaurante Ola, donde la gran variedad de opciones de primera calidad puede abrumarte. Hay de todo para todos los gustos, pero eso sí, al más alto nivel de calidad. La chef a cargo es Natalia Rivera. Las horas se te escapan entre el brunch, la piscina y la opción infinita de mimosas variadas, que van desde la tradicional naranja hasta la parcha, el mangó y la fresa. El denominador común del Vanderbilt es el servicio de primera. El personal se desborda en atenciones sin discriminar entre turistas extranjeros o locales. Hay múltiples opciones de piscinas, siendo la infinita la favorita de los huéspedes. Desde allí se puede perder la vista en el océano o apreciar la costa de la zona entre El Condado y el Fortín San Gerónimo, o hacia el otro lado la costa hacia La Concha.

Aun con todas estas experiencias, no completas las cinco estrellas si no cenas en el Restaurante 1919, donde su chef ejecutivo Juan José Cuevas se distingue como representante de la alta cocina en el país. Allí los comensales pueden disfrutar de una amplia y exclusiva carta de vinos de todas partes del mundo. Además, tienen la opción de seleccionar un menú de cursos u optar por un chef table, en el que Cuevas guiará la experiencia culinaria de la noche. Se trata de una experiencia única en la que degustará platos de cuidada elaboración en los que el protagonista principal es el sabor natural del ingrediente principal. Los sabores de los ingredientes no se opacan con condimentos o salsas. Definitivamente una experiencia que no debes dejar pasar por alto en el Vanderbilt.

Al salir de 1919, el vestíbulo del hotel vuelve a recordarnos que la noche es joven y que en el Caribe se vive al máximo. La música invita a bailar y el ambiente a disfrutar.

El domingo nos sorprende con un hotel vivo, lleno de familias que llegan a celebrar el Día de las Madres de la mano del chef Juan José Cuevas. Además de un extenso y variado buffet, los comensales seleccionan platos a la carta para el desayun-almuerzo. Un Bloody Mary o Mimosa son el acompañamiento perfecto para culminar un fin de semana a todo lujo, sin necesidad de tomar un avión. De eso se trata la vida, de experiencias acumuladas.
 

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