Ciudadanía Americana: El carimbo colonial

Lea la columna de opinión de Denis Márquez.

Ciudadanía Americana: El carimbo colonial

Por: Denis Márquez

Representante del PIP

En el día de ayer, la Legislatura celebró una sesión especial para conmemorar los cien años  del “carimbo” puertorriqueño, la ciudadanía americana, impuesta a los puertorriqueños como parte de los intereses geopolíticos, económicos y militares del Gobierno de los Estados Unidos. Puerto Rico representaba, para principios del siglo XX, un centro en el Caribe desde el cual los norteamericanos vieron la oportunidad de adelantar sus intereses expansionistas.

La ciudadanía americana no fue otorgada como parte de un reclamo del pueblo puertorriqueño, fue impuesta con el propósito imperial de controlar y tratar de perpetuar el colonialismo en el país, para preservar el territorio no incorporado.

Previo a la imposición de la ciudadanía, el único cuerpo político legislativo existente para esa época compuesto por puertorriqueños, era la Cámara de Delegados que, de forma unánime, aprobó una resolución para rechazar la imposición de la ciudadanía.

Como parte de sus agendas políticas, los gobiernos coloniales han utilizado la ciudadanía como un principio demagógico de sumisión colonial, tratando de hacer creer que la misma es una especie de varita mágica que todo lo resuelve y que todo lo permite. Es importante señalar que la existencia de esa ciudadanía y control colonial le ha permitido al Gobierno de los Estados Unidos saquear al país, permitiendo por décadas la salida constante de ganancias millonarias por parte de sus empresas. Ha tenido como resultado, además, la muerte de más de mil jóvenes puertorriqueños en sus guerras. La invocación mesiánica de esa ciudadanía ha alimentado la mentalidad colonial, minando la autoestima y el deseo de transformación política en diversos sectores de la sociedad que siguen anclados y aferrados a un sistema político inferior, como es el ELA, y a una aspiración ilusoria como la estadidad. Esa ciudadanía es el sello de control del Gobierno norteamericano. En nombre de ella se ha perseguido y reprimido al independentismo, utilizando al Tribunal federal como el instrumento principal: la persecución.

Ayer celebraron en el hemiciclo los que creen en la unión permanente con un gobierno de inmensas políticas xenofóbicas y de desprecio al inmigrante, los mismos legisladores que no han expresado oposición a las constantes medidas, órdenes y leyes que perjudican a todo un país sometido y colonizado.

En ese mismo hemiciclo donde celebran y cantan,  también aprueban, con nuestra constante objeción, todo lo que el más reciente símbolo de esa ciudadanía —la Junta de Control Fiscal— ordena, proyectos de ley que arrancan derechos a la gente y los empobrece.

No es tiempo de celebrar, sino de cuestionar los cien años de un cambio jurídico que ha provocado desasosiego, subordinación, pesimismo y resistencia a la trasformación. Se acercan nuevos tiempos. El próximo 11 de junio comenzará a deslindarse el camino del cambio; comenzará la definición entre aquellos que buscarán integrarse con quienes no los quieren y los que aspiramos a nuevos rumbos, los que reafirmamos la nacionalidad puertorriqueña, los que aspiramos a la soberanía, los que creemos en nuevas ciudadanías, en la de los puertorriqueños, para integrarnos al inmenso círculo de países libres y prósperos.