Muertos en vida

Lea la columna de Lily García.

Muertos en vida

No hay más que observar y escuchar a la gente a nuestro alrededor para darnos cuenta de que son muchos los que, en vez de vivir, más bien sobreviven. Y entre estos están también los que, a pesar de estar respirando y realizando actividades propias de una persona viva, hace tiempo que emocionalmente se dejaron morir.

Tengo que admitir que ha habido algún momento en mi vida en el que me ha pasado por la mente que tal vez el sufrimiento es demasiado y sería mejor tirar la toalla y convertirme, como tantos otros, en un zombi emocional. Pero lo cierto es que tiendo a salir de esos estados bastante rápido, intentando conectarme y validar ese dolor que estoy sintiendo, y buscando conectarme con mi propósito y con gente y actividades que me devuelven la alegría.

Hace unas semanas me topé con un artículo que compartió alguien por Facebook acerca de una extraña terapia que se ha popularizado en Corea del Sur. Este servicio gratuito, ideado por un centro de sanación emocional con apoyo de una funeraria, lleva a personas a simular que están asistiendo a su propio funeral.

Luego de una explicación del proceso, los participantes son trasladados a un salón en una funeraria donde hay un féretro esperándolos. Primero se sientan a escribir a mano un testamento que sirve como catarsis para poder enfrentarse a la posibilidad de su muerte. Después, los participantes se acuestan dentro del féretro, que es cerrado por diez minutos. En el artículo se asegura que más de quince mil personas han pasado por el proceso, desde pacientes de enfermedades terminales con miedo a la muerte hasta personas deprimidas y con instintos suicidas. Aseguran que la experiencia los ayuda a soltar miedos y a amar más la vida.

No creo que este funeral extreme sea para todo el mundo. Lo que sí sería saludable es que todo el mundo reconociera que, mientras estemos aquí, tenemos todavía algo que hacer y que aprender. La vida puede ser maravillosa aun en medio del dolor si le damos la oportunidad y le abrimos las puertas. Inténtalo.