Cuando regrese el color...

Lea la columna de opinión de Rafael Lenín López.

Por Rafael Lenín López

Puerto Rico ha dormido poco y está a flor de piel la emoción por el desempeño de los nuestros en el Clásico Mundial de Béisbol. Han sido semanas de nervios y de alegría, en medio de tanta noticia que genera desasosiego.

Los puertorriqueños han manifestado la unión y apoyo al equipo de muchas formas, siendo la principal, muchos, tiñéndose o decolorándose el cabello hasta quedar amarillo, como lo han hecho los miembros del equipo nacional.  El gesto no ha tenido un mensaje racional claro, más allá de asociarse con el color de la medalla que se añoraba desde el principio.  El #teamsubio se convirtió en la moda del momento, en un frenesí. El tinte se acabó; los salones de belleza se llenaron; hubo presión para los que no lo hicieron. Ha sido una manifestación simpática, que ha supuesto un respiro en medio de la crisis y una muestra particular a nuestro patriotismo.

Ahora, sin ser aguafiestas, ya que nos quedan varios días de celebración ante la llegada de los peloteros con un recibimiento como solo Puerto Rico sabe hacerlo. ¿Cuál es el plan cuando regrese el color?  Parecería una pregunta liviana, pero no. Mi planteamiento va más allá de lo que le ocurra a cada cual con su pelo en el camino para recobrar su vieja apariencia.

Con el cuestionamiento tampoco pretendo señalar que la pasión beisbolera y la fiebre rubia deba desembocar en un proyecto nacional sobre asunto particular alguno. Mi preocupación es que episodios de conmoción como este terminan siendo absolutamente inconsecuentes hasta en el tema del deporte. Ni hablar del asunto político a menos de tres meses del plebiscito. Todos lo sabemos. Sin embargo, insistimos en mirar estos momentos con alguna esperanza. Lo único que demuestra todo esto es que cargamos con un patriotismo liviano que solo exponemos con frecuencia cuando los temas tienen que ver con el deporte y la cultura popular.  Para otros asuntos, ese patriotismo o solidaridad está ausente. Tanto así que hoy día nos gobierna una junta impuesta por Washignton y ni un minicampamento de protesta frente a la corte federal sobrevivió por mucho tiempo.  En menos de tres meses habrá una consulta de estatus y la ley de probabilidades dice que la estadidad tiene todas las de ganar ante un menguado movimiento soberanista y una indefinición persistente en el partido de centro.

Cuando regrese el color y, por lo que se escucha desde las esferas deportivas, parece que tampoco ocurrirá una mirada en ese terreno, aprovechando la coyuntura.

Ya lo he dicho antes en medio de episodios similares y advirtiendo que se trata de un entrometimiento mío, por no ser el campo que trabajo en el periodismo.  He dicho antes que, desde mi perspectiva, Puerto Rico no tiene un proyecto nacional deportivo.  ¿Quién está buscando a los Yadier de los próximos clásicos?   ¿Lo está haciendo el programa de educación física en las escuelas? ¿El Departamento de Recreación y Deportes (DRD)? Me temo que no. Mi experiencia como papá es que el esfuerzo para el desarrollo de atletas ocurre de manera desarticulada, donde los protagonistas son los cientos de clubes privados y escuelas especializadas que existen en la isla en distintas disciplinas deportivas, mientras que el Gobierno, a través del DRD, es la gran ATH para auspiciarlos.  Los programas de educación física son inexistentes en ese esquema de prioridades y al final todo depende de la capacidad económica de cada familia o del buen auspiciador que se consiga. Para eso solo basta una mirada por encimita a a las historias de Culson, Puig y otros que nos han dado “gloria” recientemente. 

Cuando regrese el color, tampoco se pueden olvidar de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico para hacerle los ajustes necesarios que viabilicen una empatía similar. O, por el contrario, poner todos los huevos en la canasta de la Doble A.

Nos hemos decolorado el cabello para despojarnos un rato de la realidad. Cuando regresemos a ella, #LosNuestros son los estudiantes, nuestros hijos, nuestros empresarios, nuestros obreros, todos. Si volvemos a las tribus, como la historia nos anticipa, pues todo se reducirá a un “momento” que Facebook nos recordará dentro de unos años.

Que quede al menos algún destello de esta solidaridad para atender otros asuntos.

De paso, ¡bienvenidos peloteros y felicidades por hacernos celebrar tanto!

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