Opinión de Julio Rivera Saniel: Asqueroso

Lea la columna de opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Puerto Rico ya va convirtiéndose en un veterano de mil batallas. Esta última década (y un poco más) nos ha dado fuerte. Tanto que ya toda una generación de puertorriqueños no sabe otra cosa que no sea vivir en “austeridad”; de crisis en crisis. Pensando que ya se ha tocado fondo solo para descubrir que lo que trae la próxima vuelta es un reto aún mayor. Primero la crisis económica que trajo recortes en derechos adquiridos y despido de empleados. Luego dos huracanes se fueron solo para traer terremotos y, ahora, este cierre que no parece que acabe pronto y que, de seguro, nos dejara como legado una profundización de la crisis económica.

Pero en medio de todas esas crisis, los oportunistas no han perdido tiempo para sacar provecho de la tragedia. Tras María llegó Whitefish. Y ese nefasto “Tu Hogar Renace” que, a juzgar por cientos de testimonios, hizo muy poco por rehabilitar los hogares de miles de afectados y mucho por despilfarrar dinero público. Llovieron los contratos dudosos. Como aquellos a la compañía de la Florida para confeccionar toldos azules que nunca llegaron. O aquel otro en el que FEMA comisionó a la dueña de una compañía de “catering” sin experiencia la tarea de cocinar millones de platos de comida para refugiados locales que nunca llegaron. Y ahora, para ser consistentes con la calamidad y el oportunismo, nuevas sombras se levantan sobre la otorgación de esos contratos de emergencia para los que se borran las fronteras de los controles gubernamentales anticorrupción bajo la excusa –válida – de la premura.

El primer cantazo ha llegado en la forma de un contrato por $40 millones para traer a la isla un millón de pruebas de Covid19. Mientras el país aguarda por recibirla para poder realizar pronósticos certeros del lugar en el que nos encontramos en medio de esta emergencia que amenaza con cobrar miles de vidas a nivel local, Salud otorgaba contratos a compañías inexpertas, sin vínculos con el mundo científico, para traer las pruebas en cuestión. ¿Qué les cualificaba? Solo la premisa aquella del dime con quién andas. Si eres de “los míos” las normas no importan. Tampoco el sentido común. Antes que el país va a aquello del hoy por ti y mañana por mí, siempre con el guiso con dinero público como telón de fondo. Mientras cientos de personas aguardan a nivel local para diagnósticos certeros, alguien en Salud decidió jugar a la mafia para jugar “pa’l equipo”. Su equipo. Entonces, cuando todo se hace público, nadie sabe, nadie oyó, nadie vio nada. Alguien decidió jugar con dinero público. Apostar a ver qué pasaba. Jugar al suplidor para salvar sus finanzas personales en momentos de crisis económica. Solo que el juego salió mal y, en la otra esquina para pagar las consecuencias, todo el país que aun hoy a dos meses del comienzo de la crisis por el #COVID19 sigue apostando a las “corazonadas” ante la ausencia de la información científica que esas pruebas proveerían y que permitirían tener una idea precisa de cuanto éxito o fracaso tendremos a la hora de enfrentar el coronavirus. Todo un mes de espera por las pruebas perdido en el jueguito que ahora habrá que volver a comenzar.

No sabemos cómo acabara esta partida, pero lo que si queda claro es que –por lo visto- la plaga del amiguismo y el favoritismo político partidista siempre sirven para ganar en el juego del guiso con los chavitos de todos. Pero en esta ocasión se excedieron. Jugar con las vidas de miles de personas es, por lo menos, asqueroso.

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