Columna de Mariliana Torres: Sentencia equivocada

Por Mariliana Torres

La ignorancia natural de la edad se podía observar a través de su mirada que divagaba. Esa forma de mirar cuando se recibe la sentencia equivocada cala profudamente en el pensamiento del periodista que sabe observar y que responsablemente revisa y contrasta la prueba desfilada. Permitir y promover el ajusticiamiento público de un imputado en la prensa es un acto antiético.

Reflexiono sobre esta barbarie de la prensa amarillista o de los llamados pseudoperiodistas cuando observo las publicaciones sin fuentes de información corroboradas y emitiendo opiniones sin conocimiento. Como cuestión de hecho, pueden revisar casos judiciales, donde ese tipo de persona que falsamente se identifica como prensa incide de una manera negativa en el desarrollo de la investigación y el caso judicial. Ello es muy peligroso para el profesional serio y responsable porque ocasiona que el público asuma posturas indebidas.

El caso judicial de los llamados inocentes de Aguada podría constituir un ejemplo de lo que es manipulación de la información y publicidad excesiva. Cubrí el caso judicial que se celebró en Aguadilla para la década de 1990, cuando los tres hombres recibieron un veredicto de culpabilidad por el asesinato de Glorimar Pérez Santiago. Cuando se cubren temas judiciales, hay que entender la evidencia que se presenta y analizar todo antes de publicar, pues, de lo contrario, se comenten muchos errores. Nada más con escuchar bien lo que se dice en la sala y contrastar la prueba presentada se podía concluir, en este caso, que el factor racional no estaba presente. Todos los días pensaba en esos muchachos. Era injusto lo que estaban viviendo.

El caso del niño Lorenzo también se convirtió en un circo mediático muy peligroso para los implicados. Las actuaciones antiéticas de muchos con micrófono acosando a la madre tirada en el piso son vergonzosas. ¿A usted le gustaría que le hiceran lo mismo? ¡Claro que no! Por eso critico hasta la saciedad la cobertura que no respeta los derechos de las personas involucradas. No es justo para el imputado ni para las víctimas. Mucho menos lo es para el periodista que hace su labor dignamente.

Otro caso que mostró dudas en la cobertura y señales de discriminación fue el del joven Jonathan Román Rivera, acusado injustamente por la muerte del empresario canadiense Adam Anhang. El que cubrió el caso judicial y observaba bien a Román Rivera durante el proceso salía destruido. La evidencia no lo involucraba. Por el rostro del joven de La Perla bajaban miles de lágrimas en silencio y se podía percibir en la sala judicial que algo andaba mal ahí. Fue condenado a 105 años de cárcel. Afortunadamente, ocho meses más tarde, fue liberado tras confirmarse que él no tenía que ver con el asesinato del empresario. La viuda de la víctima ha sido acusada por el asesinato.

Se ha demostrado que la publicidad excesiva puede incidir en los derechos fundamentales del ser humano. Todo acusado tiene derecho a un juicio justo e imparcial. Ahora que los periodistas celebramos los pasos de avance (aunque falta) que ha dado la Administración de Tribunales de Puerto Rico permitiendo la transmisión de casos y acogiendo solicitudes de transparencia es fundamental ser ejemplo de lo que es salvaguardar la ética en la profesión. La evidencia “aparente” que se discute en los medios de comunicación dedicados al pseudoperiodismo no debe constituir prueba y mucho menos debe ser tomada en consideración por jurados para determinar inocencia o culpabilidad de imputados.
Es indispensable que la prensa y los que aspiran a convertirse en periodistas aprendan que la transparencia en los procesos judiciales ha sido una batalla luchada en favor de cada uno de los ciudadanos que defiende la democracia. Para ser justos, hay que empezar por respetar cada uno de los derechos de los ciudadanos que al fin y al cabo son los mismos de la prensa. No por ser prensa tenemos más derechos. La prensa no está para promover los juicios paralelos. Buscar la mejor cobertura de prensa sin importar a quién se lleven por el medio es caer en el amarillismo que desinforma. Publicar sin contrastar información es un error imperdonable que se convierte en asesinato de reputaciones y en sentencias equivocadas.

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