Crónica: Mónica de oro, la historia llegó

Por Víctor Torres Montalvo

Eran las 4:00 de la tarde y el salón Gobernador estaba repleto de periodistas de prensa escrita, periodistas radiales, periodistas televisivos, medios de comunicación, funcionarios del Gobierno y del Comité Olímpico de Puerto Rico (COPUR). Afuera, toda una área para los fanáticos estaba llena y constantemente se escuchaban cánticos nacionales hacia la medallista de oro. Todos pendientes a que nuestra Mónica Puig de oro llegara.

Dieron las 5:15 de la tarde, hora que se suponía Mónica aterrizara en su jet privado. Al no llegar, y posterior a que Jesús Manuel Ortiz, secretario de asuntos públicos de Fortaleza, anunciara que tendríamos que hacer espacio (el salón estaba explotao’) para 15 fotoperiodistas más que llegarían al salón, comenzamos a comentar con un periodista independiente y con un periodista de Mech Tech sobre el rendimiento de Mónica y de Rafael Quintero en Río 2016.
 
“Te lo dije, estos chinos están cabr@%*&. Acaban de hacer un 108.00 y Rafael bajó al séptimo lugar”, dice el independiente. “Esos chinos, del tamaño tuyo (señala a mi compañero) estaban cerca de Usain Bolt en los 4×100 metros. ¿Quién iba a pensar que un tipo así llegarí segundo? Y no llegaron porque a aquellos (Estados Unidos) los descalificaron”, dice el de Mech Tech, para virarse y seguir mirando la puerta por la que entraría Mónica en cualquier momento.
 
Comienzan a entrar los fotoperiodistas, nos acomodamos como salchichas en lata, y la espera que desespera culminó: Mónica llegó, con medalla en cuello y sonriente. “¡Qué momento más brutal! Al fin la veo en persona”, pensé, mientras trataba de calmarme y, como ella, internalizar que no era un sueño: estaba en el recibimiento de la mujer boricua de oro.
 
Con ella entró el gobernador Alejandro García Padilla y lo primero que dijo fue algo que era totalmente cierto: “Si tuvieramos que utilizar una sola palabra donde tratáramos de condensar todo lo que el País ha sentido por ella, sería ‘gracias’. Pero no encierra suficiente de lo que sentimos”.
 
“El día 13 de agosto de 2016 es un día que va a pasar a la historia de Puerto Rico”, dijo García Padilla, mientras pocos le hacían caso a sus palabras para dirigir sus lentes, ojos, cámaras y facebook’s live a la histórica mujer boricua. Ella sonreía, y sus primeras palabras fueron: “Múchísimas gracias Puerto Rico, por todo el apoyo que me han dado”, mientras yo estaba, entre muchas salchichas, en una esquina pidiendo mi turno para hacerle preguntas.
 
“Yo creo que ya era tiempo de enseñarle a todo el mundo dónde estaba en Puerto Rico”, contestación que desató los gritos y aplausos de todos los presentes. Yo acá atrás, motivado escribiendo twiitts para el ‘En Directo’ del periódico no queria nada más que me dieran la oportunidad de preguntarle sobre cómo su gesta afectaría, positivamente, a que el Gobierno le diera la importancia que el deporte necesitaba en la Isla.
 
Mientras afuera seguían los gritos, los ruidos de goma y los cánticos, me tocó el turno a mí, un periodista rookie rodeado de muchos periodistas que hacen esto a diario y no tienen nervios al preguntar, y logré sacar, luego de tranquilizar los nervios, lo que vine a cuestionar: “¿Cómo esto va a afectar, postiviamente, a que el Gobierno le de ese interés que el deporte necesita en el País?”.
 
En tono serio, Mónica respondió que el COPUR y el Gobierno han hecho un “trabajo fenomenal” con todos los deportes. No me sentí satisfecho con su contestación, pues realmente creo que se le debe dar mucha más importancia e interés al trabajo y esfuerzo que hacen nuestros atletas para traernos estos logros.
 
Dos preguntas después de la mía, le preguntaron a Mónica sobre el tema de la nacionalidad, haciendo alusión a Gigi Fernández. El periodista independiente me mira y me dice, con cara de aburrido: “Te lo dije que esa pregunta la iban a hacer”. Mónica contestó que trató de enfocarse en lo suyo “y nada más”, cosa que entiendo le ayudó mucho a concentrarse en ganar la primera medalla de oro olímpica para Puerto Rico.
 
La conferencia se acabó y todos salimos a esperar el gran momento: Mónica saldría a tomarse fotos con sus fanáticos. A cantar y brincar, a reír y a gozar. Pero no fue así. Pareció como si pensaran que los allí presentes le iban a hacer algún daño, que la iban a lastimar. Estuvo menos de dos minutos con sus fanáticos, con los que la apoyaron y con los que pintaron murales en diferentes partes de la Isla. Dos minutos con el pueblo de Puerto Rico. Quizás no fue su culpa, quizás alguien más decidió que saliera y no pasara ni 5 minutos con esas personas que estuvieron cogiendo sol a to’ lo que da. Cabe destacar que, antes de montarse en la guagua para irse, se escucharon abucheos.
 
Luego de eso hizo una salida de película, con los policías escortándola por toda la salida del aeropuerto. Una senda caravana que los puertorriqueños no desaprovecharon para apostarse en las aceras y tomar fotos y vídeos. Yo, bien motivado por eso, salí corriendo hasta que la vi salir por la ventana del techo de la guagua. Tenía una bandera de Puerto Rico. Una historia aguantaba otra historia.
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