Hablamos con el mexicano Guillermo del Toro sobre su, digamos, monstruo afable, en el que una mujer dueña de casa vive un romance erótico con una criatura de una laguna negra del Amazonas. No es extraño que nos aproximemos al género fantástico, especialmente, sin dejar de hacer homenaje a los clásicos del periodo. De todas formas, Del Toro ubica su historia en la Guerra Fría de los años sesenta, pero muy cerca del estilo de película B. Este proyecto de larga gestación emite ahora sus primeros signos de vida. Y por el aplauso general, es un serio candidato al Oscar.

¿Por qué tardaste tanto en hacer esta película?
– Me tomó seis años, pero para mí fueron más, porque quise hacer estrictamente una película de monstruos en la que una expedición va al Amazonas, encuentra una criatura, la mujer se enamora de ella, porque se da cuenta de que la criatura es más que especial que los dos científicos idiotas que están con ella. Pero eso no funcionó, no podía funcionar. Así que lo guardé. En 2011 Danial Kraus, con quien trabajé en “Trollhunters”, dijo que tenía una idea sobre un portero que se enamoraba de una criatura en una instalación gubernamental. Y pensé, ¡eso es! Eso respondió todo, me hizo mucho sentido.

¿Eso fue lo que retrasó la producción?
– En cierta forma, sí. Porque financié las primeras etapas del diseño. Después, en 2014, lo metí al estudio. Exactamente lo que hice con “El laberinto del fauno”. Mostré los modelos y los dibujos al estudio y conté la historia de principio a fin. En ambas ocasiones, al final de la historia, estaban llorando y diciendo: “Lo haremos”. Pero querían hacerlo en blanco y negro. Y dije: “Una película política donde hay una historia de amor entre una mujer y un pez no puede suceder en blanco y negro”. Esa fue mi única exigencia: hacerla en color.

¿Qué te inspiró a crear esta criatura?
– Hay una hermosa tradición en los hombres anfibios. No los he amado a todos, pero lo que tomé visualmente fue un grabado japonés. Quería que los peces fueran negros con sólo con unos pocos toques de color. Me tomó tres años. Comenzó en 2013 y no terminó hasta que comenzamos a filmar.

Pareciera ser que el sexo es muy importante en esta película. ¿Fue eso algo por lo que tuviste también que luchar?
– Hay algunos elementos de la historia de “La bella y la bestia”. Y algunos de ellos son puros, pero patriarcales. Y no tienen sexo, porque la bestia se convierte en un príncipe. Los otros son demasiado perversos. Para mí ninguno de esos dos lados era interesante. Quería hacerlo como una historia de amor que incluyera el sexo.

¿Es por eso que lo hiciste a él tan serio?
– ¡Sí! Pero también era importante para mí saber que la mujer no era una princesa blanca. Se masturba en las mañanas, hace huevos de tres minutos y tres minutos de masturbación, usando el mismo tiempo. Y aún así puede mantener su pureza. A veces la gente confunde pureza con inocencia. Para algunas personas, si es que vas al territorio sexual ya no puedes tener más la pureza. Y yo digo que puedes, y debes. No es una película perversa, es en realidad muy dulce.

¿No es una historia personal tuya, porque toda tu vida estuviste enamorado de monstruos?
– Sí. Pienso que lo más maravilloso es la perfección. La imperfección no es mejor representada que por monstruos. La imperfección es tolerancia. Y los monstruos son santos patrones de eso. Es el más supremo acto de amor que podemos hacer como seres humanos para vernos. Si me ves, yo existo. Y te veo como eres. No quiero que seas diferente. Ese es el máximo acto de amor. Los monstruos se presentan exactamente como son. Para un monstruo es imposible mentir. Por eso son tan importantes. Para mí, la criatura de la laguna negra es King Kong. El rey es “La Bella y la Bestia”, y “La Bella y la Bestia” es un cuento de hadas. Y uno de los cuentos de hadas de monstruos aceptados es el “Magic Fish”, un pez que es tomado por el pescador y el pez dice: “Si me arrojas al agua te concederé tres deseos”. Y así es como el pez le revela al ser humano la verdadera naturaleza de su alma o el alma de su esposa… Todas estas cosas estaban rebotando en mi cabeza mientras intentaba armar este proyecto.

Mientras trabajabas en esto, Trump llegó a la Casa Blanca.
– No, Trump estaba ahí mucho antes… (risas).

¿Tienes problemas con EEUU?
– ¡Soy mexicano! Pasé por los procesos de migración. No es fácil. Nunca ha sido fácil. Nunca ha dejado de serlo. Durante la administración de Obama, las fuerzas que se oponían a cualquier cosa progresista estaban tan vivas como ahora. Este es un país que salió de una guerra civil, entre el norte y el sur. Eso nunca fue sanado. Esas cosas eran evidentes antes de Trump, pero conscientemente dije que quería hacer que no fuera por el 62, quería hacerlo por ahora. La película es sobre ahora.

¿Siempre te has sentido como un extranjero?
– Mira, era un niño que pensaba en Christopher Lee, Lon Chaney, Boris Karloff… conocía a Terence Fisher, James Whale… ¿Sabes con cuánta gente hablé de eso? ¡Con ninguna! Yo era algo más. Es por eso que mis películas son así. Es porque soy mexicano. No veo la vida y la muerte como un estadounidense, lo mismo con la belleza y con las bestialidades. Soy completamente mexicano.

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