Los penepés antiamericanos

Jerohim Ortiz Menchaca opina que los anexionistas en Puerto Rico no han luchado por la estadidad como otros "americanos". Lee su columna

Por Jerohim Ortiz Menchaca

El gobierno de Ricardo Rosselló y de hecho, todos los gobiernos del Partido Nuevo Progresista, han sido claramente antiamericanos.

Así es, a pesar de que ayer el gobernador otorgó el día libre en todo el gobierno en aras de celebrar la ciudadanía estadounidense —que sería el término correcto— en el fondo siempre han vivido perdidos con relación a lo que ello significa y conlleva.

Para muestra, un botón basta. La misma semana que el gobierno de Puerto Rico anunció que celebraría por primera vez el Día de la Ciudadanía, el Tesoro de Estados Unidos anunció que recortaría un 56 % el préstamo que aprobó el Congreso a regañadientes para que sus "ciudadanos" en Puerto Rico pudieran recuperarse de la catástrofe dejada por los huracanes Irma y María.

El anuncio no provocó la reacción que uno hubiese esperado de un "americano".

Porque por menos que eso los integrantes del Boston Tea Party boicotearon los cargamentos de té provenientes de Inglaterra y los lanzaron al mar. George Washington incendió a Nueva York completo para lograr dar un giro a la desastrosa guerra de independencia que iban perdiendo los colonos.

Ante este tipo de afrentas, Marry Harris “Mother” Jones organizó durante décadas a trabajadoras y a niños para que marcharan contra los abusos laborales inhumanos que cometían los dueños de minas y fábricas.

Ante el discrimen incesante —que todavía hoy persiste y se recrudece— Rosa Parks se negó a cederle su asiento a un blanco y Martin Luther King marchó pacíficamente.

Mientras tanto, los Black Panthers combatían el mismo mal a punta de rifles y abrían clínicas de salud para los pobres y ofrecían una comida gratis al día para los niños negros que iban a las escuelas en decenas de ciudadanos de ese país.

Ejemplos de estadounidenses que se levantaron con distintos mecanismos de lucha para reivindicar la vida de los ciudadanos de su nación o de las comunidades que han sido históricamente marginadas en ella hay de más.

Pero las acciones del PNP y sus líderes tienen que llevarnos a la conclusión de que su fin no es alcanzar la reivindicación de los puertorriqueños a través de la estadidad, sino hacerse del botín que representa ganar las elecciones para disfrutar del banquete total.

Y antes que los fotutos enfermos brinquen: de esto han pecado los dos partidos que han gobernado el país.

Si usted, amigo(a) estadista no me cree pregúntese: ¿Por qué, a casi un año del plebiscito de estatus, el gobierno no ha podido certificar oficialmente sus resultados? ¿Por qué la comisionada Jenniffer González no ha radicado su proyecto de estadidad? ¿Dónde está y qué hace la Comisión de la Igualdad? ¿Dónde esta la crisis que iban a crear?

Los dos han sido secuestrados por claques corruptas e ineptas que nos trajeron hasta aquí al tiempo que se enriquecían a nuestra cuenta. Por eso las estructuras de ambos partidos no luchan contra el coloniaje, lo promueven. Lo defienden, lo protegen.

La estamos esperando.

De alguna forma hay que comenzar a movernos como país. Y la realidad es que Puerto Rico necesita un plan de reconstrucción que, inevitablemente, tiene que pasar por la solución final del estatus político de la Isla.

El problema es que la administración Rosselló ni emplea mecanismos de lucha "americanos" para lograr la estadidad ni se ha ganado la confianza de su establishment.

Todos sabemos que otorgar un contrato multimillonario fraudulento a una compañía inexperta de electricidad, cuyo trabajo chapucero provoca que la mitad del país vuelva a quedarse sin luz, no son asuntos que generen mucha confianza.

Si no fuera por estos escándalos continuos Puerto Rico tendría una ventaja política y moral para llevar exigencias y reclamos de toda índole.

Porque Estados Unidos no es el mejor ejemplo de pulcritud en la administración pública. Allá han tenido que renunciar presidentes, a uno le fue otorgada la presidencia por el Tribunal Supremo y el actual está siendo investigado por traición y acusaciones de acoso sexual.

Las circunstancias en las que se le impuso a los puertorriqueños esa ciudadania es símbolo de lo que ha sido una constante en esta relación colonial entre Estados Unidos y nosotros. Es símbolo de un país que siempre ha decidido sobre nuestras vidas aún por encima de nuestras voluntades y mejores intereses. De hecho, fue rechazada en 1917 por la Cámara de Delegados de Puerto Rico de forma unánime precisamente por esto.

Eso sin hablar del discrimen y los abusos a los que Estados Unidos ha realizado contra nosotros durante casi 120 años que han ido desde masacres, experimentación genética, persecuciones políticas, darnos las migajas del presupuesto y negarnos todo tipo de instrumento de desarrollo económico.

Ayer no había nada que celebrar.

Si usted, amigo estadista quiere ser "americano", si quiere adelantar la causa de la descolonización final, comience por exigir a sus líderes que limpien la casa para generar capital moral.

Luego, luche por su ideal. Sin miedo a la respuesta que desde allá puedan darle. Escoja usted el mecanismo que desee. Ahí tiene desde George Washington hasta Mother Jones o Martin Luther King. Pero arrodillados, corruptos y rogando por migajas así no se puede pedir la estadidad. Porque no hay nada más antiamericano que eso.

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