Muhammad Ali: el mundo recuerda sus frases más famosas

Por Inter News Service

San Juan, 4 jun (INS).- El afamado y legendario boxeador Muhammad Ali, fallecido ayer a los 74 años producto de problemas respiratorios y del Parkinson que sufría hace más de 30 años, dejó un legado para el mundo del deporte, por su calidad boxística, su personalidad y su reto a la discriminación y el racismo.

Su capacidad para hablar interminablemente y su lengua mordaz deleitaba a los periodistas deportivos y desquiciaba a sus rivales.

Sus comentarios solían burlarse de su oponente, prediciendo su derrota en rimas y versos sencillos que producían carcajadas en todos, menos en los aludidos.

En el adiós, acá se recuerdan 25 de sus más famosas frases.

“Lo más importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad (Parkinson) para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera”.

 “No soporto ver sangre. En muchas de mis peleas, tenía que mirar para otro lado”.

“Soy tan rápido, que cuando apago la luz me meto en la cama antes de que todo el cuarto quede a oscuras”.

“Un hombre que ve el mundo a los 50 años igual que a los 20, ha perdido 30 años de su vida”.

“Yo debo estar loco para seguir haciendo esto. Siempre saco lo mejor de cada uno de los hombres con los que peleo, pero Joe Frazier, yo se lo digo al mundo, saca lo mejor que hay en mí. Es un demonio de hombre, se los digo. Que Dios bendiga a Joe Frazier” (tras vencerlo en el combate de Manila, Filipinas, en 1975).

“El mundo perdió a un gran campeón. Siempre recordaré a Joe con respeto y admiración” (tras la reciente muerte de Joe Frazier).

“¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10 mil millas de casa y arrojar bombas y tirar balas a gente de piel oscura mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No voy a ir a 10 mil millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y quemar a otra pobre nación simplemente para continuar la dominación de los esclavistas blancos” (ante su negativa a ir a la Guerra de Vietnam).

“Nunca le aprietes la mano así a un boxeador, hombre. Ya estás haciendo bastante sólo con mirarme a los ojos” (a un fan que le estrechó la mano muy fuerte).

 “Esta es la leyenda de Muhammad Ali. Tiene izquierda. Tiene derecha. Si te pega una vez, duermes toda la noche”.

“Yo fui el Elvis Presley del boxeo, el Tarzán del boxeo, el Súperman del boxeo, el Drácula del boxeo, el gran mito del boxeo”.

“¿Cuánto mides? Tengo que saber de antemano cuánto retroceder para cuando te caigas” (se los decía a sus rivales al momento del pesaje).

“Soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Soy un maestro del baile, un verdadero artista del ring”.

“Los campeones no se hacen en gimnasios. Están hechos de algo inmaterial que está muy dentro de ellos. Es un sueño, un deseo, una visión”.

“Odié cada minuto de entrenamiento, pero me dije: ‘No renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón’”.

“De chico le pedía a mi hermano Rudy que me tirara piedras. Y yo las esquivaba, una por una. Así es como aprendí mis movimientos, esquivando piedrazos”.

“Pueden abuchearme, gritarme o tirarme maníes. ¡Mientras paguen para entrar!”.

“Su marido está bien, señora Folley. Y de paso quiero saludar a sus hijos. Tienen que estar orgullosos de su padre” (desde el ring habló con la mujer de Folley, a quien acababa de noquear).

“¡Tráguense sus palabras! ¡Tráguense sus palabras! ¡Soy el mejor!” (un Ali eufórico ante los periodistas que lo habían tildado de bocón antes de que venciera a Sonny Liston).

“Soy el más rápido, el más rudo y el más lindo”.

“Flotar como una mariposa, picar como una abeja. Tus manos no le pueden pegar a lo que tus ojos no ven”.

“Si sueñas con ganarme, será mejor que despiertes y pidas perdón”.

“El otro día luché contra un cocodrilo, peleé contra una ballena, he esposado relámpagos, he encerrado en la cárcel a truenos, yo asesiné a una roca, he herido a una piedra, hospitalicé a un ladrillo, soy tan malo que hago enfermar a la medicina”.

“No fui muy listo en la escuela, pero no me avergüenzo. Lo que quiero decir es, ¿cuánto dinero puede ganar el rector de un colegio?”.

“Soy la parte que ustedes no reconocen, pero acostúmbrense a mí. Negro, seguro de mí mismo, engreído”.

“Cuando eres tan grandioso como yo, es difícil ser humilde”.

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