Entrevista con Verónica Castro por La casa de las flores

Drama, secretos, una familia disfuncional y una Verónica Castro que vuelve a la pantalla chica después de casi una década, es lo que se encontraron desde la semana pasada los usuarios de Netflix con La casa de las flores.

La serie, creada por Manolo Caro y protagonizada por Aislinn Derbez, Cecilia Suárez y ‘la Vero’, mostrará que los secretos a veces es mejor dejarlos bien guardados o la vida se pone de cabeza.

En esta ocasión, Castro no será la típica protagonista de telenovela.

De hecho, aseguró que su papel la sacó del molde y que tiene algo de miedo por saber cómo recibirán sus fanáticos de toda la vida su interpretación.

Verónica se puso los zapatos de Virginia de la Mora, la matriarca de la familia, con la que tuvo que enfrentarse a temas que nunca se tocaron en las novelas que la hicieron mundialmente famosa y que, como ella misma dice, es lo que el público está pidiendo porque hace parte de la realidad. 

Entrevista con Verónica Castro por La casa de las flores

No debe ser sencillo volver al ruedo después de tantos años con las grabaciones, los seguidores, la prensa…

Es lo mismo de siempre, pero con 52 años más. Sabes, tengo mucha emoción, como si fuera la primera vez, tengo ansiedad y quiero saber qué piensa la gente joven que no me conoce y qué van a pensar mis viejos que no esperan verme haciendo todo lo que hago en la serie.

¿Qué fue lo que la conquistó de Virginia que la hizo volver?

Fíjate que nada, no me conquistó nada (risas). De haber sabido no sé si habría aceptado el papel porque Manolo me la presentó diferente.

Él me mintió y me dijo “eres una mamá amorosa, dueña de una casa llena de flores” y ahí pensé: ‘me encanta, voy a vender flores, qué bueno, voy a aprender a tomar clases de cómo arreglar flores y ponerme un delantal y venderlas’, pero no, ¡no me dejaron ponerme ni una flor encima!

¿Por qué espero casi una década para volver?

Nada me llamaba la atención, es que la televisión está cambiando y no me está gustando lo que se está haciendo.

Ya no son telenovelas, ahora hablamos de Netflix…

Fíjate que siento que entré en un mundo desconocido y pienso: ‘¿será que me gusta?, ¿será que sí les gusta?, ¿les funciono?’ Tengo mucha tentación de ver y probar esto que es nuevo.

¿Al momento de rodar dista mucho del mundo de las telenovelas?

Es totalmente distinto porque el mundo de la telenovela es más rápido y aunque  siempre debe parecer verdad, esto de las series tiene que verse más real. Además, se tocan temas más actualizados que los millennials están pidiendo. Esto es drogas, sexo, dinero… en las telenovelas era imposible tocar esos temas.

En La casa de las flores compartió set con una nueva generación de actores, ¿cómo le fue?

¡Divinamente! Se las saben todas. Son rápidas, malditas escuinclas (risas). Todas flacas, divinas, sin arrugas y no hablan como nosotras las actrices antiguas que movíamos la boca y los ojos, y nos salían todas las marcas. Eso sí, tengo mucho que aprender todavía de la juventud.

Su personaje tiene una relación directa con la marihuana…

Estoy muy preocupada (risas). De verdad estoy preocupada con mis viejos, con mi gente porque no sé si vayan a ver Netflix, pero nunca quise dar mal ejemplo en la televisión y ahora siento que en La casa de las flores estoy dando todos los malos ejemplos que pueden existir; esto es sexo, drogas y rock and roll a lo que da.

Esto me costó, debo decir que sí me costó aceptarlo, pero es lo que está pidiendo la gente de ahora y por fortuna, por desgracia o por lo que quieran, he durado, estoy viva, aún tengo energía y todavía tengo fuerza para seguir adelante y tengo la oportunidad de trabajar y quiero hacerlo. Esto es renovarse o morir.

Hasta sale cantando una canción de su hijo Cristian Castro…

Sí, le dije que Manolo me había puesto a cantar ‘vete mucho a la chingada’ y me dijo: ‘No es cierto mamá, me estás mintiendo’, y le dije que no, ya después fue: ‘Adoro a Manolo, qué buena onda’. La de Yuri sí me costó un poco más, eso sí, ambos los disfruté, para qué te digo mentiras.

¿Cree que con esta serie Manolo Caro le dio otro aire al melodrama?

Completamente, y pido disculpas porque a mí me llamaron para hacer un papel dramático y lo hice lo más dramático posible, pero la gente terminó riéndose y burlándose de mí.

Fue un humor involuntario y le dije a Manolo: ‘Tu humor no es negro, tu humor es sui generis, que no tiene nada que ver con el humor negro’.  A Manolo le queda mucho porque puede empezar a escarbar en Latinoamérica y le van a salir unos temas arrolladores. 

¿Cómo le va con las redes sociales?

Las amo, las adoro, creo que es la mejor forma que tengo de ‘tocar’ a las personas de otros países y que nunca pude, en los 50 años de vida y carrera, decirles cómo soy, decirles lo que me gusta y lo que no me gusta.

Me encanta contarles mis chismes, mis verdades, es un desfogue y ya me relajo y les digo todo para que entiendan cómo soy.

Para conocer más detalles de la nueva serie de Netflix, La casa de las flores:

 

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