Carta para Gabriel García Márquez: Beatriz, Coelho y el otro Macondo

El desliz de la Primera Dama y la negación de abrir las escuelas hábiles demuestra se relaciona con aquel Macondo del Gabo. Lee la columna de Jerohim Ortiz Menchaca

Carta para Gabriel García Márquez: Beatriz, Coelho y el otro Macondo

Querido Gabo:

Antes que todo quisiera que supieras que somos muchos los puertorriqueños(as) que nos sentimos avergonzados de que la Primera Dama de Puerto Rico haya confundido tu obra literaria con la de Paulo Coelho.

Como decimos acá, eso nos pareció un papelón. Una muestra de ignorancia digna de causar rubor. Quizás fue un desliz lingüístico y literario difícil de perdonar.

En fin, no tengo que explicarte tanto. Creo que conoces bien cómo se bate el cobre aquí. Vivo convencido de que cuando imaginabas a Macondo te inspiraste en nuestro amado Puerto Rico.

A decir verdad, temo que es posible que el desliz de Beatriz Areizaga García (Rosselló) no sea más que la muestra de un mal que abarca a buena parte de nuestro país.

Y es que una porción sustancial sufre de un analfabetismo funcional que es evidente a través de las redes sociales. Demasiados no podrían contestar quiénes fueron para nosotros Luis Muñoz Marín, Luis A. Ferré o don Pedro Albizu Campos.

Los nombres de Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa o el mismo Eduardo Lalo no resuenan en sus oídos. Para muchos boricuas Luis Llorens Torres, Nemesio Canales o Lola Rodriguez de Tió son solamente residenciales públicos o escuelas.

Hace tiempo que nuestro aparato educativo sufre deficiencias abrumadoras que van desde la corrupción rampante, la desmoralización continua de nuestro magisterio, hasta un sistema pedagógico que no es pertinente a las realidades de precariedad continua a las que son sometidos la mayoría de nuestros niños.

Este archipiélago querido Gabo, que contrario a la aspiración de tu mítico pueblo sí esta rodeado por mares y océanos, sufre los mismos vejámenes que el entrañable Macondo.

A la usanza del coronel Aureliano Buendía, descubrimos que la tara de la corrupción es de tal magnitud en este país que la secretaria de Educación ha mantenido cientos de escuelas cerradas estando listas para reabrir esperando porque la compañía que dirige la hija del vicepresidente del Senado vaya a inspeccionarlas junto al Cuerpo de Ingenieros, que ya ha explicado que no da abasto.

Descubrimos que el hecho de que solo el 14% de nuestras escuelas están ofreciendo el pan de la enseñanza se debe a otro contrato maloliente y a una burocracia e ineptitud que ahoga y mata literalmente.

Mira si lo que te digo es cierto que, a casi dos meses de que nos azotara la azarosa María, todavía no conocemos la cifra oficial de muertos que nos dejó el siniestro. Y es que nos faltan 911 cuerpos que mandaron a cremar sin autopsias  y sin que hayan mostrado certificados que demuestren qué causó su deceso.

Y nadie culpa al gobierno de las muertes, sino de que pretendan que —así como la masacre de Macondo— creamos la versión oficial de que todos murieron por causas naturales no asociadas al huracán. Desde luego, sospechamos que, si nuestra gente no consiguió el tanque de oxígeno que necesitaba, no se pudo dializar en una semana o no tenían acceso a su insulina es muy natural que perecieran.

En este país sentimos que hemos vivido 45 días de soledad. No obstante, esperamos que nos acrediten los más de 500 años que llevamos sufriendo los padecimientos de tu icónico poblado. Y es que ya estamos cansados, extenuados.

Contrario a Macondo, acá lo que nos salva es la esperanza que nos da ver a tanta gente solidaria, empática y fraterna que, en medio de esta oscuridad aterradora, irradian luz con sus pequeñas acciones desinteresadas que solo buscan aliviar el dolor y mitigar los pesares.

Y esa, querido Gabo, es la gran diferencia entre nosotros y tu Macondo.

Pd: No te angusties por nuestra Primera Dama, descansa en paz.