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A juicio de dos expertos en el ámbito de la salud, diversa es la palabra que mejor puede definir a los miembros de la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual y Transexual (LGBT) en Puerto Rico, pero también ese término representa una de las grandes dificultades para que esta población sea entendida. Así lo expresaron Carlos Rodríguez Díaz, profesor de la Escuela Graduada de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y Wilfred Labiosa, sicólogo del Centro Comunitario LGBTT de Puerto Rico. En entrevistas separadas, los estudiosos de la comunidad LGBT coincidieron en que, a pesar de los avances en derechos adquiridos que experimenta dicho sector —igualdad en el empleo, protecciones bajo la Ley 54 y más reciente aún, el derecho a contraer matrimonio—, todavía hay grupos renuentes a aceptarlos porque no creen en la diversidad. Esto, a entender de ambos, lo que hace es seguir fomentando el acoso y la discriminación hacia una población históricamente estigmatizada. De acuerdo con Rodríguez Díaz, la implementación ideológica es una de las grandes dificultades que se tiene en Puerto Rico para la aceptación de las diversidades en general. “Más allá de las diversidades por orientación sexual, es la imposición ideológica lo que nos afecta, el que se quiera que todas las personas crean de una misma forma, no hay mucho más que eso”, señaló el catedrático, quien llamó a la comunidad a exigir que se mantenga la separación del Estado y la Iglesia, a su entender uno de los principales escollos para el avance de la comunidad. “Que exista diversidad religiosa es buena, pero también aceptemos y abracemos las diversidades sin condición, que el estado haga el trabajo que tiene que hacer de asegurar que todas las diversidades sean respetadas, que se protejan sobre todo de discrimen, ese es el trabajo que tenemos que hacer socialmente para crear espacios seguros”, afirmó Rodríguez Díaz. Ante la pregunta de si en el país hay poca tolerancia hacia la comunidad LGBT, el también investigador en el área de salud sexual y VIH, respondió que no. “Lo que pasa es que el mensaje de odio se disemina con mucha fuerza”. “Estamos progresando pasito a pasito, a pasos de bebé, no estamos progresando a paso de adolescentes y creo que el contexto de ser una colonia de Estados Unidos nos ayuda en aceptar, quizás si no lo quiere la sociedad puertorriqueña, leyes de Estados Unidos que apoyan a la comunidad LGBT en la isla y eso nos ayuda bastante”, reconoció por su parte Labiosa, sicólogo del Centro Comunitario LGBTT, en referencia a la decisión del tribunal Supremo de Estados Unidos a favor de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. No obstante, Labiosa admitió que no estamos preparando a la comunidad heterosexual a trabajar con la diversidad de género. “Tuvimos tantas peleas con la equidad de género en el currículo de las escuelas para darle igualdad a las mujeres, que no creo que estamos preparando a la comunidad en general a trabajar con diversidad de género o diversidad de orientación sexual”, reveló. Añadió que, aunque muchas personas del área metropolitana y algunos pueblos del país se están educando sobre la comunidad LGBT, donde cuyos miembros viven abiertamente, reconoció que en muchos otros hay gay que todavía viven en la oscuridad, lo que genera depresión y, en casos extremos, intentos de suicidio. “Nosotros en el centro recibimos entre 50 y 100 personas cada mes con síntomas de depresión”, dijo, al tiempo que afirmó que también tratan muchos casos de personas que intentan suicidarse por no poder hacer pública su orientación sexual. “No tengo las estadísticas de Puerto Rico, pero hay un alto índice de tratar de suicidarse, eso sí que hay muchos casos y nosotros hemos bregado aquí en el centro con muchos de ellos, que por no poder salir del clóset abiertamente por el rechazo familiar o por el rechazo en el trabajo, intentan quitarse la vida”, expresó Labiosa, quien añadió que también vienen otros por la situación de violencia doméstica, así como padres buscando maneras de cómo tratar a sus hijos e hijas cuando salen del clóset. Precisamente, un estudio que realizó la entidad que dirige Rodríguez Díaz en la UPR a 233 personas que participaron en la parada de Orgullo Gay en San Juan el pasado año, encontró las principales barreras que experimenta los gay para salir del clóset: miedo al rechazo familiar, miedo a la discriminación y miedo al bullying. Además, dicho estudio reveló que la mayor cantidad de experiencias de discrimen fueron en escuelas o espacios educativos, incluyendo universidades.