El aprendiz

Lea la columna de Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

Al amanecer, muchos nos quedamos perplejos al conocer que el magnate republicano Donald Trump se convirtió en el presidente de Estados Unidos. ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué todos dimos por ganadora a la demócrata Hillary Clinton? De repente, todos querían rasgarse las vestiduras. ¿Acaso debió sorprendernos cuando fueron precisamente los medios de comunicación los que construyeron el monstruo mediático?

La cara de los presentadores en los noticiarios no tenían precio. Ninguno pudo disimular el desconcierto. Contra todo pronóstico, ganó el que realmente maneja a su antojo a la prensa con su carácter brabucón, narcisista, irrespetuoso y embriagado de poder. Trump, el hombre de negocios exitoso y acostumbrado a perder dinero y ganar el doble, sabía que con esa actitud novel tendría la urna ganada. Me parece que Hillary Clinton siempre lo supo, pero dio la batalla hasta el final quizá también embriagada del espectáculo de los medios que la daban por ganadora basados en el voto popular, convirtiendo la información en propaganda. Por un lado, iban los medios y, por el otro lado, los electores, que al final revelaron su verdadera preferencia.

Me parece que, en lugar de escribir novedosas noticias del resultado, el corre y corre estaba en las mesas editoriales, cuyos jefes comenzaron a escribir editoriales para explicar lo inexplicable y tratar de no perder credibilidad. ¿Por qué los espectadores y los votantes tienen que seguir la postura de los medios de comunicación? Los medios no deberían interferir en las decisiones del votante, pero sabemos que no es así. Y eso fue precisamente lo que hicieron los electores en Estados Unidos. A ellos no les importaron las miles de horas en horario estelar que le dedicaron los noticiarios a Trump inculcando por qué no podía ser presidente. Se sintieron libres de votar por quien, según ellos, representa la nación y los valores norteamericanos.

Con el tiempo veremos si el magnate de El aprendiz deja de serlo para encarnar al hombre de Estado con prudencia y diplomacia. Será interesante observar de cerca cómo se comportan los medios de comunicación en estos cuatro años de Trump. Debemos preguntarnos si cumplirán con su función social o provocarán nuevamente que la política se convierta en entretenimiento. Ya Trump ha revelado que es un maestro en las artes de la manipulación, tal como lo hizo con la periodista Megyn Kelly en uno de los debates televisados. Luego, hasta la invitó a fumar la pipa de la paz y le concedió una entrevista. Ella aceptó dejando ver claramente que los índices de audiencia son más importantes que lo que piensen los demás.

En el capítulo más reciente, Trump no permitió que la prensa lo acompañara en su avión privado de Nueva York a Washington D. C. cuando aceptó la visita de cortesía de los Obama. Ya en la Casa Blanca logró evitar que la prensa entrara al recorrido y, luego, despachó a los periodistas en una rueda de prensa sin ningún contexto periodístico importante. Nuevamente, los medios aguantaron el desplante. Mientras tanto, los espectadores lo siguen como si fuera una estrella de rock, ocasionando un despunte en los números de las encuestas, lo que se traduce en ganancia monetaria para una industria que ha perdido mucho dinero debido a la digitalización, la Internet y la competencia de información libre de costo en las redes sociales.

Si Trump genera dinero, también genera poder. La lucha por prevalecer en las encuestas ocasionó una cobertura desigual. Incluso, en las redes sociales los periodistas difundieron todos los comentarios narcisistas que publicaba Trump otorgándole el valor de noticia a lo que no era.

El actor de El aprendiz demostró que su liderazgo político esta amarrado a los medios de comunicación. No necesitaba exposición porque ya era conocido por los medios, pero sí le urgía consolidar su imagen del político diferente que desafiaba todas las reglas. Logró construir el personaje machista, bravucón y racista. Cuando ya todos se dieron cuenta de lo que habían formado, fue demasiado tarde… Amaneció con Trump.

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