Opinión | La lista para el representante Abid Quiñones

Lea la columna del Trabajador Social, Larry Emil Alicea Rodríguez

Por Larry Emil Alicea-Rodríguez

Ciudadanos invisibles. Es una expresión fuerte sobre la niñez, pero muy reveladora de su situación en Puerto Rico. La frase fue acuñada por la doctora Marinilda Rivera, trabajadora social en un libro en el 2014 basado en una ponencia con ese nombre realizada en el 2005 por el abogado Jaime Conde. En su escrito académico, la doctora Rivera destaca el estado de situación precario de la niñez en las políticas de salud mental. En sus páginas esboza resultados de investigaciones que detallan que este sector poblacional aparte de una situación crítica en los aspectos de salud mental experimenta de forma cruda la pobreza en un 56 por ciento. Otros problemas que destaca son el maltrato infantil juvenil, homicidios, suicidios, deserción escolar y uso problemático de sustancias.

Aunque el país cuenta con cientos de organizaciones sociales que prestan servicios a esta población, la ausencia de una política social articulada y coherente hacia la niñez provoca que miles de niños estén descubiertos de sus necesidades básicas. Esto tiene como consecuencia que se le violen los derechos en todos los aspectos de su cotidianidad.

Como trabajador social llevo 21 años trabajando con la niñez sobreviviente de abuso sexual. Al escribir estas líneas, soy consciente de mi ubicación. He sido un intercesor por los derechos de este grupo poblacional. En las últimas semanas diversos sectores sociales y hasta políticos han realizado un reclamo por la apertura de los comedores escolares para garantizar el derecho a la alimentación de los niños y niñas de Puerto Rico. Uno de los grupos más vocales ha sido el Task Force Social del Pueblo, la Mesa Social y decenas de organizaciones. La exigencia de esta apertura se fundamenta en la inseguridad alimentaria que vive Puerto Rico que de acuerdo con el Departamento de Agricultura Federal se configura cuando se restringe o es insuficiente el acceso a alimentos por causas no voluntarias.

La inseguridad alimentaria está asociada a deterioro en la salud, presión alta, depresión y otros problemas. En un estudio publicado por el Instituto de Estadísticas en el 2015 los resultados arrojaron que la prevalencia es mayor en la Región de Arecibo, seguido por Bayamón y Caguas. Estas regiones corresponden al arreglo regional de pueblos del Departamento de Salud entre los que se encuentra Lares. 47.6 por ciento de las mujeres y un 44.3 por ciento de los hombres experimentaron inseguridad alimentaria. Lares era el segundo pueblo con mayor inseguridad alimentaria. El estudio concluyó que muchas de estas personas no pudieron consultar a un médico por razones económicas. Las que tenían un ingreso menor a $25,000 al año tenían 3.26 veces la probabilidad de pertenecer al grupo con inseguridad alimentaria. En fin, el estudio revela cómo el empobrecimiento que viven miles de personas en el país impacta áreas cruciales en su vida y le priva de lo mínimo necesario para sobrevivir.

Uno de los impactos mayores del empobrecimiento lo reciben las niñas y los niños. En algunos municipios de Puerto Rico, la cifra de pobreza infantil llega al 84 por ciento de acuerdo con el Instituto del Desarrollo de la Juventud. Esta organización postula que comparado con los Estados Unidos, los niños y niñas de Puerto Rico tienen las peores condiciones económicas. Si se amplían los datos, el panorama es desolador. 35 por ciento no asistía a clases, cerca de 20,000 no tenían acceso a plan médico y 368,000 vivían con padres que no tenían ingresos seguros. Toda la precariedad que ya existía se agudizó luego de María, los terremotos y ahora con la pandemia del COVID-19.

No hay que tener un grado académico para saber que las niñas y niños en Puerto Rico pasan hambre. Más de la mitad de la niñez en Puerto Rico vive en hogares monoparentales de acuerdo con los estudios mencionados. La Directora del Banco de Alimentos, Denise Santos ha puntualizado esa inseguridad en los niños y niñas como uno de los grupos con mayor vulnerabilidad.

Por eso, me sobrecogió leer dos publicaciones en la red social de Twitter realizadas por el Representante Abid Quiñones. El representante aparenta oponerse a la apertura de los comedores escolares que se reclama por las organizaciones sociales del país. En su perfil público de la Cámara de Representantes indica que se crio en un residencial público y tuvo que trabajar en empleos precarizados. De su perfil se nota que se ha esforzado por superar las condiciones de empobrecimiento que se presume tuvo que experimentar. En su primera publicación detalla y lo cito tal como escribe: “Quisiera me hicieran la lista d los niños que están pasando hambre en mi distrito para con muchísimo gusto llevarles comida. Pero, creo que utilizar ese argumento como crítica al gobierno x estar los comedores cerrados es muy pobre”. En una segunda publicación añade y nuevamente lo cito como lo escribe: “Si se abren, las filas serían enormes y estaríamos exponiendo nuestra gente a contagio y a no cumplir con el distanciamiento que se debe tener”.

La Gobernadora de Puerto Rico desde su cuenta oficial indicó que le gustaba el comentario realizado por el Representante. Y consterna leer esto y observar que la Gobernadora, quien se ha negado a abrir los comedores avale esto en las redes sociales. Precisamente, hablamos de la Gobernadora y el Representante del Partido de la mandataria que luego de un mes de encierro no ha podido articular una respuesta gubernamental que permita realizar las pruebas necesarias y el rastreo de contactos. La Gobernadora y el Representante cuya gestión de Gobierno experimenta múltiples investigaciones de corrupción y negligencia en el desempeño gubernamental con la situación del COVID-19.

Las críticas al Gobierno no son pobres. Lo que es pobre es la respuesta del Estado. Para todo llamado de acción, la Gobernadora usa la pandemia para esconder su incompetencia. No se puede usar de excusa las filas, porque precisamente el Gobierno ha provocado filas inmensas por todo el país para poder comprar alimentos. Inclusive, no son necesarias las filas con un proceso adecuado de despacho o servicarro. La seguridad de las empleadas de comedores escolares se garantiza con la puesta en vigor de un protocolo de seguridad en las facilidades donde se preparen los alimentos. En Estados Unidos se han establecido rutas de entrega y mecanismos seguros para despachar alimentos usando las facilidades educativas. Nada de lo que solicitan las organizaciones sociales son inventos nuevos. Todas las recomendaciones parten de experiencias que han surgido en otras jurisdicciones y en los trabajos que ya realizan las mismas organizaciones en las comunidades y grupos a menor escala.

Las ideas y acciones necesarias para responder a las situaciones sociales que se exacerban en el contexto de la pandemia se han llevado a la Fortaleza y se han publicado a través de diferentes medios. Lo que falta es liderazgo y deseo para articular una respuesta rápida y segura a las necesidades del país. No hay que proveer una lista al Representante Quiñones. Lo que necesita el legislador es quitarse la venda de los ojos y colocarse una mascarilla de seguridad y salir a las comunidades del pueblo de Lares. El segundo con mayor inseguridad alimentaria.

Representante: ¡haga su trabajo!, por el que cobra miles de dólares de los impuestos que pagamos las personas. No tenemos que enviarle la lista. Usted y la Gobernadora son responsables por la agudización de la precarización en el contexto de la pandemia. Tienen la responsabilidad por las miles de familias que todavía no han recibido la ayuda del desempleo, por las líneas de ayuda que suenan pero nadie contesta al otro lado, por los viejos y viejas que se mueren de soledad sin sus necesidades básicas, por las miles de solicitudes de asistencia nutricional rechazadas por tecnicismos. Su partido es responsable de la desarticulación de los servicios públicos a través de la ley 7 que despidió a miles de empleados públicos que hoy son necesarios para poder enfrentar esta crisis. Los culpables son ustedes. Váyase usted y su equipo de trabajo a caminar por su pueblo y se dará cuenta que la lista de los niños y niñas con hambre es más larga de lo que cualquiera de nosotros pueda imaginar.

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