La Perla y sus colores

Lea la opinión de Mariliana Torres

La Perla y sus colores

En las últimas décadas nos hemos acostumbrado a leer noticias negativas: que si no hay dinero, la corrupción de políticos, despidos, sobornos, crímenes y matanzas. Es como si la sociedad esperara ese tipo de historia en cada ocasión que puede acceder a un medio de comunicación.

De seguro que la sociedad agradecería un respiro en medio de la vorágine que se vive a diario. Pero también la sociedad del consumo reclama noticias melodramáticas que hacen perder de vista los criterios importantes de la vida y que, por ende, pueden acercarnos a la verdad. Este fin de semana fue distinto.

Por fin una buena noticia copó los titulares: La Perla Pinta su Futuro.

Ese es el nombre del proyecto que rehabilita el sector olvidado al borde del precipicio en la entrada del Viejo San Juan. Caminar por la zona que desde siempre se ha dicho es peligrosa nos lleva a pensar hacia dónde va su gente.

Se dejaron los estigmas que han golpeado a todos los residentes de La Perla para renacer con la buena noticia de que decenas de jóvenes, en su mayoría residentes del lugar, junto con colaboradores y compañías, decidieron rehabilitar con color las viviendas. Colores brillantes que no borran las penurias que han pasado los que habitaron una vez esas casas, pero sí les ofrecen un baño de innovación.

Es un proyecto genial que sin duda llamó la atención de la prensa, pero le recuerdo que merece seguimiento. No debe ser de esas noticias que se engavetan. Entre el amarillo resplandeciente, verde chatre, azul turquesa y rosa brillante hay decenas de personas viviendo que por décadas han reclamado mejor calidad de vida.

A La Perla he ido en varias ocasiones. Hay que conocer sus calles, su historia y su gente. Dejar a un lado el estigma que le impone la sociedad para escuchar a las personas. La primera vez que fui era para informar sobre lo que todo el mundo publica de la dichosa redada.

Además de tomar notas y entrevistas necesarias para conformar el reportaje, me dediqué a hablar con el que te susurra al oído: “Aquí hay gente buena. Vengan otro día para que puedan ver lo que realmente es este lugar”. Le tomé la palabra. Y un día de esos que te dejan hacer las historias que tú quieres (casi esto no ocurre) bajé nuevamente. Entonces, ese día conocí a una estudiante norteamericana de la Universidad de Puerto Rico que por una renta baja vivía al lado del mar porque le encantaba el deporte de la tabla.

Conocí declamadores, jugadores de dominó muy elocuentes, niños que deseaban estudiar y también ser deportistas, amas de casa, padres de familias muy responsables y trabajadores. La historia que más me caló fue cuando la barriada se levantó indignada por el arresto de un joven trabajador.

Afortunadamente, Jonathan Román Rivera fue liberado luego de que se probara que fue confundido. Pero pasó por el momento más horrible de su vida cuando le radicaron cargos por asesinar al empresario canadiense Adam Joel Anhang. Doce años más tarde, las autoridades federales enjuiciarán a la viuda del empresario, quien presuntamente ordenó su ejecución.

Esos episodios de la noticia cubierta fueron duros por la indignación una vez más a una población señalada. Este pasado fin de semana, cuando me adentré nuevamente entre los pasillos estrechos de la barriada a través de las noticias publicadas, entendí cuán difícil es cambiar la percepción de la gente. Los que intentan transformar La Perla lo hacen genuinamente y profundizan en la gestión social que tanta falta hace en el país.

Los ciudadanos no deberían interpretar las informaciones negativas de los pasado años solo como malas noticias. Conocer que estaba pasando ofrece una perspectiva real de la veracidad de la noticia. Rehabilitar el lugar es una buena noticia y darle a conocer alumbra respuestas. No se trata de la lata de pintura, sino de la revolución que ocasiona el proyecto. Cuando te encuentras con jóvenes que dicen con orgullo: “Aquí somos gente y les estamos dando a nuestras casas un toque urbano”. 

Vayamos “despacito”, porque desde sus murallas Luis Fonsi les ofreció proyección mundial.