Entre el pavo y el coquito

Lea la columna de Héctor Millán.

Por Héctor Millán

Ya puedo oler el pavo y saborear el coquito que estamos a punto de disfrutar dentro de pocos días. Llamo esta semana como una de las semanas más importantes del año. Importante, pues nos desconectamos de lo no importante y regresamos a lo básico. Regresamos a la familia, al revolú de la cocina, al corre y corre de los niños jugando y corriendo por toda la casa. El espacio donde podemos ver el orgullo de los abuelos al observar cómo ha crecido la familia y certificar que tanto esfuerzo ha rendido fruto. Es la semana de dar gracias.

El espacio de reconocer que somos bendecidos, que cada abrazo, cada beso y cada disfrute de esta semana es lo que hace la vida completa. Entre el pavo y el coquito de la Navidad nos acercamos a una de las etapas más hermosas y disfrutadas de nuestro pueblo. ¡Qué mucho gozamos! ¡Qué mucho reímos! ¡Qué mucho bailamos! Y cuánto meditamos en lo que ha sido el año: lo bueno, lo difícil, lo grandioso, lo imposible y lo que falta. Pensar en lo bueno nos hace felices. Pensar en lo difícil nos hace suspirar. Cuando pensamos en lo grandioso, agradecemos a Dios y aun en lo imposible sabemos que, si estamos todavía aquí, tenemos oportunidad de hacer el resto de nuestra historia una digna de contar.

Gracias a las generaciones anteriores por su amor, dedicación, sus consejos. Por enseñarnos detalles simples como el respeto, la responsabilidad, lo digno del trabajo honrado y pedir la bendición. Gracias por el buen ejemplo y aun por los errores cometidos arropados con la mejor intención de hacernos hombres y mujeres de bien. Buscaremos la forma de honrarles y continuar haciendo el bien para mejorar esta bella isla que se arropa de gratitud esta próxima semana. De seguro, continuaremos en fiesta desde el pavo hasta el lechón.

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