Presupuesto y quiebra colonial

Representantes de tres sectores ideológicos ofrecen semanalmente a Metro sus puntos de vista sobre el quehacer político en la isla.

Presupuesto y quiebra colonial

Por: Denis Márquez 

El actual Gobierno está sometido a la Junta de Control Fiscal. Toda la legislación aprobada patentiza la sumisión absoluta con esa criatura federal permisible bajo el ELA colonial. Ahora, con la presentación del presupuesto a la Junta, pero en penumbra y de espaldas al pueblo, la actual administración no solo se condecora a sí misma como el mayordomo de los intereses de la metrópolis, sino que, además, le abroga a la Cámara de Representantes su función constitucional de revisar y pasar juicio sobre el mismo. Anticipo que, más allá de enmiendas cosméticas al presupuesto, el mismo cumplirá con las expectativas e imposiciones de la Junta, lo que representará un mayor agravio y privación de servicios para los que ya lo han sacrificado todo: trabajadores, estudiantes, jefas de familia, pensionados.

La quiebra anunciada está claramente diseñada para que los que cobren sean los grandes bonistas del Gobierno y corporaciones públicas. El presupuesto, los ingresos del país, las propiedades del Gobierno, los convenios colectivos y las deudas con contratistas estarán todos sometidos al control y al arbitrio de la corte federal. Advierto que la “reorganización” de las finanzas no redundará en ninguna sustentabilidad fiscal para el Gobierno mientras persista en Puerto Rico el actual modelo de inferioridad política que es el ELA y cuya quiebra formalizada ejemplifica su naturaleza inservible causante de la crisis económica y social actual. Es importante puntualizar que la facultad de someter el plan de ajuste de deudas recae exclusivamente sobre la Junta, quien puede modificar el plan en cualquier momento antes de ser confirmado por el Tribunal federal, donde la propia Junta actuará como “representante” del Gobierno de Puerto Rico y las instrumentalidades que cubra. El nuevo poder colonial recaerá sobre un juez federal y posiblemente un síndico. Antes decíamos que la Junta era el retrato burdo de la colonia. Ahora es lo más patético junto a un gobierno que ha optado por el servilismo fiel al amo que lo atropella sin gallardía para enfrentarlo. Pero el agravio no termina ahí. Debido a la magnitud, complejidad, cantidad de acreedores y el volumen de documentos del caso, este proceso de quiebra posiblemente costará al arruinado ELA y a sus instrumentalidades decenas de millones de dólares.

El efecto de la quiebra, resultado del sistema colonial y las incompetentes e ineptas administraciones rojas y azules, redundará en la agudización de la pobreza, la eliminación de servicios esenciales, como la educación y la salud, mayores recortes a los pensionados, el debilitamiento del sector cooperativista, por mencionar varios ejemplos. Representa, además, la intensificación y el recrudecimiento de la emigración, ese éxodo de puertorriqueños que en su inmensa mayoría están en su etapa más productiva y en capacidad de aportar al país.

Con la determinación de acogerse a la quiebra, el Gobierno consigna su admisión de haber manipulado la verdad durante la pasada campaña, que aseguraba vehementemente que la deuda podía pagarse y que pactarían acuerdos con los acreedores. Se evidencia también la inutilidad de dicha estrategia versus la de mi partido de cero colaboración y confrontación política con la Junta como mecanismo político que obligue al Gobierno americano a atender el asunto de subordinación política más allá de seguir dando respiración artificial —como el Título III en sí mismo— a una colonia que nunca ha servido a los intereses de los puertorriqueños.