En la pobreza extrema desempleados del país

“Rindiendo el peso”. Un exempleado de las navieras y otro de la construcción cuentan cómo se las arreglan para sobrevivir con los $266 que reciben cada dos semanas del desempleo.

Por Juan Carlos Melo @melodicespr

“Estoy pasando hasta hambre. Si alguien tiene algún trabajo que me pueda ofrecer, que me llame al 787-388-5819. Le meto mano a lo que sea”, Edgardo Torres.  Quien de entrada mira a Torres le podría resultar difícil creer estas palabras.

Es como si le contaras a alguien que el país está sumido en una crisis, que el Gobierno no puede con su deuda pública ($70 mil millones), que está próximo a un impago con sus acreedores ($422 millones), que les paga a cuentagotas a sus suplidores ($2,000 millones), que más empresas están cerrando o radicando la bancarrota (13 % de aumento); y, en contraposición, ves los centros comerciales atestados, letreros anunciando conciertos con funciones sold out y la ocupación hotelera llena en periodos de asueto. Paradójico, ¿no?

Y es que, a simple vista, Torres no exhibe las características típicas de las personas que no tienen para comer.

Luce bien vestido, fuerte, no está andrajoso, no pide en las calles y tiene un techo donde dormir cada noche. No obstante, cuenta que vive en la “pobreza, pasando hambre” porque no consigue trabajo y que su único ingreso es el cheque bisemanal de $266 que recibe del desempleo hace poco más de seis meses y para el cual gestiona otro semestre de entrega.

Torres recibe el máximo del beneficio por desempleo, una cantidad que fluctúa entre los $7 y los $133 cada semana, y que en los primeros tres meses de este año ha sido reclamado por sobre 19,000 personas, según datos ofrecidos por el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH).

“Lo que recibo (del desempleo) no me da. Tengo que pagar agua, luz, alquiler y tengo que ayudar a mis hijos. Muchas veces me quedo sin comer para cumplir con mis responsabilidades”, narra Torres, quien asegura que, tras su último empleo en las navieras con Horizon Lines —empresa que cerró a finales de 2014 y a la cual le dedicó 27 años de su vida—,  no ha podido conseguir un trabajo.

“Estoy buscando, pero las compañías ya no les dan trabajo a alguien como yo de 60 años”, manifestó Torres, quien no dudó en ofrecernos su número de celular para publicación con la esperanza de conseguir un trabajo.

A días de perder su techo

La falta de oportunidades laborales que enfrenta Torres y que actualmente se ha convertido en una de las principales razones que provoca que al menos 166 boricuas se vayan cada día del país, según el Censo federal, también la arrastra Félix Negrón, un joven, de 36 años, de Bayamón que está a solo días de devolverle al banco la llave del hogar que, junto con su expareja, pagó por más de una década.

A su salida de la oficina de seguro por desempleo en Bayamón, Negrón dijo a Metro que interrumpió los pagos a su residencia cuando fue cesanteado de su empleo en construcción hace dos años por falta de nuevos desarrollos. Afirma que trató de seguirla pagando, pero las pocas horas que le daban en su nuevo trabajo como guardia de seguridad se lo impedían.

Negrón, quien está separado de su esposa y actualmente vive en casa de sus padres, se quedó sin empleo hace dos meses.

“Donde trabajaba nos cesantearon a todos y hace un mes estoy recibiendo desempleo”, dijo.
Afirmó que de los $266 que recibe bisemanalmente del seguro por desempleo, $200 se los envía a su expareja para la manutención de sus dos hijos de 14 y 18 años de edad.

“Gracias a Dios, estoy viviendo en casa de mis papás y por lo menos no tengo que aportar pa comida y eso, pero en verdad se siente uno mal, ya que no aporta nada, sino con los 60 (dólares) y pico bisemanal (que les restan) echa uno gasolina para seguir gestionando empleo y rindiendo el peso hasta lo último”, narra Negrón, quien cuando se queda sin dinero recurre a tomárselo prestado a sus padres.

“Cuando no consigo nada, le dan a uno ganas de desaparecer”, admite el joven padre, quien en la desesperación de no conseguir trabajo y de estar a días de que le quiten la casa por su mente lo que pasa es el deseo de migrar.

“Estoy en el proceso de sacar dos o tres cositas que quedan allí (en la casa) para entregarle la llave (al banco). Es bien difícil; doce años nadando para morir en la orilla no era”, dice Negrón entre lágrimas, quien pidió a Metro que también divulgáramos su número celular (787-388-5819) por si alguien le quiere ofrecer trabajo ya que a la mayoría de las empresas a las que ha ido le han dicho que no están contratando y que a los que están les están bajando las horas.

La desesperante situación que viven las personas que no encuentran empleo va cada día en aumento. Las estadísticas de marzo del DTRH, publicadas la semana pasada, reportó un alza de 1,000 desempleados más cuando se compara con febrero de 2016.

Según DTRH, el número de desempleados boricuas es de 134,000 personas. El 44.5 % de los desempleados son jefes de familia; el 15.7 % es esposa(o) del jefe de familia, y el 29.2 % es hijo del jefe de familia. El restante 10.6 % se ubica en otros familiares del jefe de familia.  El informe de DTRH revela también que el 60.2 de las personas desempleadas en marzo “terminaron involuntariamente con su empleo y no esperan ser llamados”.
 

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