Opinión: Una epidemióloga que no compone nada

Puerto Rico tiene un número indeterminado de casos sospechosos, y las autoridades —cada vez que pueden— repiten que no hay casos de coronavirus confirmados

Por Aiola Virella

El mundo atraviesa por una pandemia. Al momento de escribir estas líneas, hay casi 130 mil personas afectadas por el coronavirus a nivel global. Puerto Rico tiene un número indeterminado de casos sospechosos, y las autoridades —cada vez que pueden— repiten que no hay casos de coronavirus confirmados. La razón es sencilla: no hay pruebas con resultados. Y como dice el refrán: ojos que no ven, corazón que no siente.

Peor aún, la señora que ocupa el puesto de epidemióloga del Estado, la doctora Carmen Deseda, dijo que, al no tener casos confirmados, estamos en una jurisdicción de “bajo riesgo”. Y bajo esa premisa, se determinan las medidas de prevención con personas que podrían estar expuestas a pacientes sospechosos. Detengámonos a analizar el rol y el trabajo de esta persona que ocupa el cargo de epidemióloga del país en medio de una crisis de salud.

La Organización Mundial de la Salud detalla los atributos de la comunicación efectiva de riesgos de salud, y entre estos se encuentran que la información sea disponible y que sea precisa. Artículos académicos apuntan al rol interdisciplinario de la epidemiología en momentos de crisis y cómo la comunicación social es un elemento de principal aplicación del método epidemiológico. Sin embargo, la doctora Deseda se distancia de la comunicación y le huye como el diablo a la cruz.

Nuestra experiencia ha sido que no podemos conseguir hablar con la funcionaria para llevar datos, que solo ella custodia, de forma precisa a la ciudadanía. Por ejemplo, ayer, luego de múltiples gestiones y desplantes a horas de entrevistas acordadas, la funcionaria pública atendió a este medio ya casi cayendo la noche. Se hizo guardia para poder hablarle por cinco minutos, que logramos extender a 12, pero las respuestas fueron nulas. No pudo precisar un desglose (por género, edad, procedencia y síntomas) de los casos sospechosos que se atienden en diversas instituciones hospitalarias de Puerto Rico. No pudo ofrecer un estimado de la cantidad de personas expuestas a pacientes sospechosos y no quiso opinar como “experta” si las medidas de la administración de Donald Trump se tomaron a tiempo.

Deseda ha sido la epidemióloga ausente, y no solo en sentido figurado, sino que, al momento de activar el protocolo de coronavirus y del manejo inicial de los casos sospechosos, no estaba en Puerto Rico. Este medio pudo corroborar que estuvo fuera de la isla en gestiones personales, y aunque se ha dicho que también atendió a algún taller del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco respondió a la pregunta directa sobre cuál era ese taller. Simplemente, decidió responder que, a su juicio, no era pertinente la pregunta.

Ante la falta de información que propicia esta doctora, cada vez resuena más fuerte la expresión “qué mucha falta hace Johnny Rullán”. Más allá de replicar esa expresión, podemos afirmar que ahora mismo tenemos una epidemióloga que no compone nada. Hay personas a las que se les hace difícil cambiar y rectificar. Esperemos, por el bien de Puerto Rico, que la administración asuma con mayor responsabilidad el peso del momento histórico que vivimos.

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