Costoso el acceso al cannabis medicinal

Salud. La medicina derivada de la marihuana ya se mueve en la isla y su consumo también se siente en el bolsillo del paciente.

Por Karixia Ortiz

“Al principio cogí miedo”, relató una paciente de fibromialgia, que prefirió mantenerse en el anonimato para relatar cómo ha logrado acceder al consumo de cannabis medicinal cuando aún no ha comenzado oficialmente en la isla.

María, nombre ficticio seleccionado para proteger su identidad, comunicó en entrevista con Metro que, desde que conoció que el Departamento de Salud iniciaría con la alternativa medicinal para pacientes con padecimientos crónicos, comenzó a indagar para obtener su permiso. Pero introducirse a esta nueva etapa de tratamiento le ha costado una buena cantidad de dinero.

Dijo que visitó a un médico certificado, cuya primera visita le costó $100, pues nada relacionado con el cannabis medicinal está cubierto por planes médicos ni seguros subvencionados con dinero federal. En esa ocasión, hace casi un mes, el doctor la orientó.

“No me dio la certificación. Me dijo que le llevara evidencia de mi condición. Ese primer día me quedé como anonadada porque él me cobró $100. Pero me dijo que, para la próxima cita, me iba a dar la recomendación, la carta que tengo que llevar a Salud para que me den la tarjeta”, relató. Esa nueva visita, indicó, le costaría unos $150 si el médico le otorga la recomendación para el consumo.

El Departamento de Salud (DS), como agencia reguladora del cannabis medicinal, es la que tiene la potestad de otorgar las certificaciones a pacientes, médicos, agricultores, dispensarios, laboratorios y todos los que sean parte del negocio. En el caso de los pacientes, la agencia le cobraría $25 adicionales por la tarjeta de identificación para el uso de cannabis medicinal, renovable cada año.

A pesar de que el DS ya ha expedido cientos de permisos, aún no hay dispensarios con productos derivados de la marihuana para la venta. No obstante, pacientes como María han asumido el riesgo de contactar a individuos que venden la medicina, ya sea en gotas o aceites, que importan de otros estados de Estados Unidos.

María contó que, luego de que el médico la atendió en su oficina, fue él mismo el que le recomendó a un tercero. “Ahora te voy a recomendar a un muchacho que ya, por debajo de la mesa, como digo yo, trae el producto de Colorado”, indicó. La paciente pagó $60 dólares por una “jeringuilla de bebé” con la medicina en gotas “bien espesas” que le suministró ese tercero en un encuentro en un centro comercial de la zona metropolitana. “Cuando fui, había otras tres personas que se iban a encontrar con él”, detalló.

La paciente reconoció que ha sentido mejoría en los episodios de dolor en la parte superior del cuerpo, en su cuello y brazos. Sin embargo, lamentó que aún los dolores en el coxis y sus rodillas no han cesado, pues lleva semanas probando la medicina que ingiere de manera sublingual. Pero la paciente reconoció que la opción es costosa, pues ya ha invertido más de $300.

Además, María explicó que en un principio le costó identificar si estaba ingiriendo bien el producto y si las sensaciones, como la resequedad en la boca, el sabor amargo, eran signos normales. No obstante, indicó que ese vendedor, quien también consumió el cannabis medicinal para una enfermedad debilitante, le recomendó que no pausara porque es una alternativa natural.

“Uno es nuevo en esto y uno no sabe si le están hablando bien o mal. Todavía estoy ahí; todavía no tengo lo que quiero”, precisó, que es vivir sin el persistente dolor. “También me dicen que hay que darle tiempo, y yo me desespero. Como el dolor es fuerte, uno se desespera”, concluyó.

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