Columna de Rafael Lenín López: Mr. Pujols

La agitada reacción de un maestro de San Lorenzo ante un estudiante “contestón” ha acaparado la discusión pública en estos días.  El maestro, que no tenía record oficial por incidentes similares anteriores, ha sido suspendido de sus funciones en el salón de clases y reasignado a tareas administrativas de su región escolar, anunció el Departamento de Educación.

Hemos visto las reacciones en las redes sociales y en los medios masivos de comunicación. La mayoría de los comentarios han sido de apoyo al maestro Agustín Pujols, quien lleva 16 años en el sistema educativo del país. 

Si sacamos las “malas palabras” del camino, veamos lo que le dice el maestro al estudiante: “Usted viene aquí a aprender. No me diga a mí lo que tengo que hacer. Yo te digo aquí lo que tienes que hacer… Coge el libro y estudia. Eso es lo que tienes que hacer en la vida para que hagas algo”. Como dije en las redes, no me sentí avergonzado y hasta esperanza me provocó el suceso cuando vi el video.

Ciertamente, en una sociedad donde permea la violencia en todos los renglones, no se puede aplaudir o legitimar del todo ese tipo de comportamiento y menos por parte de un educador.  Sin embargo, el análisis de este caso tiene que ir más allá de los hashtags y las camisetas de apoyo.

Lamentablemente, eso no es lo que pasa generalmente con las discusiones de episodios como este, que son sexy para nosotros, los periodistas, y los medios. Nos quedamos en el #teammaestro y en el #yonomequito hasta que llegue el próximo issue atractivo.   

Afortunadamente, Metro fue más allá. Ayer, con la publicación de la noticia, este diario reveló que en lo que va de año escolar, en dos meses, casi un centenar de maestros se habían reportado ante el Fondo del Seguro del Estado por problemas emocionales. El año pasado fueron sobre 300.

En nuestras comunidades hay mucho deterioro y lo ignoramos. Luego, nos escandalizamos con incidentes como el de Mr. Pujols. 

Nuestros niños y jóvenes, en muchas comunidades sin distinción de clases sociales, se levantan y acuestan presenciando la ilegalidad y la violencia. Luego pretendemos que el maestro, en ocho horas con suerte, impartan una formación que elimine toda ese entorno social y la experiencia de vida con la que llega el estudiante al salón de clases. 

Ya lo he dicho antes. En las circunstancias en las que vivimos, los maestros y los trabajadores sociales deben ser las figuras más importantes en el país si queremos tener algo de esperanza dentro de una o dos décadas.  No basta con presentar planes fiscales a 10 años, pedir la 245A al Congreso o presentar propuestas cosméticas de estímulo económico si no tenemos una población educada en todos los aspectos y centrada en un propósito colectivo de éxito.  Ninguna promesa de campaña que tenemos ante nosotros, a casi tres semanas de las elecciones, le da la importancia que amerita este tema.  Todas las sociedades exitosas del mundo han salido de sus problemas concentrando sus recursos en la educación. Aquí no lo hacemos y no hay voluntad para ello.

Me intriga qué habrá pasado el martes en la noche, con el video publicado en todos lados, en la casa de ese adolescente “que sacó por el techo” a Mr. Pujols. ¿Hubo castigos o hubo celebración? El análisis está trunco hasta que no sepamos qué pasó allí.  Hubiese querido ser un testigo invisible en ese hogar para entender mejor lo ocurrido. Quisiera saber qué pasó en el salón antes y después del clip que salió al aire.

Preocupante fue también escuchar la reacción inmediata del Departamento de Educación anunciando el remedio sobre el maestro —que podría ser entendible—, pero sin anunciar acciones adicionales. ¿Qué pasó con el estudiante? ¿Qué trabajo se hizo en ese salón posterior a la controversia pública? ¿Fue el maestro sustituido o se fueron ayer los cinco grupos que atendía Mr. Pujols a la hora de la clase a la pizzería de la plaza pública de San Lorenzo? Esas preguntas, 24 horas después de publicado el video, no las pudo contestar ayer el secretario Rafael Román.

El país no necesita un asomo, tan siquiera mínimo, de violencia. Pero sí necesita que en el proceso formativo impere el respeto. También necesitamos a los maestros apoyados en todos los aspectos y una revolución social que atienda el deterioro que observamos en muchas comunidades.  Lo demás lo hará la Junta, así que los políticos electos en noviembre tendrán tiempo para esto. Aprovechen las vacaciones y hagan de sus salarios una buena inversión del país. Adelante.