Rivera Guerra afirma que un chisme público lo condenó

Volver, volver. Esta es la segunda entrega de una serie de reportajes sobre políticos que buscan un escaño para el próximo cuatrienio luego de pasar un periodo fuera de la palestra pública.

Por Sarah Vázquez @SarahFVazquez

Aunque el exrepresentante José Luis Rivera Guerra vivirá con la “mancha” del proceso que enfrentó por  violaciones a la Ley de Ética Gubernamental y a la Ley de Permisología, pidió al electorado que recuerde su gestión legislativa.

Rivera Guerra, quien aspira a ser el candidato a representante por el Partido Nuevo  Progresista (PNP) por el distrito de Aguadilla-Moca, precisó que decidió regresar al plano político porque cuenta con el apoyo de una buena parte del liderato. 

“Con bastantes de las personas de este liderato. El primero es Carlos Méndez, en Aguadilla, Thomas Rivera Schatz, José Aponte, Pedro Pierluisi y el mismo (Ricardo) Ricky Rosselló, que yo sé que me va a respaldar”, aseguró el aspirante.

Sobre la controversia que lo rodeó entre el 2012 y 2013, cuando hizo alegación de culpabilidad por vivir en una residencia que no tenía permiso de uso y no informar a la Oficina de Ética Gubernamental (OEG) de la construcción de una piscina, este expresó, con cierto grado de frustración, que son muchos los que desconocen lo que realmente pasó y se dejan llevar por “un chisme público”.

“La gente sí se acuerda de lo que quiere. Es cierto que se acuerdan de lo negativo y muy poco de lo positivo. Lo único es que, en mi caso, nunca la gente entendió lo que realmente sucedió. La gente piensa que fue el agua, la luz, que fue el CRIM (Centro de Recaudación de Ingresos Municipales). Eso es un chisme público. […] Si me hubiera robado la luz, el agua, si yo hubiera hecho todas las cosas que me acusó a mí el que es candidato a alcalde contra el alcalde de Aguadilla, el candidato que tuvo que renunciar por drogas, a mí me habrían botado de la Legislatura, pero la Cámara (de Representantes) vio que el fallo fue en el permiso de uso, y ya eso pasó”, sentenció el exrepresentante, al tiempo que dijo que, a su juicio, él no era el culpable de lo lento que son los procesos de ARPE, pero “me hicieron a mí culpable y viviré con eso el resto de mi vida”. 

A pesar de que Rivera Guerra quiere dejar atrás el evento que lo mantuvo fuera de la política y que fue una piedra para sus nuevas aspiraciones ya que su candidatura fue impugnada por un miembro del PNP, este reiteró que detrás de todo estuvo el ahora candidato a la alcaldía de Aguadilla, Rolando Crespo. “Todo esto tenía un porqué. La gente se pregunta. Todo eso surgió del actual candidato Crespo, y él sencillamente me tenía que destruir políticamente para ser el alcalde de Aguadilla, pero su mancha en las drogas es peor que mi mancha por un permiso de uso”, dijo el político de 42 años de edad.

Para Rivera Guerra, sus aspiraciones representan un nuevo reto, pues reiteró que, durante su incumbencia como legislador, cumplió con todo lo que le presentó al electorado en su campaña de 1999. “Ahora es un nuevo reto. Tenemos un Puerto Rico que está destrozado y la realidad es que hay unas personas en el gobierno que lo que han hecho es prometer y prometer sabiendo que estaban engañando al pueblo”, opinó.

El aspirante, quien durante los pasados años trabajó en la industria de la construcción, fue entrenador personal, asistió al equipo de soccer de su hijo mayor y es maestro de Ciencias en una escuela privada, buscará impulsar la agricultura y el desarrollo del aeropuerto de Aguadilla. 

Asimismo, aseveró que verá cómo se pueden mejorar los recaudos en el Gobierno, para así disminuir el impuesto de ventas y uso y algunas medidas para generar ahorros. “Que emulen el modelo económico y la forma de administrar de Carlos Méndez en Aguadilla”, concluyó.
 

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