Las fotitos del back to school

Lea la opinión de Dennise Pérez

Las fotitos del back to school

Los niños de hoy día deberían dar gracias a Dios porque estos tiempos en los que vivimos les permitirán guardar los mejores recuerdos de la infancia que se hayan podido tener jamás.

La inmediatez que nos permite la tecnología es tremenda y permite perpetuar los momentos de alegría —la natural y la forzada— con mucha facilidad. Yo recuerdo que, cuando era chiquita, mami prácticamente tenía que planificar y calcular esos momentos de felicidad. Es decir, si había inicio de clases, allá ella iba y preparaba su cámara, le cambiaba las baterías y le ponía el flash aquel, más la torre aquella que era como plástica, que tenía como cuadritos. No sé si era foto o flash; no recuerdo. Un proceso del caramba si se tiene en cuenta que tenía tres hijas, un marido y ella. Encima había que buscar un vecino que tomara la foto porque el selfie era acrobacia.

Así fuimos a la escuela, empezamos en ballet (nótese el énfasis en la palabra empezamos, porque claramente fue un conato de descubrimiento de vocación que duró tres sábados), hicimos la Primera Comunión, fuimos al primer concierto, usamos nuestro primer lipstick con permiso… Todas con la camarita de mami o con la camarita que yo compré con unos chavitos que me gané y era tan tonta que sacaba dos fotos de cada cosa por si se dañaba la primera, terminando el rollo con tomar quizás cinco fotos. Feas, malísimas.

Al final, haciendo un quick scan cerebral, no tengo fotos mías de inicio de clases. Ninguna.  Yo sé cómo lucía a esa edad por las fotos que me tomaban en el año escolar, pero no tengo una foto de mami y papi así como con cara de “WOHOOOOO! ¡Miren quién empezó quinto!”, mientras alguien cargaba mi lonchera y mami aguantaba las lágrimas como diciendo: “Ya no tengo bebé”. No way. No existe. Esas son cosas de ahora porque el celular tiene cámara high definition y no hay que planificar ni quién toma la foto porque existe el selfie y, si usted resulta que es malo en el arte del selfie, ¡existe el selfie stick!

Ojo, que mis hermanas y yo éramos buen material para fotos de back to school porque estábamos todos los años verdaderamente felices de empezar el año escolar. Era nuestro cable a tierra. Muy contrario, por ejemplo, a mi hijo y a mi sobrino. La cara de mi hijo es como que “ajá, empiezan las clases. ¿Y qué culpa tengo yo?”. Está chavao porque es mi único hijo. Soy #PrimerizaYQué y para mí todo año marca un hito, aunque gaste dos días previos elucubrando sobre cómo tomarle la foto del back to school sin que ponga cara de que lo llevo a la horca.

El día en que empezó las clases, para no sentirme que le mentía a la humanidad, puse su foto pelao de la risa en las redes, pero haciendo la salvedad de que su cara no respondía a su felicidad por el back to school, sino porque a sus 11 años tiene un issue de pavera precoz, que lo ataca a cualquier hora, no importa la prisa ni las condiciones del tiempo ni las advertencias del tráfico (ni las mías ni las de su padre).

No estoy sola en este mundo por lo que veo. Antier leí en las redes el estatus de una colega —a quien no conozco personalmente, pero a quien sigo porque la aprecio y porque tiene una familia hermosa— que decía que, contrario a la mayoría de sus amigos en Facebook, cuyos hijos parecían amar el regreso a clases, los suyos nacarile del oriente. Y eso me hizo pensar. ¡Es cierto! Quizás prácticamente la mayoría de los padres vivimos una gran fantasía. Comprensiblemente, aunque no choque con su interés de aprender, esos niños prefieren dormir hasta el mediodía y no hacer tareas, pero los padres necesitamos, como dirían en términos psicológicos, proyectarnos.

Es una proyección positiva, sin embargo. Estamos tan embarraos con la cotidianidad, nuestra o ajena, que de todo hacemos un party y vemos en nuestros hijos una genuina esperanza.

Ojalá que este año escolar sea uno memorable para todos los estudiantes; que aprendan mucho; que tengan en su familia o encargados unas buenas guías; que el sistema con ansias de renovación halle la fórmula; y que el año próximo no se me haya borrado la memoria del celular porque no he enviado a imprimir ninguna de las miles de fotos de esta #PrimerizaYQué.