Trump y su derecho a permanecer callado

El reporte que emitió el fiscal especial Robert Mueller sobre los lazos de Rusia y la campaña de Trump en las elecciones de 2016 es devastador en términos políticos, y sin duda, la oposición demócrata utilizará el informe de más de 400 páginas como arma fiscalizadora.

Por Leo Aldridge

Los abogados de Donald Trump tenían un solo trabajo: evitar que su cliente fuera acusado criminalmente en una corte de justicia. Y lo lograron.

El reporte que emitió el fiscal especial Robert Mueller sobre los lazos de Rusia y la campaña de Trump en las elecciones de 2016 es devastador en términos políticos, y sin duda, la oposición demócrata utilizará el informe de más de 400 páginas como arma fiscalizadora. Derecho tienen a ello, incluida la opción de comenzar un proceso de residenciamiento o impeachment contra Trump. El residenciamiento es, en términos sencillos, un juicio político. En esa cancha, la política, Trump sufrió un duro golpe con el informe.

Pero desde el punto de vista estrictamente legal, los abogados de Trump —con un cliente volátil y errático— lograron convencerlo de que no hablara en persona con el equipo investigativo encabezado por el fiscal especial Robert Mueller. Trump quería hablar con los fiscales, según múltiples informes de prensa. Los abogados tuvieron la difícil pero frecuente tarea de convencer a su cliente de que no actuara en contra de sus propios intereses; es decir, convencieron a Trump de que se callara la boca.

Esa decisión —evitar hablar con los fiscales especiales— es la que permitió que Trump saliera airoso, legalmente, de esta investigación que ha durado años.

Muchos han cuestionado la sabiduría de Trump —o de cualquiera— de permanecer callado ante las preguntas legítimas que podría tener el Gobierno. La frase popular dice que el que no tiene hechas no tiene sospechas. Esa frase popular es, sin embargo, un disparate legal.

Si Trump hablaba con los fiscales de Mueller —profesionales legales de primer orden adiestrados para interrogar eficazmente— muy probablemente se habría expuesto a los crímenes de perjurio o de mentirles a oficiales federales. Quizás se confundía, quizás exageraba, quizás minimizaba o quizás mentía descaradamente. Pero, en cualquiera de esos potenciales escenarios, el presidente se exponía criminalmente. Al contestar sus preguntas solo por escrito, Trump pudo responder de manera cuidadosa y guiado por el lenguaje legal de su equipo de abogados. No se expuso a las preguntas de seguimiento de los fiscales. No se expuso a ser malinterpretado. No se expuso a meter la pata hablando bajo juramento.

Los fiscales le pidieron en incontables ocasiones al equipo de Trump que le permitieran entrevistarlo. La contestación del equipo de Trump fue igual una y otra vez: no. El fiscal especial tenía la opción de obligar a Trump a sentarse a declarar mediante un subpoena. Pero anticipó que ese asunto sería litigado por un extenso periodo de tiempo en las cortes federales y optó por no procurar esa vía legal.

Aconsejarle a un cliente que permanezca callado no es un truco legal de abogados, ni tampoco es un llamado “tecnicismo”. Es, por el contrario, un derecho consignado en las constituciones de Estados Unidos y Puerto Rico. Además, cualquiera que haya visto una serie detectivesca sabe que, usualmente, le dicen al arrestado que tiene derecho a un abogado y a permanecer callado porque todo lo que diga podrá ser usado en su contra. Si el no exponerse a hablar con las autoridades es un derecho suficientemente bueno para el presidente de Estados Unidos, también debe serlo para cualquier ciudadano de a pie que se vea involucrado en una investigación de naturaleza criminal.

Trump actuó de una manera que, a mi juicio, no lo hace merecedor de su puesto. Deberá rendir cuentas políticas, incluso, quizás, a través de un posible residenciamiento como claman algunos demócratas. Pero, guiado por sus abogados, logró que el resultado de la investigación de Mueller permaneciera exclusivamente en la cancha política y no llegara a la arena legal. Todo gracias a que, cuando realmente importaba, ejerció su derecho constitucional a guardar silencio.

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