Una aventura la cacería de las iguanas de palo

Por Cindy Burgos @Cindy_Andreina
La cita

“La iguana es una especie dañina según el Reglamento de Vida Silvestre y, por lo tanto, puedes atraparla y destruirla en cualquier momento”, dijo Miguel García, director del Negociado de Pesca y Vida Silvestre, para explicar la postura del Departamento de Recursos Naturales en torno a la caza de iguanas. La agencia no tiene postura en torno al consumo.

Como si se tratara de una nueva aventura de Indiana Jones, tres aguadeños se adentran en cualquier monte o jardín del oeste con el propósito de acabar con una plaga: las iguanas (gallinas de palo).

Con ropa de camuflaje, sombrero y rifles de perdigones, Julio Feliciano, José Jiménez y Oti Hernández acuden a donde cualquier agricultor, ama de casa o ciudadano que los llame con el propósito de reducir la cantidad de reptiles que merodean por sus propiedades.

“Cuanto más chiquitas, más daño hacen, porque están comiendo todo el tiempo. Se comen los huevos de la reinita, raspan los troncos de los árboles y se comen cualquier flor o fruto”, explicó a Metro Feliciano, quien es bombero.

Los Iguaneros de Aguada, como se hacen llamar, aseguraron que cazar iguanas no es cosa sencilla. Como se encuentran la mayoría del tiempo trepadas en árboles, hay que afinar el ojo para distinguirlas entre las ramas y apuntarles con el rifle en la cabeza. “Si les disparas en el cuerpo, tiene un sistema que evita que el perdigón entre y, eventualmente, lo expulsa”, explicó Feliciano. 

Pero el servicio de los iguaneros, que siempre es gratuito, no es solo cazar los reptiles. “Si la persona quiere la carne, la pelamos y se la dejamos lista para cocinar”, aseguró Hernández, quien se inclina por prepararlas en fricasé. Los hombres no temen a las amenazas de que pudieran tener salmonela, ya que en el oeste “los cuerpos de agua son más limpios”. Aseguraron que muchas personas pudieron haber comido iguana pensando que era pollo, pero la diferencia es que el reptil “es más limpio, no tiene grasa”.
Los hombres mantienen comunicación con una investigadora, quien les solicitó muestras de iguanas para compararlas con las de otros países. “Este podría ser un gran negocio”, dijeron.

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