Migrantes en caravana se enfrentan con policía mexicana en frontera

Alrededor de 50 personas pudieron abrirse camino ante las autoridades, pero el resto retrocedió luego de que éstas los enfrentaran con gas pimienta

Por AP

TECÚN UMÁN, Guatemala (AP) — Algunos integrantes de una caravana de migrantes que logró cruzar un puente hacia México se enfrentaron con policías en la frontera.

Alrededor de 50 personas pudieron abrirse camino ante las autoridades, pero el resto retrocedió luego de que éstas los enfrentaran con gas pimienta. En respuesta, algunos migrantes lanzaron rocas.

Tras una labor de contención, la policía volvió a cerrar las rejas de la frontera. Uno de ellos dijo en altavoz que era necesario cesar las agresiones.

Los migrantes llegaron hasta este punto luego de derribar una valla fronteriza en Guatemal. Primero pasaron sobre el portón los niños y las mujeres subiéndose a jeeps militares. Luego un grupo de hombres jóvenes comenzaron a tirar violentamente de la barrera y finalmente lograron derribarla, lo que permitió el paso de una marejada de personas que iban cantando “¡Sí se pudo!”.

Los habitantes de casas vecinas intentaron sofocar el calor arrojando agua a los migrantes, en su mayoría hondureños. Algunas personas se desmayaron.

Del lado mexicano un helicóptero militar sobrevolaba el lugar ante la pasividad de los agentes de policía que no pudieron controlar el paso de los migrantes.

“¡Somos hondureños, no somos traficantes, somos inmigrantes!”, gritaban varios mientras avanzaban hacia el cruce fronterizo.

Docenas de oficiales de la policía federal mexicana estaban en el puente respaldados por cientos de oficiales desplegados detrás de él.

Mientras tanto, las balsas que normalmente transportan a multitudes de personas a través del río fronterizo Suchiate trasladaban principalmente mercancías. Los operadores de las balsas dijeron que las autoridades mexicanas les habían advertido que no transportaran personas.

Los migrantes intentan entrar a México para avanzar hacia Estados Unidos, lo que ha enojado al presidente Donald Trump, quien ha llamado a los países centroamericanos y a las autoridades mexicanas a que hagan todo lo necesario para detenerlos.

José Porfirio Orellana, un agricultor de 47 años de la provincia hondureña de Yoro, dijo que espera llegar a Estados Unidos debido a las pésimas condiciones económicas de su país.

"No hay nada allí", dijo Orellana.

El gobierno mexicano ha dicho que los migrantes serán atendidos conforme a la ley y con respeto a sus derechos humanos: quienes tengan pasaporte o visa podrán entrar y los que presenten solicitudes de refugio serán atendidos. Los que infrinjan la ley serán deportados.

La cancillería mexicana anunció el jueves en un comunicado que ya inició una atención ordenada de quienes habían cruzado la frontera.

Horas antes su titular, Luis Videgaray, pidió ayuda a la ONU para que el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) colabore con México tanto para procesar las solicitudes como para encontrar una solución permanente para los migrantes hondureños.

En una entrevista con la red de Televisa Videgaray dijo que aquellos con pasaportes y visas válidas serían admitidos de inmediato, aunque reconoció que "anticipamos que esos son la minoría".

Trump le ha dejado claro a México que está monitoreando su respuesta. El jueves amenazó con cerrar la frontera de Estados Unidos si México permitía a los migrantes avanzar. Más tarde, reprodujo un video de la policía federal mexicana que llegó a la frontera con Guatemala y escribió: "Gracias México, esperamos trabajar con usted".

En abril, los funcionarios de inmigración mexicanos tuvieron cierto éxito en dispersar una caravana de menor tamaño.

La mayoría de los integrantes de la caravana salieron de sus casas de forma espontánea, con poco más que la ropa que llevaban puesta y las pertenencias que pudieron arrojar rápidamente en una mochila.

Pese a las advertencias lanzadas desde Washington, los migrantes no pierden la esperanza de avanzar hacia el norte.

Jonathan Guzmán dijo que sueña con encontrar un trabajo de construcción en Los Ángeles. "Es la tercera vez que intento cruzar", agregó el salvadoreño de 22 años.

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