Samuel L. Jackson: “No hemos terminado”

Uno de los más rentables y activos actores de Hollywood, Samuel Jackson, conversó con Metro, el único medio local invitado a la rueda de prensa de la nueva propuesta de Warner Bros., The Legend of Tarzan, sobre su participación y hasta sobre su entrenamiento con pilates

Por Félix Caraballo

¿Cuántos stunts pudiste hacer?
—¡Todos! No hubo entrenamiento para brincar desde objetos, pero tuve que ingeniármelas para treparme en la espalda de Alex. Eso sí, entrené con las pistolas y no con actividad física, porque no tuve peleas coreografiadas. Tenía que lucir como si tuviese un vasto conocimiento en armas.

¿Cuán difícil es lidiar con el green screen e imaginar que hay cosas ocurriendo?
—De la misma forma que ocurría cuando uno estaba solo en su cuarto pretendiendo que algo existía. Tengo una imaginación muy avivada. Siempre la he tenido. La primera vez que lo hice fue con George (Lucas) en Star Wars, y, mientras más lo haces y te diviertes, luce más real. Siempre he tenido eso en mi cabeza, desde cuando peleaba contra piratas en mi cuarto, con un palo o gancho de ropa viendo a cuántos podía derrotar.

¿Qué les puedes decir a las personas que no les apela el personaje de Tarzán?

—Que no es el Tarzán de su juventud al que se referían como el Rey de la Selva. No es el Tarzán policiaco que mantenía a los nativos en línea, a los animales en su lugar y que vivía en un árbol con Jane. No es el personaje que, si venía alguien que hacía algo mal, los ponía en línea también. No se trata de ese Tarzán.

Realmente, es como una historia de origen. Te enteras de por qué le llaman el Tarzán de los Simios y su relación con ellos, de cómo lo trataron y cómo él los amaba. Además, se ve cómo él se convirtió en humano cuando un grupo de nativos lo toman y le enseñan lo que es ser una persona, y como él se relaciona con ambas comunidades: la de los humanos, porque pertenece a ese grupo, y la de los animales, porque es mitad animal.

¿Qué me puedes decir de los personajes basados en la realidad del filme?

—Existen dos personajes reales en este filme: el mío y el de Christoph (Waltz), el líder del ejército de mercenarios del rey Leopoldo de Bélgica en el Congo. Mi personaje, George, es fascinante. Mintió sobre su edad y peleó en la guerra civil como un adolescente. Tiene una oscuridad en su ser debido a la guerra.  Es un poco rebelde y mintió sobre ciertas cosas para llegar a diferentes lugares y conocer a ciertas personas. Mintió sobre ser un emisario del presidente de EE. UU. para llegar a Europa y al Congo y así comprobar lo que había oído de Leopoldo.

¿Qué opinas de que tu personaje, y no un hombre blanco, fuera quien salvara a África?
—Fue importante ser parte de la narrativa. La gente se quejaba de un salvador blanco en todas las películas (de Tarzán). Él es el vehículo que une a los animales y a las diferentes tribus, pero la determinación y coraje de George es muy importante para la historia. Es genial que mi personaje pueda estar ahí hasta el final. George es interesante e importante y nunca logró regresar a EE. UU.  George no está muy alejado de la esclavitud. Solo llevaba una o dos generaciones (de que se hubiera eliminado la esclavitud en EE. UU.). 

Tu personaje y Tarzán forman un dúo interesante. Cuéntanos.

—Ellos forman una amistad. David se esforzó para crear uniones entre los personajes del filme. Aunque Jane y yo no nos vemos desde el principio, creamos una buena amistad, y, cuando George llega a la aldea, su relación y entendimiento con los nativos del lugar aumenta por la forma en que ellos lo aceptan. Algo curioso de África, especialmente viniendo desde América, es que los africanos te saludan diciendo: “Welcome home”.

¿Estás dispuesto a regresar para una secuela?

—Sería genial si el filme funciona. No hemos terminado con la historia. El rey Leopoldo estipuló que daría una recompensa a cambio de la vida de George.

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