Optimismo

Lea la columna de Mariliana Torres.

Por Mariliana Torres

Uno de los placeres del periodismo es que nunca sabes cómo empezará el día o cuándo terminará. Eso de preguntar qué cubrirás mañana no existe porque la agenda cambia cada segundo. Para los periodistas que tienen familia, es un problema por los horarios, pero, para los que solo tienen la responsabilidad laboral, es una aventura que no se detiene.

Definitivamente, la profesión no es para los que se dedican a planificar su vida por segundos.
Conversando con una periodista retirada, de la que me reservaré su nombre por amistad de la buena y porque aprendo cada día de ella, esta asegura que nunca se ha sentido retirada, pero sí atribulada. Reflexionábamos sobre la sabiduría de Carl Bernstein y Bob Woorward, sí aquellos periodistas de The Washington Post que nos siguen dando lecciones de periodismo investigativo con su Watergate. Entonces, le pregunté a qué se debía su frustración periodística en tiempos actuales. “Ya no es lo mismo que antes. Y me da mucha pena que los jóvenes periodistas no puedan vivir el verdadero placer del periodismo”. Sé muy bien a lo que se refiere y a mí también me atribula. La inmediatez se atraganta los fundamentos y los placeres del buen periodismo. Pero al mismo tiempo es un reto porque hacer historia con el periodismo actual es como lanzar piedras a la luna. Cuando empiezas la investigación, de repente te sorprende que los hallazgos ya están publicados en las redes sociales porque alguien los filtró. O cuando se promueve el espectáculo de la noticia y se citan fuentes no confiables. El daño que puede hacer un periodista sin fuentes al divulgar información falsa es inmedible. Esos males que entorpecen y dañan la profesión es lo que atribula a cualquiera que crea y defienda el periodismo. Se necesita adiestrar a periodistas más honestos, sagaces, cautelosos, sabios y, sobre todo, éticos. Si se logra, entonces esos jóvenes podrán disfrutar el honor de la profesión.

A mi entender, reflexionaba con mi amiga periodista, la vida de un periodista es más fácil y feliz si se tiene vocación y se es optimista. Se pueden tener las 24 horas más difíciles de cubierta; pero, si se observa desde el lado positivo, siempre se aprenderá algo. Así es más llevadero ganar las guerras de los gobiernos que te colocan piedras en el camino para evitar las coberturas y que, por lo tanto, tratan de impedir que el pueblo conozca la verdad. Ese es, en realidad, el verdadero fundamento del periodismo: buscar la verdad ante todo y contarla al mundo gústele o no. Como soy optimista, entiendo que, aunque ahora hay serios problemas de cobertura de contenido por la inmediatez, quizá podemos hacerle más difícil a los gobernantes sus malas costumbres de mentir. Es decir, ahora hay más periodistas que antes si contamos los medios digitales. Si todos hacen su trabajo y procuran ser incisivos, incluyendo los temas cotidianos, se les hará más difícil a los que mienten salirse con la suya. En estos tiempos, la prensa está más consciente de las mentiras, y eso es bueno porque procurarán divulgar la verdad sin miedo.

Son tiempos difíciles sin duda para el país. Si sales a la calle y le preguntas a cualquiera qué opina de la situación política y económica de Puerto Rico, contesta: “Es un desastre”. Por eso el periodismo acomete un rol indispensable en la divulgación de la verdad y el apoyo al ciudadano. Pero soy optimista por los periodistas y el periodismo porque, afortunadamente, siguen siendo instrumento para la transformación, la divulgación de la verdad y la aportación de ideas nuevas. Aunque pareciera que la superficialidad arropa y que los patronos lo aceptan, luchemos por incorporar tendencias que ayuden a liberar el contenido. Sostengo que estamos en los mejores tiempos para contar historias, porque podemos acceder a más información por Internet y corroborar datos, aunque los gobiernos nos pongan el pie para caernos. Aprovechemos eso.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo