Fuete a la prensa

Lea la columna de opinión Alex Delgado.

Fuete a la prensa

“La Casa Blanca prohíbe la entrada de varios medios a conferencia de prensa”, “Venezuela saca del aire a CNN en español”, “Universitarios intentan coartar la prensa” han sido los titulares recientes.

Estas noticias, curiosamente, tienen algo en común y es que los protagonistas, a mi juicio, son los extremos: la extrema derecha y la extrema izquierda. Usted escucha, lee y ve a los de izquierda denunciar a los de derecha cuando quieren controlar lo que publican los medios de comunicación mediante castigo y a los de derecha hacer lo mismo con los de la izquierda en circunstancias similares. Cuando un Donald Trump ataca a la prensa, los de derecha aplauden, pero critican a Nicolás Maduro por lo mismo. Así ocurre a la inversa. Es parte de la hipocresía, inmadurez y chiquilladas de los extremistas de ambos lados.

El pasado 15 de febrero, el presidente Maduro ordenó la salida de CNN en español de territorio venezolano luego de que publicaran un reportaje en el que se denuncia  una presunta venta de pasaportes y visas venezolanas en la embajada del país suramericano en Irak, y que dichas visas y pasaportes podrían estar cayendo en manos de terroristas. En el reportaje se menciona al vicepresidente venezolano, cuya familia es de origen sirio-libanés,  Tareck El Aissami Maddah, como un posible involucrado. Días antes, el Gobierno norteamericano había impuesto sanciones a El Aissamu Maddah tras vincularlo con el narcotráfico, lo que puso histérico a Maduro.

Nueve días más tarde, la Casa Blanca prohibió la entrada a varios medios de comunicación que se aprestaban a cubrir la conferencia de prensa del portavoz del Gobierno, Sean Spicer, y entre esos medios estaba CNN. Trump, al igual que Maduro, ha atacado a esta cadena de noticias norteamericana, ya que entiende no le favorecen en la cobertrura mediática.

Lea las contradicciones tanto de Trump como del líder venezolano: Maduro deja entrever que CNN está confabulado con el Gobierno de Estados Unidos para afectar a su gobierno cuestionando a El Aissami Maddah. Sin embargo, es obvia la contradicción cuando el presidente estadounidense también ataca a CNN, al punto de ni dejarlo entrar a una conferencia de prensa, por lo que es poco creíble un trabajo en equipo de Trump y CNN. A preguntas de CNN sobre las noticias que relacionan a su gobierno con el de Rusia, Trump admite que la información filtrada es real y al mismo tiempo dice que la noticia que expone la filtración es falsa.

La censura contra el trabajo de la prensa no se limita a Estados Unidos y Venezuela. La semana pasada, los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, que paralizaron por 48 horas la educación en la academia como protesta por el recorte de 300 millones de dólares, siguiendo los pasos del comandante Maduro y Trump, decidieron no permitir a la prensa “de medios corporativos” entrar a los campus para cubrir las incidencias que sucedieran. La decisión no duró mucho ante la oleada de críticas, incluyendo de sectores de izquierda que los apoyan en sus luchas. Seamos honestos, desistieron eventualmente, pero fue por la avalancha de críticas, no porque crean necesariamente en el derecho a la libertad de prensa.

En la huelga del 2010, el pueblo pudo ver, por medio de la cobertura noticiosa de los “medios corporativos”, cómo estudiantes manifestantes dentro del campus agredieron a la entonces rectora Ana Guadalupe. Irónicamente, gritaban durante la huelga: “La fuerza bruta embrutece”. También vimos el salvajismo de los manifestantes lanzando bombas de humo en los interiores de los salones para obligar a salir a los que tomaban clases, esto sin importar si había estudiantes asmáticos o con enfermedades respiratorias. No obstante, si les tiran un gasesito lacrimógeno para dispersar, ahí se quejan de que puede haber personas enfermas. Es como “podemos jod… con el que no esté conmigo, pero la madre el que venga a jod… con nosotros”. Qué humildad, ¿no?

Si estos muchachitos usan “fuerza bruta” comenzando a vivir, imaginen cuando estén más grandecitos, digo, “la fuerza bruta embrutece”, ¿no?. En el 2010 esas imágenes violentas por parte de los estudiantes (habló solo de los salvajes), les resultó adverso ante la opinion pública. Desconozco si son cosas que se analizan a la hora de considerar coartar el derecho de la prensa a cubrir dentro del campus. Los medios estamos para cubrir lo que ocurre, los macanazos de la policía, pero también cuando les sirven comida de perro a la uniformada o cuando actúan violentamente contra rectores y estudiantes, que solo desean recibir su educación universitaria.

Finalmente, cada medio de comunicación dedicado a reportar noticias, sea corporativo o no, tiene perfecto derecho a establecer su línea editorial, a apoyar unas causas o desaprobarlas, es parte de la libertad de expresión y de prensa. Hay que respetar al que entiende que los medios y los reporteros no pueden opinar, asumir posiciones o reportar de “x” o “y” forma, pero se debe tener el mismo respeto al periodista o medio que informa a su manera. Hace unos días una amiga me daba una información sobre una protesta, para cubrirla, y me indica “no sé a quien favoreces”. Obviamente sabe mi opinión respecto al tema de las protestas, pero mi responsabilidad como director de medio no es cubrir un evento noticioso a base de si estoy deacuerdo o no, es cubrirlo, presentar las distintas vertientes de una información, la posición de unos y la de los otros. Es el ciudadano quien decide a quien escuchar, ver, leer y creer. Podrán darle a la prensa todo el fuete que deseen, pero ¿dependerá usted de las cuentas de redes sociales con verdaderos fake news o que no provocan respuestas a preguntas incisivas? Yo prefiero informarme de un periodista o medio dedicado a informar, que a una cuenta de un político o un grupo donde le venden la fantasía de que la verdad es solo lo que ellos publican, sin que nadie pueda cuestionarle, provocando una respuesta verdadera. Escucho, leo y veo distintas fuentes de información, analizo y llego a mis conclusiones. Esa es la responsabilidad de cada ciudadano, no de los medios, ni los periodistas.