Eva N., una vecina de la localidad de Sturovo en Eslovaquia, estaba aburrida de escuchar los ladridos de un perro que vivía en una casa aledaña. Y no es que el can no se callara nunca, sino que de vez en cuando decía los típicos “¡Guau!”.

Y cada vez que esto pasaba, la mujer reclamaba para sí misma. Hasta que un día decidió que si el animal ladraba fuerte, ella sería aún más ruidosa. Así que fue a buscar su CD de la opera Il Trovatore y con voz de Plácido Domingo, y la colocó a todo volumen.

La idea le gustó, por lo que cada vez que oía los ladridos del perro, ella iba y ponía el álbum en su radio. Y así fue durante meses, hasta que de puro odiosa decidió que no iba a esperar que el can hiciera lo suyo para atormentar a todo el barrio.

Así que apenas despertaba, cerca de las 06:00 horas, iba y colocaba el CD. Y lo reproducía el día entero sin bajar en lo más mínimo el volumen.

Los vecinos fueron a reclamarle, pero no lograron frenarla. Al revés, solo lograron que nunca dejara de sonar la música, salvo cuando iba a dormir. De esta forma estuvieron por muchos días escuchando al español desde que amanecía, mientras que a las 22:00 horas sagradamente, la voz se detenía.

Un día, el perro murió. Y pese a que todos sabían que la ópera se escuchaba pese a que el animal no ladrara, pensaron que quizás ahora si ella terminaría con su venganza.

Y si, la mujer paró de escuchar la música, pero no para dejar su venganza, sino que para incrementarla. Sólo ponía los cuatro minutos finales del aria “Di quella pira”. Si antes era una pesadilla, ahora era el mismísimo infierno.

Llamaron a la policía y ellos le dijeron que parara con el temita. Pero no, Eva no aceptó y siguió. Luego los vecinos fueron a la justicia y durante un largo tiempo pelearon en tribunales para lograr ponerle freno a la mujer. Sin embargo, mientras todo esto pasaba, el maldito Plácido Domingo seguía sonando a todo volumen.

Pero como dice el dicho, “la justicia tarda, pero llega”. Los jueces la obligaron a cortarla y si no obedecía, sería detenida. Y odiosa como ella, no hizo caso y siguió con su CD hasta que la policía llegó a detenerla, apagando al fin la radio.

Al final, luego de la increíble cantidad de 16 años, el aria “Di quella pira” llegó a su fin definitivo. “Toda la calle está sufriendo. No hay ni un momento de paz”, había dicho una vecina al diario eslovaco Sme hace un tiempo. Ahora al menos, la paz llegó para ella.

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