Grito de libertad para Oscar

Lea la columna de Hiram Guadalupe.

Grito de libertad para Oscar

Hasta agosto de 2016, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había indultado a 567 personas, el número más alto de penas conmutadas que han sido otorgadas desde Casa Blanca durante el periodo que comprende el mandato de los últimos nueve presidentes estadounidenses.

Muchos de los presos perdonados por Obama habían sido convictos por crímenes no violentos; otros 197 tenían cadenas perpetuas, y 214 de estos habían sido encarcelados por delitos relacionados con drogas.

Sin embargo, ninguno de los indultados había recibido el apoyo que tiene la solicitud de excarcelación del puertorriqueño Oscar López Rivera, el preso político más antiguo del hemisferio, imputado de conspiración sediciosa por simplemente amar a su patria y luchar por su libertad.

Se trata de un reclamo contundente que ha hecho eco en diversas voces dentro y fuera de Puerto Rico, encabezado por representantes de sectores ideológicos y políticos diversos y con el amplio respaldo de grupos religiosos, organizaciones sociales de base comunitaria, gremios profesionales, movimientos estudiantiles, feministas, defensores de los derechos civiles y ciudadanos de a pie.

La liberación de Oscar es el clamor ciudadano que expresa la gente buena y humilde puertorriqueña y que también resuena en las voces de artistas, deportistas, científicos, médicos, abogados, ingenieros, periodistas, escritores, músicos, académicos, maestros, intelectuales, profesionales, trabajadores y sindicalistas.

Son voces que, zurcidas bajo un mismo fin, exigen una acción de justicia para un ser humano a quien nunca se le ha probado la comisión de ningún delito, mas, sin embargo, ha sido víctima de un confinamiento indigno.

Esta semana, el senador estadounidense independiente Bernie Sanders le envió una carta a Obama reiterando su solicitud para que otorgue un indulto incondicional e inmediato a Oscar, reafirmado que “hace mucho tiempo debió regresar a casa”.

“El señor López Rivera es un veterano de Vietnam y recipiente de la Estrella de Bronce. A pesar de que no fue convicto por cometer un acto violento, se enfrenta a una sentencia de 70 años de cárcel, 12 de los cuales ha cumplido en confinamiento solitario. […] Usted (Obama) ha ejercido el poder constitucional de clemencia a través de su presidencia con un ojo en sentencias que han sido injustamente desproporcionadas. López Rivera cumple con esas calificaciones y se merece su plena y justa consideración. Se le debe permitir regresar a Puerto Rico”, reza la misiva de Sanders.

Esta comunicación surgió luego de una sesión informativa en el Senado federal, organizada por Sanders, que significó un acto a favor de la excarcelación de Oscar. Para la ocasión, la exposición principal recayó en el famoso artista urbano René Pérez, conocido como Residente, quien estuvo acompañado de la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz; el congresista Luis Gutiérrez; Clarisa, la hija de López Rivera; José, su hermano, y Jan Susler, su abogada.

Trascendió que más de cien personas acudieron a la audiencia, destacándose un grupo de puertorriqueños que laboran en el Congreso y, desde Puerto Rico, los legisladores Luis Vega Ramos y Manuel Natal.

Días antes de este evento, Casa Blanca había confirmado el recibo de una petición de Internet en respaldo a la solicitud de clemencia ejecutiva a favor de Oscar que fue firmada por más de 100,000 personas en menos de un mes. Fue un apoyo contundente por la causa de excarcelación que, según dispone una orden ejecutiva presidencial, obliga al mandatario a responder la petición en un periodo de sesenta días.

La reacción de Obama sobre esta solicitud ha sido incierta desde el primer día de su incumbencia. Lleva años de ambigüedades al referirse a la excarcelación de Oscar, quien este próximo 6 de enero cumplirá 74 años de edad, de los que ha vivido más de 35 en cárceles estadounidenses.

Entretanto, la campaña por la libertad de Oscar no cesa. Su fuerza crece en estos días en que el reloj de la presidencia de Obama marca la cuenta regresiva de sus últimos días en el trono del poder imperial.

Oscar merece su libertad. Es un acto de justicia y derechos humanos.